Autor: García Bloise, Carmen. 
   Sentir la democracia     
 
 Diario 16.    28/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

CARMEN GARCÍA BLOISE

Secretaria de organización del PSOE

Sentir la democracia

La diputada socialista dice que el «revival fascista» del fin de semana cae dentro de lo claramente

especificado como delictivo en nuestra legislación: insultos, agresiones, apología del terrorismo y

alteración del orden público son pura y llanamente delitos comunes.

Madrid ha padecido el pasado fin de semana un simulacro de «ocupación» a cargo de las bandas fascistas.

Conscientes de que la guerra psicológica exige una periódica demostración de fuerza, los nostálgicos de

ayer y sus cachorros de hoy recorrieron sistemáticamente las calles del centro de la ciudad según la más

pura táctica Queipo de Llano.

No circularon por Palomeras, Carabanchel o Entrevias, barrios populares que poco tienen que agradecer

al antiguo régimen; sus estridencias en permanente ida y vuelta se centraban en la Gran Vía, Goya y

Alcalá, lugares de público más «chic» y por tanto supuestos mejores receptores de su «mensaje».

No fue de los alborotadores toda la culpa. Ellos actuaron corno lo que son: fascistas. Lo más grave es la

actitud de un Gobierno que permite tal vandalismo como sistema de presión que justifique la fragilidad de

la democracia.

Erradicar la violencia

Es inadmisible que un Gobierno elegido democráticamente no utilice todos los resortes legales para

impedir tal actuación. ¿O es que hay más proximidad que la aparente entre unos y otros? ¿Cómo puede un

gobernador de Madrid acusar de los desórdenes a la pasividad de la Policía Municipal?¿Es que pretende

que un guardia de Tráfico en un cruce detenga, desarme y encarcele a una banda de facinerosos en una

caravana de coches?

El mantenimiento del orden público es misión del gobernador civil, aunque el incapaz que padecemos en

Madrid parece no haberse enterado. Las atribuciones y efectivos de la municipalidad son bien escasos y

bastante trabajo han tenido con normalizar en lo posible el caótico tráfico.

El director general de Bellas Artes se ha permitido manifestar que las vallas publicitarias colocadas por el

Ayuntamiento atentaban a la estética de la plaza de Oriente. El atentado —no sólo a la estética, sino

también a la seguridad ciudadana— lo producen los energúmenos que la ocuparon.

Nuestro país debe erradicar la violencia de su panorama político. La izquierda hace tiempo que se

comprometió en la defensa del orden constitucional y democrático, y las organizaciones sindicales con un

elevado sentido de responsabilidad y de visión de Estado se han sentado a negociar con la patronal y el

Gobierno como en cualquier país avanzado. Sólo grupos nostálgicos quieren una vuelta atrás con un

espíritu violento que nos preocupa. En el fondo, el problema se encuentra en que el sentir democrático no

se ha asentado suficientemente en nuestro país. La democracia aún no ha echado raíces. Los jóvenes

fascistas siguen considerándose los únicos patriotas y enarbolando banderas como arma de agresión a sus

conciudadanos. Esas banderas, desde el día en que se aprobó la Constitución, son de todos los españoles.

Tres años de legalidad constitucional son poco tiempo, pero cada vez somos más los españoles que

pensamos y sentimos que la Constitución es el baluarte de la libertad. No vamos a permitir que la guerra

psicológica nos haga ya prisioneros de los rumores sistemáticamente urdidos en las cavernas del

golpismo.

Sentir la democracia

Sentir la democracia es pensar que aunque el partido que teóricamente apoya al Gobierno tiene crisis, las

instituciones deben seguir funcionando igual.

Sentir la democracia es afirmar que porque el PCE tenga problemas no se va a quebrar el sistema de

libertades. Sentir la democracia es reiterar que en nuestras FFAA existe una voluntad mayoritaria de

respeto a la Constitución y que delitos perfectamente definidos en el Código de Justicia Militar no pueden

ser tolerados por los tribunales.

No existe en la izquierda ningún ánimo revanchista. Respetamos la libertad de expresión incluso para

aquellos que no la respetan, pero el «revival fascista» del fin de semana cae dentro de lo claramente

especificado como delictivo en nuestra legislación: insultos, agresiones, apología del terrorismo,

alteración del orden público, son pura y llanamente delitos comunes.

Para una diputada socialista, sentir la democracia es comprender que las funciones que a cada institución

del Estado corresponden deben ser respetadas. El objetivo de nuestro congreso es que la democracia eche

raíces en suelo español, y desde luego cumpliremos nuestro papel de defenderla sin vacilaciones, porque

sentimos la democracia tanto más porque nos costó mucho esfuerzo conseguirla.

 

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