Autor: Solana, Luis . 
   El discurso del Rey     
 
 Diario 16.    13/01/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

LUIS SOLANA MADARIAGA

Diputado del PSOE. por Segovia

El discurso del Rey

«Es un tanto sorprendente el escaso y formalista eco que ha tenido en general el discurso de fin de año

pronunciado por Don Juan Carlos I.»

Señalo que hablo de discurso y no de mensaje, expresión que nos legó la segunda dictadora y que no

comprendo por qué se sigue manteniendo viva. Los mensajes estaban planteados desde un podio ante

Dios y la Historia; los discursos se hacen ante el pueblo español y ésta es la forma normal de hablar de un

Jefe de Estado democrático. A veces las palabras tienen significados que podrían no encontrarse en los

diccionarios al uso. Es cuestión de tiempo y gentes.

El discurso del Rey ha tenido este año dos coordenadas fundamentales. Una coordenada es formal y otra

material. La formal: ¿se han fijado bien los espectadores en que el Rey no actuó de Rey, sino de Jefe del

Estado? Aclaro. Nada de conjunto familiar —normal en la institución monárquica, sino solo; como figura

que representa al Estado y no (o no fundamentalmente) a una forma de dirigirlo.

Reproche a los gobernantes

Prácticamente las únicas veces oue el Rey aparece sin su familia (mujer e hijos=Reina, herederos) son

actos castrenses y no en todos. Repare el lector en que todas las monarquías, nórdicas o meridionales, se

esfuerzan en identificar a la familia real con la imagen del Rey. Es lógico en una interpretación de la idea

monárquica. Bien, pues este año, Don Juan Carlos I ha aparecido ante los españoles solo, soberanamente

solo, Las cosas a tales niveles nunca ocurren por casualidad.

Pasamos a la segunda coordenada, nueva como la anterior. En el discurso del Rey hay un cierto reproche

a los responsables de la gobernación general de España. Esto también es interesante. Con una escrupulosa

observancia constitucional hace una lectura del texto de 1978, en la que atiende por primera vez de forma

pública a ese papel vago que su letra le otorga. No hay recomendaciones de padre de familia feliz o

angustiado, según los temas, hay preocupaciones, esperanzas... y un palmetazo. Todo ello como Jefe

constitucional del Estado.

No cabe duda que en esta novedosa intervención ante los españoles era lógico que el discurso tuviese un

cierto componente críptico. Lo que podría sorprender un tanto seria que la clase política, en amplísimo

sentido, no meditase que este complejo y pesimista año 1981 va a estar presidido, entre otros temas

básicos, por el hecho de que el Rey ha decidido actuar como Jefe del Estado, tal y como lo señala la

Constitución. Que no salgan los leguleyos de turno a matizar frases y comas, les bastará repetir en

videocasette el discurso real para darse cuenta de que en 1981 Juan Carlos I no va a tener la misma

actuación que tuvo hasta ahora.

Cuando un discurso es difícil de descifrar —y éste lo es— todos tenemos derecho a suponer y deducir. Yo

intentaría traducir el discurso del Jefe del Estado a un lenguaje muy elemental. No sé si acertaré, pero

como interpretación tiene tanto derecho a ser válida como otra cualquiera. Este, pienso, es el texto

original.

«Queridos compañeros de la aventura que se llama España: Esto no va bien. No sabéis la de gentes que

vienen a mi casa a contarme lo mal que van unas u otras parcelas del Estado. Estoy seriamente

preocupado porque los problemas que a mí me cuentan no parece que los sepan resolver los políticos. Me

parece que son un tanto ineficaces y más cuanto más poder tienen para resolver los temas.

Pero yo he aprendido la historia de España y la de mi familia y tengo fe en lo que estamos haciendo a

trancas y barrancas. No estoy dispuesto a ceder ni un centímetro en la idea de una España democrática,

pero, ¡caramba!, a ver si ayuda todo el mundo un poco más a este esfuerzo, que no es fácil.

De otra manera ______

Yo no voy a cambiar mi papel señalado en la Constitución, pero permitidme que os diga que convendría

hacer de otra manera algunas cosas. No os voy a decir más porque supongo que me entendéis y no puede

ser que yo haga gestiones que son vuestras. Estoy como uno cualquiera entre los que quieren hacer más y

más grande España y estoy como uno más entre los que la quieren democrática. Pero, ,en mi opinión,

aquellos que dirigen no lo hacen del todo bien. Vamos a ver si aprendemos, Y no voy a concretar más

porque ni me deja la Constitución ni lo quiero yo, porque sería inoportuno. Espero simplemente que se

me entienda.

Con afecto a todos mis compatriotas. El Jefe del Estado, Juan Carlos I, Rey de España.»

 

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