Autor: Peces-Barba Martínez, Gregorio. 
   Elogio de la democracia parlamentaria     
 
 El País.    28/07/1978.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

viernes 28 de julio de 1978

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

Elogio de la democracia parlamentaria

GREGORIO PECES-BARBA Diputado del PSOE por Valladolid

En el discurso sobre el origen y los fundamentos de la desigualdad entre los hombres, Juan Jacobo

Rousseau dice, con acierto, que «la máxima fundamental de toda la ciencia política es que los pueblos se

han dado jefes para defender su libertad y no para esclavizarles». Y este principio sobre la finalidad del

poder sigue siendo hoy, a la altura de nuestro tiempo, esencial para entender su organización y la de la

libertad de los ciudadanos, para entender la forma política de la sociedad. Frente a otras clasificaciones de

los Estados, desde ese punto de vista, parece evidente que sólo hay dos formas: la autocracia y la

democracia.

El mundo moderno, a partir del siglo XVI, ha situado históricamente el problema entre esas dos opciones

y el progreso, la defensa de la dignidad del hombre y de sus derechos, en definitiva, la defensa de la

libertad y de la igualdad ha estado del lado de la democracia, No es vano, por consiguiente, hacer, aquí y

ahora, en la España que sale de la autocracia, un elogio de la democracia parlamentaria que nuestra

Constitución dibuja. Sobre este tema debemos tener las ideas muy claras, y saber a qué conduce y a quién

beneficia, en definitiva, un deterioro de la imagen de la democracia parlamentaria. La otra alternativa

posible es sólo la autocracia, la dictadura, el régimen autoritario que tantos daños nos ha producido. Quizá

el mejor elogio de la democracia sea el recuerdo de la autocracia y del régimen personal. La utilización

del método contradictorio haciendo un elogio de la autocracia corno Erasmo hacía el elogio de la locura

para, en definitiva, defender la racionalidad, puede ser también camino para llegar a las mismas

conclusiones, En ese sentido, la mejor justificación de la democracia parlamentaria sea un trabajo de

síntesis de los escritos y de las actitudes de quienes hoy defienden la nostalgia de la autocracia y que

quieren resucitar a los muertos, soñando con un retorno imposible, explicable por un odio o por un miedo

a la libertad.

También hay frustraciones de por medio que explican mezquinas actitudes en hombres perdedores en las

elecciones del 15 de junio v que adquiren más relieve por la grandeza de alma y por la dignidad moral de

otros perdedores que. desde el extraparlamentarismo, se han convertido en defensores de la democracia

parlamentaria y de la Constitución. No es posible omitir, en este sentido, una alusión agradecida a Joaquín

Ruiz-Giménez, por su conducta, por su inteligencia y por su ética al asumir» haciendo honor a su

trayectoria. la defensa de la democracia parlamentaria q u e esta mos const r uye n do.

Si el débale se plantea a niveles de razón, confirmadas por la historia. no hay duda de que un elo> de la

democracia parlamentaria es muy adecuado y confirma tanto la voluntad de nuestro pueblo en las

elecciones del 15 de junio de 1977, como la verdad de quienes desde hace muchos años defendíamos esas

tesis.

La democracia parlamentaria, único cauce para el acuerdo

El ensayo imposible de la fundamentación de la convivencia sobre la imposición de media España sobre

la otra media, silenciándola y prohibiéndola, abre la mejor justificación para un sistema político que

permite a todos expresar sus ideas y organizarse para defender sus programas. El panorama de hombres y

de grupos que atacan la democracia parlamentaria incluso en sus últimos fundamentos y que si sólo

ulilizan la palabra y el escrito lo pueden hacer, frente al anterior de la represión ejercida por esos "mismos

sectores contra sus discrepantes políticos, es la mejor razón de la superioridad del sistema democrático.

La democracia parlamentaria no tiene miedo a que sus razones sean desvirtuadas por sus adversarios.

