Autor: Menéndez del Valle, Emilio. 
   El nuevo Gobierno, ante la cooperación internacional     
 
 El País.    15/11/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 26. 

TRIBUNA LIBRE

El nuevo Gobierno, ante la cooperación internacional

EMILIO MENÉNDEZ DEL VALLE

El autor de este articulo diseña las líneas generales de la actuación del futuro Gobierno socialista en

materia de política exterior, y más concretamente de los criterios con que abordará una cooperación

internacional realista y asentada en un serio consenso social y político.

El objetivo prioritario de la política exterior de todo Estado es defender los intereses nacionales de la

comunidad o comunidades a que representa. Cierto es que pueden darse diversas interpretaciones del

concepto interés nacional y que un Gobierno de izquierdas podrá graduar o enfocar el concepto de forma

diferente que un Gobierno de derechas. Pocos Gobiernos, sin embargo, negarán su compromiso, al menos

teórico, con los propósitos de las Naciones Unidas. A saber, el mantenimiento de la paz y de la seguridad

internacionales, el fomento entre las naciones de relaciones de amistad basadas en el respeto a la libre

determinación de los pueblos y la realización de la cooperación internacional mediante la solución de los

problemas internacionales de carácter económico, social, cultural o humanitario.

Cosa distinta es dónde poner el acento en la consecución de la paz (no es lo mismo la paz y el orden que

han pretendido imponer los invasores israelies en Líbano que una paz justa para todas las partes) o dónde

ponerlo en la realización de la cooperación internacional (no es igual el establecimiento de una relación

neocolonial entre un Estado europeo y una antigua dependencia que la consolidación de una situación de

verdadera cooperación entre dos socios estatales soberanos que intenta un beneficio equilibrado para

ambas partes, por ejemplo, mediante la aceptación mutua de lo que el ministro francés para la

Cooperación y su equipo entienden como contrato de codesarrollo).

En cualquier caso, los objetivos-marco primordiales de un Gobierno progresista en las relaciones

internacionales han de ser el mantenimiento de una paz justa (lo que lleva implícito el respeto a la

autodeterminación) y la contribución al establecimiento de un nuevo orden económico internacional, lo

que implicará la mejora de los pueblos y de los individuos en los campos social y cultural. No cabe duda

de que un Gobierno que actúe en congruencia con esos principios estará, por definición, defendiendo los

intereses nacionales, pues no de otra manera puede funcionarse en el mundo interdependiente de hoy en

día. Y si esos son los objetivos-marco, el principal instrumento para lograrlos es la cooperación. Por eso

sostengo que la política exterior es esencialmente cooperación.

Al presentar, a finales de 1979, al secretario general de la ONU el informe Un programa para la

supervivencia (recomendaciones establecidas por la Comisión Norte-Sur, por él presidida), Willy Brandt

manifestaba: "Es indudable que el mundo, en el año 2000, estará superurbanizado y quizá superpoblado.

Además, existe el peligro de que el 40% o más de la población mundial viva todavía en la pobreza y de

que el hambre de amplios sectores de la población y los peligros de la destrucción vayan en aumento, si

es que antes otra guerra mundial no ha destruido los cimientos de la civilización".

Este sombrío panorama no tiene por qué ser necesariamente así, pero es muy probable que lo sea si los

Estados no modifican a tiempo el actual rumbo, si es que todavía están a tiempo. Por eso, ante una

situación así, el próximo Gobierno español no puede permanecer insensible. Ni por razones ideológicas ni

por razones éticas, pero tampoco por razones pragmáticas.

O todos o ninguno

A los posibles sectores de la opinión pública española reacios a aceptar con entusiasmo la labor de

gobierno relacionada con la cooperación internacional y la ayuda al desarrollo me permitiría decirles que

lo que propongo es una cuestión de justicia y de ética internacionales. Pero también de sentido común.

Porque si hay millones de personas que se mueren de hambre en el mundo es porque algo no marcha y

ese algo es, sin duda, el sistema socioeconómico actual. Y no marcha ni para unos ni para otros. Hace

década y media la opinión egoísta podría haber objetado que el sistema no funciona para el Sur, para los

países que alguien ha denominado proletarios, pero que los países ricos lo son porque el sistema —su

sistema— les conviene a ellos. Sin embargo, desde la gran crisis de 1973, con su origen en el complejo

tinglado del petróleo, nada se desenvuelve a satisfacción de nadie. Como ya decía Kurt Waldheim en

1975, "el sistema internacional de relaciones económicas y comerciales concebido hace treinta años es

hoy manifiestamente inadecuado para las necesidades de la comunidad mundial en su conjunto. En el

pasado, la acusación contra ese sistema era que funcionaba bien para los ricos y que iba dirigido contra

los pobres. Hoy ni siquiera se puede decir que funcione bien para los ricos, lo que constituye un incentivo

adicional para desarrollar un nuevo orden económico".

