Autor: Solana, Luis . 
   Cuidado, UCD, cuidado     
 
 El País.    05/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

Cuidado, UCD, cuidado

LUIS SOLANA

La profunda crisis que se ha abierto en el partido del Gobierno invita a preguntarse sobre la virtualidad

política de UCD y sobre los diferentes destinos de los grupos que la componen. En verdad —como dice

en su artículo Luis Solana—, de la clarificación de UCD depende buena parte de la estabilidad

democrática española y, llevado a su extremo, la libertad de todos.

UCD está en crisis profunda de identidad. Es lógico e incluso tiene su propia racionalidad. UCD se crea

con una parte del pasado que se atreve a modernizarse porque quiere ser futuro; Adolfo Suárez es el

modelo. Pero cada día que pasa se constata más que aquello llevaba indefectiblemente en su seno la

semilla de su propia inmolación. Y UCD, lógicamente, se nos va. Digo lógicamente porque los que desde

altos despachos construyeron o planificaron la operación Gatopardo/Suárez dudaban desde 1977 que las

cosas pudieran ser permanentes. Ahora, al llegar las horas finales, hay quien habla de volver a las fuentes

de UCD. A mí me cuesta entender qué quiere decir eso: UCD no puede volver a sus fuentes, ya que los

manantiales ucedeos están en la chapuza patriótica de la transición, y eso ya no son manantiales para una

política que aspira a la normalidad.

Entonces, ¿qué debate subyace en la crisis de UCD? Lo que está en cuestión es cuál debe ser la

formulación política de la derecha española. Medítese lo serio del tema, porque el abanico de

posibilidades va desde el golpismo más o menos descarado hasta el centro izquierda ensayado por la

Europa fría. A cala y a prueba, la derecha económica puede elegir. Y lo sabe. ¡Qué tremendo ver a un

Ferrer Salat dudando, cuando hace no muchos años decidida y generosamente no tenía ni un celaje en su

pensamiento democrático! ¿Qué desierto de tentaciones doradas debe estar cruzando la CEOE cuando, sin

embargo, sabe en racionalidad de balance económico que ni la vuelta a las rejas, ni el amordazar voces va

a mejorar las cuentas de resultados de sus asociados. España otra vez —¿desde cuándo?— mira

asombrada a la derecha para ver si puede confirmar su libertad.

La izquierda

La izquierda ha pactado, ha llevado la prudencia y el realismo hasta los limites de la náusea porque sabe

que la alternativa puede ser dejar viudas y huérfanos. (La historia es más demagógica que yo.) Ha hecho

todo para ver si lograba —¡quién lo diría!— que hubiera una derecha inteligente y amante de la libertad.

Pero ahora, al ver cómo se desmonta UCD, le asaltan los temores y las dudas. No hay contradicción en el

razonamiento: UCD —la que hizo la transición— está sin sangre social en las venas.

El problema es cómo se hace desaparecer aquella UCD. La torpeza de los dirigentes de UCD es creer que

el partido que se creó para cruzar el río que separaba el franquismo de la democracia tiene capacidad de

atraer a los que ya se sienten en esta orilla del río. Ahora las gentes —«muchas gracias, señor

barquero»— piden saber qué se les ofrece para construir la convivencia y a quién representa cada uno.

Hay dirigentes ucedeos que siguen con la emoción del cruce del río y siguen queriendo ser ellos los que

remen en la barca... que ya está en seco: Agustín Rodríguez Sahagún sería un ejemplo. Otros se han dado

cuenta del cambio y se aprestan a crear la UCD minoritaria que busca la representación de una ciudadanía

que podría ser de un genérico y misterioso centro: Adolfo Suárez es el tipo. Más allá están los que han

decidido que el centro no existe y que hay que configurar una derecha seria que represente unos intereses

claros pero democráticos: Osear Alzaga podría ser el modelo. (Por cierto, señor Alzaga, usted que tiene

mano, ¿por qué no le dice al diario Ya que no cruce la línea negra a la que se está acercando

peligrosamente, con temor por parte de todos los demócratas?) Están también los que creen que la

derecha en España debe jugar al corro de la patata con el franquismo; Ricardo de la Cierva sería un

personaje tentativo. Y por ultimo se encuentran los radicales socializantes siempre incómodos, pero con

capacidad de producir ecos en los valles deshabitados: Francisco Fernández Ordóñez es el escaparate.

Perdón, se me olvidaba un grupo, el de los que estiman que UCD (la de siempre) tiene otra misión

histórica: cruzar el riachuelo revuelto de los juicios militares del 23-F para desaparecer después, su

hombre-símbolo es Leopoldo Calvo Sotelo.

Ya sé que hay luego personajillos pequeños y egoístas cuya visión de España termina en una hoja parcial

del mapa de carreteras, pero esos no interesan: el ejemplo sería Modesto Fraile. Silencio porque todos

tenemos alguna desgracia genética en la familia.

Modelos existentes

¿Qué se puede hacer con todo esto que fue y va no es? Yo no puedo ni debo dar consejos concretos

porque eso es problema de la libertad de ellos; pero sí puedo analizar y suponer. ¿Qué alternativas se

ofrecen? Ni una palabra sobre la gran alternativa externa que representa el PSOE porque esto no es una

meditación a favor de nadie. Repasemos lo que se ofrece sin inventar nada que no esté ahí. Primera

posibilidad, Francia; segunda, Grecia. En la primera, un Chirac-Fraga y un Giscard-Calvo Sotelo. En

Grecia, una UCD que cede todo su electorado a una derecha aliancista. ¿Hacia cuál quiere ir UCD? No lo

sé, pero sí me importa. Vienen meses difíciles para la libertad de todos. UCD tiene obligación de

aclararse pronto. Hemos vivido con UCD la negra noche del 23-F. No voy a recordar los detalles ni los

orígenes, pero quiero terminar estas líneas despertando una memoria triste que parece que se está

difuminando de las mentes. Yo —se lo recuerdo— vi cómo se nos iba con un grito y un disparo toda la

libertad que habíamos acumulado, grano a grano, durante años. Ni una palabra más. Es su turno.

Luis Solana es diputado del PSOE por Segovia.

 

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