Precisamente, su gran virtud consiste en la creación de unas reglas de juego sobre todo a través de la

Constitución que permiten todas las opciones y que establecen un cauce para el cambio y para que las

ideas que obtengan la mayoría puedan construir su modelo político. Y esto es lo que precisamente

legitima radicalmente el uso de la fuerza y del aparato coactivo del Estado a través de sanciones

institucionalizadas. para aquellos que se salgan de las reglas del juego. Porque la democracia

parlamentaria no es sinónimo de debilidad, sino de fortaleza, al concentrar la coacción sólo sobre aquéllos

que quieren utilizar la fuerza y la violencia para conseguir sus fines fuera de las reglas de juego. Por eso.

al existir cauces de razón y de diálogo es el sistema que erradica cualquier justificación de la violencia de

sectores marginales o de minorías proféticas que se creen investidas en una misión redentora, y

desenmascara la irracionalidad de esas posiciones extremas, sean de extrema izquierda o de extrema

derecha, al ofrecerles un cauce para su participación. Si no participan y prefieren seguir la vía violenta

está claro su complejo y su última idea. Son enemigas de la democracia parlamentaria porque nunca

pueden ganar por ese sistema.

Las reglas del juego que se insertan en la Constitución permiten el acuerdo básico sobre el principio de la

mayoría con respecto a la minoría en el Parlamento, que se convierte asi en un modelo del progreso, de la

racionalidad y de la integración de los conflictos sobre la base de la transacción. Como dice Kelsen en su

Esencia v valor de la democracia, «...todo el procedimiento parlamentario descansa sobre la fijación de

una linea media entre los intereses opuestos como resultante de la pugna sostenida por las fuerzas

sociales.,,» Para la situación españóla actual ésa es la tabla de salvación para evitar la trágica dialéctica

del odio y del amigo-enemigo, y ésa es también nuestra única oportunidad para salir de los .seculares

enfrentamientos y para integrar incluso a los enemigos de la democracia siempre que renuncien a la

violencia. Con razones y con argumentos no hay que tenerles miedo y para la sinrazón del crimen o del

terrorismo hay que utilizar, con todas las garantías que la tradición democrática ha construido, la fuerza

legítima de las sanciones institucionalizadas.

Por eso el elogio de la democracia parlamentaria comprende el elogio del consenso constitucional que ha

hecho posible, por encima de todas las barreras, el que ya en el Congreso de los Diputados se haya

obtenido un acuerdo político básico, plasmado en el texto constitucional, que el Senado tiene que

mantener por su composición y que estamos seguros que el pueblo va a apreciar muy positivamente en el

referéndum,

La democracia parlamentaria en el régimen de la libertad

Históricamente el origen de la democracia ha sido la preocupación por encontrar límites al poder y por

reservar un ámbito de libertad a los ciudadanos a través de los derechos fundamentales. Con técnicas

juridico-politicas como la de la separación de poderes, el imperio de la ley. la responsabilidad de los

gobernantes, etcétera, se obtiene la limitación del poder que es inexistente en las autocracias, donde el

dictador no es responsable y se considera por encima del bien y del mal. La democracia. incluso, como ya

veremos, hace imposible la aparición de autócratas en su seno por los mecanismos existentes para la

selección de sus dirigentes.

A mi juicio lo que hace a la democracia muy superiores precisamente la conexión entre ética y política

que se produce con la incorporación de la filosofía de los derechos fundamentales a sus planteamientos.

Las exigencias radicales que hacen posible el desarrollo integral de los hombres y su realización como

personas (desde el derecho a la vida hasta el derecho a la participación política, pasando por lodos los

demás derechos tanto civiles como políticos, como por la aportación socialista, económicos, sociales y

culturales) y que son exigencias éticas, se convierten en la democracia parlamentaria, en parte del

ordenamiento jurídico y. por consiguiente, en derechos y en obligaciones de respete» hacía los mismos.

Los grandes valores humanistas. la libertad y la igualdad, se aproximan al hombre concreto, con su

incorporación al ordenamiento jurídico de la democracia parlamentaria. El ideal de la autonomía ética es

sólo posible, en la democracia, para el hombre normal, porque sólo en la democracia se favorece

socialmente la creación de los cauces políticos, económicos, sociales y culturales que la hacen real.