Por eso, el mero sentido común sugiere que el próximo Gobierno de España debe ser firme partidario, en

los temas de cooperación internacional y ayuda al desarrollo, de lo que podríamos denominar escuela del

interés mutuo, cuyo principal eslogan podría consistir en ayudemos al Sur (países subdesarrollados

económicamente) para ayudarnos a nosotros mismos. Porque, a la postre, la conclusión es ésa. Quien no

desee reaccionar por estricto imperativo de justicia distributiva, el imperativo categórico que impone la

ineludible interdependencia económica del mundo en que vivimos le hará comprender que el Norte rico o

semirrico industrializado se hundiría si no ayuda a auparse a un Sur sumido en el subdesarrollo.

De modo que si no es por ideología, por elemental sentido común y por simple decencia colectiva hemos

de contribuir a hacer frente, entre todos, al subdesarollo. En caso contrario, como ya indicaba en los años

sesenta el entonces secretario general de la ONU, U Thant, "es casi seguro que nos exponemos a una

catástrofe que aniquilará hasta los países más prósperos y estables. Y no podemos permitir que la historia

diga de nosotros que, con nuestros conocimientos y técnicas, nos hemos dejado aniquilar por una

catástrofe previsible y prevista desde hace tanto tiempo".

Obviamente pretendo, y no creo exagerar, presentar la imagen dramática pero real de nuestro mundo de

hoy. Como se recalca en el informe Brandt, existen en la actualidad dos frentes que desgarran el planeta.

Por una parte, los países altamente industrializados se oponen en el conflicto Este-Oeste. Por la otra, en el

enfrentamiento Norte-Sur se oponen los países altamente industrializados del Norte con los países en vías

de desarrollo del Sur.

Así las cosas, la mira básica de la cooperación debe ser, por un lado, el contribuir a los esfuerzos de los

países subdesarrollados (receptores de ayuda) por elevar su nivel de vida, esto es, por salir del

subdesarrollo. Por otro lado, la cooperación debe fomentar las iniciativas tendentes al establecimiento de

un nuevo orden económico internacional. Entre otras cosas, ello implica la prestación de asistencia a estos

países en el más amplío sentido del término (desde aportaciones financieras para compras de bienes de

equipo hasta prestación por España de asesoría técnica y entrenamiento).

Hay que decir que, en relación con otros sistemas de cooperación (Francia, Reino Unido) gozamos de

ciertas ventajas no bien utilizadas hasta ahora. Por un lado, poseemos una tecnología no excesivamente

sofisticada, pero de calidad más que suficiente, que se adapta perfectamente a los países susceptibles de

cooperación. Por otro lado, en lo que se refiere a África y países árabes tenemos la ventaja, en general, de

poder exhibir la ausencia de un pasado colonial inmediato, a diferencia precisamente de Londres y París.

Favor al que hay que unir (tanto en relación con África y mundo árabe como con Latinoamérica) el que

podamos presentarnos como país económicamente no temible. Nuestra potencia económica es lo

suficientemente considerable como para articular con éxito un programa de cooperación proporcional a

nuestros recursos, y, no obstante, no es tan grande como para poder —en caso de que existiera voluntad

política para ello— ejercitar determinadas veleidades neocolonialistas.

Fórmulas para actuar

Para terminar, y de modo sintético, me gustaría exponer un catálogo de conceptos, ideas y datos:

1. El próximo Gobierno español hará lo posible por convencer a sus homónimos occidentales —en

especial al norteamericano— de que no todo conflicto que surge en el Sur está motivado por la URSS.

Muy a menudo, esos conflictos son expresiones de la miseria, la explotación, el racismo y la opresión de

las libertades individuales y colectivas.

2. Los pueblos tienen derecho al desarrollo.

3. Estabilidad no es igual a inmovilidad.

4. El desorden económico mundial daña a todos, al Norte y al Sur. Es preciso establecer, entre ambos,

unas nuevas reglas del juego.

5. El Norte y el Sur han entrado juntos en la gran crisis económica que nos agobia y no podrán salir por

separado. La cooperación es indispensable.

6. Conveniencia de establecer una alianza estratégica entre ciertos países del Norte y la mayoría de los

del Sur.

7. Oportunidad de favorecer una política de transferencia de recursos del Norte al Sur, pero arbitrando

los procedimientos para evitar crear una nueva relación de dependencia.

8. Los problemas Norte-Sur son los más acuciantes que los Este-Oeste. Necesidad de desvincular los

unos de los otros.

9. Será preciso, no obstante, combinar adecuadamente el realismo en los temas Este-Oeste con el

idealismo de los temas Norte-Sur.

10. El desarrollo de los países económicamente subdesarrollados constituye la nueva frontera de los

países industrializados y es, a la vez, la clave de su desarrollo económico.

11. Una política de cooperación occidental contribuirá a convencer a los países del Tercer Mundo de

que pueden llamar a otra puerta que no sea Moscú y puede ofrecerles una interesante vía no alineada entre

los dos grandes.

12. El éxito de una política de cooperación y ayuda al desarrollo internacional dependerá, en buena

medida, de una política exterior coherente, que sepa integrar simultáneamente una visión ética y realista

del mundo, firmemente asentada en un consenso social y político y en una economía saneada en casa.

Emilio Menéndez del Valle es experto del PSOE en relaciones internacionales.

 

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