Las declaraciones de Felipe González     
 
 ABC.    29/04/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC 29/IV/1982

Las declaraciones de Felipe González

Publicamos hoy, en páginas 9 a 11, las declaraciones que el secretario general del Partido Socialista,

Felipe González, ha hecho a ABC. Lo hacemos por dos razones: porque un periódico independiente como

ABC, de larga tradición conservadora, debe informar a sus lectores, desde sus propias fuentes, sobre todas

las posiciones determinantes de la política española. Lo hacemos también porque creemos contribuir así

al espíritu de convivencia democrática. Un periódico liberal da prueba de sus convicciones divulgando

una oferta política diametralmente opuesta a sus propias creencias.

Habría quizá un tercer motivo, éste más bien utilitario: la comprobación directa por nuestros lectores de

que no existe hoy en el Partido Socialista la precisión, el rigor y la claridad que exige toda acción de

gobierno.

Decimos esto con respeto cívico y muy sincera simpatía personal por el señor González Márquez. Su

dedicación, su juvenil impulso, al esfuerzo de moderación le han abierto el reconocimiento de muchos

españoles, socialistas o no. Pero pensarnos también que el Partido Socialista no cuenta con los cuadros

precisos para cubrir eficazmente la Administración del Estado, ni para controlar la difícil problemática a

la que España habrá de enfrentarse a lo largo de toda esta década.

En un jefe de la oposición es cuestionable la equivocidad o la insignificancia en ciertas definiciones:

función de los partidos, división de poderes, concepto del paro y del crecimiento económico, sentido del

término nación.

Pero hay algo que todavía nos hace reflexionar más: la ausencia de aclaraciones precisas sobre lo que

realmente importa del socialismo. Esto es, el modelo de sociedad para el que pudiera gobernar el PSOE,

en el caso de una mayoritaria victoria en las urnas. Concretamente sobre las tres cuestiones clave que los

políticos socialistas rehuyen desde las últimas elecciones; nacionalizaciones, ministros comunistas en el

Gobierno, neutralismo de España y consiguiente desvinculación de la OTAN.

Por eso, desde el respeto cívico y desde la simpatía personal que profesamos al político sevillano,

adelantamos nuestro criterio: la estabilidad de la democracia necesita en España, al menos, cuatro años

más de adiestramiento del socialismo en los dignísimos bancos de la oposición.

 

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