Y precisamente la obediencia al derecho y el respeto a la autoridad son más fáciles y más normales en una

sociedad democrática porque el ciudadano que es el destinatario de la norma concurre también,

directamente o :i través de sus representantes, a la formación de las leyes. La identificación con la

autoridad y con sus mandatos que es el secreto de la obediencia positiva y normal y clave en una sociedad

bien organizada, se hacen posibles por la libertad de los ciudadanos y por su participación para limitar la

autonomía del poder.

La democracia parlamentaria es más justa

El ideal de la democracia directa no es posible en las grandes sociedades modernas y por eso su modelo

es sustituido por el más» realista de la democracia parlamentaria que por medio de la elección establece

generalmente los criterios de selección de sus dirigentes. Y hay que reconocer que. frente al

nombramiento, práctica normal en las autocracias, la elección, que puede tener defectos y sistemas

múltiples que se aparten más o menos de su genuino sentido, es mucho más justo y menos arbitrario. El

elegido, aun rechazando el mandato imperativo, depende del elector aunque sólo sea en el peor de los

casos en la siguiente elección.

Pero sobre todo me parece que la selección de los dirigentes por ese método impide la aparición de los

caudillos, de los nombres preclaros, que no responden ante los demás, que se convierten en auias

iluminados de sus pueblos y a quienes otros hombres, con miedo a su libertad v a su responsabilidad, se

entregan en cuerpo y alma vaciándose de su propia humanidad y haciéndoles super hombres.

La democracia hace muy difíciles estos fenómenos» y sus gobernantes son hombres normales que pueden

dejar de ser dirigentes y volver a sus profesiones sin grandes problemas. Las consideraciones son

fundamentalmente racionales, porque, como decimos, la función dirigente sólo representa un valor

relativo, y el hombre que asume esas funciones es igual a sus conciudadanos y responde ante ellos.

En la República (III. 9). Platón hace decir a Sócrates lo siguiente, refiriéndose al trato que debería darse al

caudillo, al hombre de cualidades excelsas en un Estado ideal:

«...Le veneraríamos como a un ser divino, maravilloso y digno de ser amado, pero después de haberle

advertido que en nuestro Estado no existía ni podía existir un hombre así. ungiéndole con óleo y

adornándole con una corona de flores, le acompañaríamos a la frontera...»

La democracia parlamentaria, con sus técnicas de selección de los dirigentes, ha convertido en realidad el

sueño de Platón y se convierte, también por esa razón, en muy superior a la autocracia.

Nuestro elogio podría extenderse desde estas razones fundamentales a otras también importantes, pero no

es necesario para concluir respecto a la superioridad de la democracia parlamentaria. Los socialistas, que

somos los herederos directos de lo mejor del pensamiento liberal y que estamos comprometidos a realizar

el socialismo desde el esquema político de la democracia parlamentaria, vemos este problema con toda

claridad.

Como dice Fernando de los Ríos «..puestos frente a frente liberalismo y socialismo, no como enemigos,

sino como dos movimientos históricos que quieren completarse... brinda el primero al segundo la forma

humana única como pueden ser expresadas las decisiones comunes: la ley. Ofrece el socialismo al

liberalismo el contenido, el material que ha de ser objeto de su elaboración, para que pueda continuar

siendo en la historia un instrumento de progreso, una fuente de liberación humana...»

Los socialistas apoyamos a fondo la democracia parlamentaria que ofrece, respetando la libertad y los

derechos de todos, una posibilidad ilimitada de transformación del ordenamiento jurídico, siempre que se

obtenga la mayoría de la comunidad para ello. Cualquier otro camino es la autocracia, el aventurerismo y

la irracionalidad. El elogio de la democracia parlamentaria es el elogio del progreso, de la libertad, de la

igualdad, es el elogio de la ratón. Debe tener en nuestro país un apoyo activo de grandes mayorías. Sin

duda y sin ninguna reserva tiene el de los socialistas.

 

< Volver