Autor: Morán López, Fernando. 
   La correcta manera de citar     
 
 Diario 16.    29/09/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

FERNANDO MORAN

Senador del PSOE por Asturias

La correcta manera de citar

«En este diario —del que soy colaborador asiduo» con independencia de la línea que va adoptando en

ciertos temas, independencia que honra al periódico que me acoge— se hace referencia a una

intervención mía en el Senado durante el periodo constituyente.»

Me halaga profundamente que mis observaciones puedan ser objeto de la atención del alto cuerpo

consultivo y de tan doctos profesionales del Derecho. Ahora bien, todo el mundo sabe que las citas tienen

valor cuando son completas y cuando no se desvinculan de su contexto,

En ésta ocasión, he sido citado fuera de contexto en, al menos, cuatro dimensiones:

1) En lo que se refiere a la ocasión en que se produjo la intervención, omitiendo referirse al tema de que

en realidad se trataba,

2) No señalando con claridad la diferencia esencial, jurídicamente decisiva, que media entre el momento

constituyente, cuando no estaba aprobada la Constitución, y hoy, cuando todo análisis tiene

obligatoriamente que centrarse en la fidelidad a su texto,

3) Fuera de contexto, también, en un sentido amplio, pero inescusable para obrar con rigor,

omitiendo las ideas y análisis que sobre el tema he expresado en una obra, que, si bien pobre y

limitada —como mía—, tiene, tal vez, el único mérito de ser la primera en haber abordado con

detenimiento el tema,

4) Omitiendo toda referencia a los debates que, precisamente, sobre estos puntos mantuve en el Senado

con dos sucesivos ministros de Asuntos Exteriores,

Proceso normal

La primera elusión del contexto reside en que en el dictamen e informe no se señala que cuando

pronun´cio una frase no estamos, en el periodo constituyente.

abordando el capitulo que trata de las autorizaciones para que el Estado se vincule internacionalmente,

sino que yo presento una enmienda (número 1.065), para que la recepción del Derecho derivado de las

Comunidades Europeas no se efectúe a través de delegaciones legislativas, sino qye la recepción —

cuando exiga acto del Estado miera bro, España— se efectúe por el proceso legislativo normal.

Resulta que lo que pienso respecto a los problemas y requisitos para la accesión al Tratado del Atlántico

Norte y a la integración en su Organización ha ocupado muchas páginas de una obra mía que se encuentra

fácilmente en el mercado.

En «Una política exterior para España (Ed. Planeta. Barcelona, 1981 dedico al tema de la OTAN unas 62

páginas, en la mayoría de las cuales abordo la cuestión constitucional. En este libro fundamento, en la

medida de mi escaso saber, que el referéndum es posible y conveniente y que, en todo caso, el

procedimiento para la autorización del acto de accesión es el que prescribe el artículo 93 y no el 941.°.

No les hubiese sido difícil a los juristas citados ni al Consejo de Estado, de desear citar mi opinión,

referirse a este libro.

Los debates

En dos ocasiones he intentado que los ministros de Asuntos Exteriores desvelasen lo que pensaba el

Gobierno sobre este importante tema. En Ja primera ocasión tuve como interlocutor al señor Oreja

Aguirre. Fue el 30 de octubre de 1979, en el Pleno del Sena do. Luego, más tarde, no sin esfuerzos y

dilaciones para hacer comparecer al sucesor del señor Oreja, en una interpelación al señor Pérez-Llorca.

Hago gracia al lector del grueso de la argumentación. Solamente lo esencial. Resumía yo; «Primero, cabe,

y así lo preceptúa el artículo 92, someter a referéndum la autorización para adherirse a la OTAN.

Segundo, en todo caso, el respaldo parlamentario al que se refiere el Gobierno no puede resultar de la

aprobación por las Cortes, conforme al artículo 94, sino que para la aprobación necesaria es preceptiva la

ley Orgánica, conforme al artículo 93...» «No hace falta que recuerde a sus señorías, ni al señor ministro,

que establecido el recurso de inconstitucionalidad para las disposiciones normativas con fuerza de ley, la

infracción de los principios constitucionales en este punto abriría la puerta del recurso en un tema en cuya

importancia política es inútil que insistamos.»

El señor Oreja no precisó mucho. Sin embargo, dijo que la decisión se tomaría «después de que la opinión

pública conozca suficientemente este tema tan importante y trascendental, puesto que afecta a un punto

básico de las relaciones, como es la seguridad». ¿Considera hoy el señor Oreja que unas semanas, a la

vuelta de las vacaciones veraniegas, satisfacen estas condiciones que él reputaba imprescindibles?

Con el señor Pérez-Llorca volví a precisar la necesidad de un referéndum y el imperativo constitucional

de, en todo caso, seguir el procedimiento del artículo 93. El señor Pérez-Llorca, aunque maestro en el arte

de la elusión, afirmó dos cosas interesantes. En primer lugar, que la accesión a la OTAN tendría lugar

«después de arreglar nuestras relaciones con los Estados Unidos». Hablaba, dijo, en nombre del

Gobierno,

En segundo lugar, aún defendiendo que el artículo 94 era, para él, el aplicable, afirmó: «Yo no he hablado

de mayoría simple. No se ponga en mi boca lo que no he dicho. Yo digo que del estudio de los textos

consti tucionales el texto aplicable es el articulo 94. Otra coso será lo que la prudencia política, aconseje,»

Es decir, que llega a admitir que la prudencia política podría hacerle aceptar el artículo 93 ¿o el

referéndum?

Es más —y éste es un tema de gran calado que hoy no podemos sino apuntar—, el señor Pérez-Llorca, al

razonar que se puede entrar en la OTAN (¿quería decir acceder al tratado?)sin entrar en la Organización y

que luego el status podrá cambiar añadió: «Pero yo creo que en todo sistema en que exista un control

parlamentario, sea cual sea el cauce jurídico que se siguiera, tiene que ser objeto de algún tipo de

autorización parlamentaria. Eso es evidente. La evidencia misma.»

Afirmación interesante si un día el Gobierno pretendiera integrar a España en la Organización, sin la

previa con la mayoría cualificada que la Constitución exige— autorización parlamentaria para cada acto

concreto de integración.

He citado sin alteraciones el nivel de cada fecha de intervención, sin omitir el contexto del razonamiento

de cada uno de mis interlocutores. Es lo mínimo que podría exigírseme. Lo mismo que a un alto y

prestigioso órgano del Estado y a tan ilustres juristas.

 

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