Autor: Reflexiones socialistas (grupo de opinión). 
   ¿Para qué una conferencia?     
 
 Diario 16.    12/03/1983.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Diario 16/12 marzo83

«REFLEXIONES SOCIALISTAS»

Manuel Turrión, Manuel Abejón y José Manuel Morán

¿Para qué una conferencia?

Se celebra este fin de semana una conferencia sobre organización y estatutos del PSOE. Tomándola como

pretexto, este grupo de opinión de la izquierda del partido plantea las que debieran ser notas

predominantes de la organización socialista.

La corta tradición y débiles raíces de la democracia en España hacen que sea en el nuestro más importante

y necesario que en otros países el papel de los partidos políticos, siendo por ello imprescindible procurar

su crecimiento e implantación en la sociedad civil Lo que sólo se conseguirá en la medida que los

partidos tengan un funcionamiento interno incuestionablemente democrático y sean capaces de percibir y

resolver los problemas con que nos enfrentamos los españoles a diario.

Por eso, para facilitar esa misión, nuestra Constitución reconoce y consagra el protagonismo político de

los partidos con la exigencia de que su «estructura y funcionamiento sean democráticos», lo cual es tanto

como decir que sean participativos, transparentes a la opinión pública y ámbitos apropiados para el debate

ideológico y el pluralismo de opiniones.

Democracia

Pero, si es necesario que todos los partidos cumplan adecuadamente el imperativo constitucional, que les

legitima como elementos esenciales de nuestro Estado de derecho, resulta todavía más imprescindible su

cumplimiento en aquellas organizaciones que, como el PSOE, propugnan un cambio radical de la

sociedad y aspiran a construir el socialismo, sin perjuicio de su capacidad y vocación de gobierno.

Los partidos socialistas han sido, en la historia de los movimientos políticos, los primeros modelos de

organizaciones de masas auténticamente participativas, perfectamente adecuadas, tanto en su estructura

como en su funcionamiento, al cumplimiento de sus objetivos programáticos. Para ello instrumentaron

mecanismos electores para escoger a sus dirigentes, potenciaron el debate sobre ideas y estrategias,

articularon el natural juego de mayorías y minorías y se dotaron de normas que salvaguardasen la libertad

de expresión de todos sus miembros. Y ello por razones no sólo de ejemplaridad ética o coherencia

ideológica, sino también —y esto parecen olvidarlo algunos— por eficacia política y convencional

electoral.

En efecto: los partidos socialistas, como instrumentos de los trabajadores, tanto en su aspecto de

representación política y defensa de sus intereses inmediatos, como de concienciación y transformación

social en pos del proyecto histórico de esa nueva sociedad, necesitan de la participación consciente,

convencida y entusiasta de sus militantes. Cuando esta participación se da, la incidencia de la

organización se hace patente en todos los ámbitos y en nada se parece su acción a la que desarrollan los

partidos de notables o las asociaciones de cuadros burgueses creadas para recobrar apoyos electorales.

Partido-Gobierno

En nuestra situación actual se da, por otra parte, la circunstancia política —usual en otras latitudes, pero

novedosa en la nuestra— de que la mayoría parlamentaria y el Gobierno pertenecen al Partido Socialista.

En tal caso se plantean una serie de problemas adicionales que, esquemáticamente, podrían reducirse al de

saber si el Gobierno ha de seguir la linea política del partido o si éste ha de reducirse a mero instrumento

electoral, sólo útil para llevar a las instituciones a algunos de sus miembros. A nuestro modesto entender

el partido no se agota en esa labor electoral, en primer lugar porque tiene otras misiones, tanto o más

importantes, en la sociedad civil y, en segundo término, porque su labor de apoyo, control, tutela e

inspiración sobre el grupo parlamentario y el Gobierno deben ser constantes y rigurosas.

No se trata, pues, de poner en cuestión el apoyo del partido al Gobierno, sino hacer que tal apoyo se haga

en el marco establecido por los estatutos y el programa no sea acrítico y aclamatorio y se realice teniendo

presente que los acuerdos congresuales establecen que la responsabilidad política de las acciones

gubernamentales recae sobre el propio partido, que tiene que responder da las mismas ante los

trabajadores y toda la sociedad.

Ante la conferencia

Todo lo anterior viene a cuento de una conferencia sobre estatutos y organización que celebra el PSOE

este fin de semana, en cumplimiento de un acuerdo del XXIX congreso. Nuestra opinión, un

tanto crítica y demasiado prolija para el gran público, ha aparecido recientemente en «El Socialista»

(núm. 299, 28 de marzo de 1983). Sin embargo, conviene reiterar aquí que, en nuestra opinión, la misma

deberá procurar medidas que aseguren el crecimiento y dinamismo del partido y potencien su pluralismo

y democracia interna, así como instrumentar los mecanismos de control sobre los militantes que tienen

responsabilidades institucionales.

Si eso no se consigue, la cosa no pasará de ser un mero trámite, por más que se ofrezca una imagen

constructiva y confortante. La consolidación de la democracia, la modernización social y cultural, la

superación de la crisis y el avance hacia el socialismo necesitan un PSOE abierto, numeroso, pluralista,

democrático y, en fin, socialista; todo lo que no vaya en esa dirección será gratuito o contraproducente.

 

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