Autor: Bustelo, Francisco. 
   ¿Una ocasión perdida?     
 
 El País.    29/10/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

POLÍTICA

EL PAÍS, jueves 29 de octubre de 1981

TRIBUNA LIBRE / EL CONGRESO DEL PSOE

¿Una ocasión perdida?

FRANCISCO BUSTELO

La conducía del PSOE ha estado dirigida en los úllimos años a consolidar la democracia, pero dos

grandes defectos le separan de ser el partido que desean miles de socialistas: su política fluctuante y la

defectuosa organización interna.

El PSOE tiene sus ventajas e inconvenientes. Bastantes ventajas, a juicio de muchos millones de

españoles que le votan, y algunos inconvenientes, puesto que hasta ahora no consigue vencer en las

elecciones a su principal rival. UCD,

Lo que se trata, claro está, desde el punto de vista socialista, es de acrecer ventajas y disminuir

inconvenientes. Él reciente congreso del partido pudo ser una buena ocasión para ello.

Que las ventajas del PSOE son muchas es indudable, y por sabidas no voy a extenderme sobre ellas: una

larga historia que le permite conjugar tradición y renovación, apoyos internacionales, un líder conocido y

respetado y, sobre todo, unas ideas que, como se está viendo en otros países, atraen a muchísimos

ciudadanos.

Pero también hay defectos, y señalarlos públicamentc no obedece a afanes masoquistas, y si a un deseo

sincero de que se corrijan.

Esos defectos son fundamental mente dos: política fluctuante y mala organización interna.

La política general del PSOE en los últimos anos ha estado encaminada a consolidar una democracia

frágil, y sólo aplausos merece por ello. Otra cosa es que haya jugado en exceso al pacto y al consenso, e

incluso a la componenda. Con buena intención, pero equivocadamente, algunos dirigentes del PSOE han

pensado que se podía pactar entre caballeros con el centro o la nueva derecha para afirmar el présenle y

propiciar que UCD, llegado el momento, hiciera graciosamente mutis por el foro, al lograrse una sana

alternancia democrática del partido en el Gobierno.

Aparte de que en política es siempre aventurado fiarse de pactos y promesas, el alejamiento del PSOE de

los análisis marxistas le ha impedido ver un hecho tan obvio como es el de que la derecha en este país no

está nada dispuesta a ceder los trastos. En cuanto le ve las orejas al lobo aunque en este caso sea un lobo

poco feroz— destapa reflejos históricos, cierra filas y se defiende con uñas y dientes.

El reciente congreso del PSOE tenía que haber aclarado, o al menos haberse planteado, si es o no

inevitable la confrontación democrática y civilizada, pero abierta, con la derecha y decidir una política en

consonancia. Claro que con ello perderíamos el suspense en que vivimos ahora, donde tan pronto Felipe

González se pasa horas en la Moncloa, como Alfonso Guerra pone cual chupa de dómine, del presidente

del Gobierno para abajo, a todo el que se le pone por delante.

Mala organización

En cuanto a que el PSOE está mal organizado, es algo evidente,

Tan mal organizado que ni siquiera es capaz de evitar el poco edificante espectáculo de la unanimidad en

las votaciones. Y es que, de 1974 a la fecha, se ha tenido buen cuidado en potenciar desde arriba al

incondicional y de arrumbar al discrepante. En su origen, en un partido que se estaba rehaciendo, aquello

tenía sy posible justificación. Pero hoy. cuando la dirección del partido nadie la discute, resulta negativo a

más no poder, y sólo se explicaría por reflejos condicionados del pasado. Mala cosa, porque no sólo la

opinión pública loma, con razón, a chirigota votaciones del 99% o del ciento por ciento, sino porque el

funcionamiento cotidiano de la organización se resiente enormemente. Entre tantos casos que cabria citar,

sólo indicaré uno bien reciente y sonado: el de Alonso Puerta en el Ayuntamiento de Madrid.

El asunto ha sido grave, porque ha deteriorado la imagen del PSOE. Sus causas, sin embargo, son

evidentes y relativamente fáciles de corregir. No se trata, desde luego, de que haya habido corrupción,

que no ha existido en absoluto, y mucho menos de enfrentamientos ideológicos. Se ha tratado, pura y

simplemente, de una lucha descarnada por el poder entre dos facciones. Una de ellas, la de Alonso Puerta,

encaramada en el poder con todas las bendiciones del aparato cuando era un incondicional, fue sustituida

después, al aparecer otros mis listos o más eficaces. Al no resignarse ci interesado, en una falsa maniobra,

se clavó él mismo el puñal con el que quería vengarse de otros. Un suicidio político y unas nocivas

consecuencias que podrían haberse evitado con primar menos el incondicionalismo y con la simple

difusión en el partido de una idea tan socialista, tan elemental y tan implantada antaño en el PSOE, de que

un militante no ha de tener por meta principal en su vida política el poder personal.

Algunos pensamos que, con carné o sin él, hay unas cuantas decenas de miles de socialistas en España

que queremos trabajar por el socialismo, pero sin que ello nos obligue a ser incondicionales. Respetamos

a la mayoría actual, pero queremos que se nos deje participar, y no sólo de comparsas. ¿Es eso posible?

¿Tan difícil sería equilibrar las fuerzas centrífugas y centrípetas que actúan en toda organización? El

congreso tampoco ha dado respuesta a estas preguntas.

Quizá de todo ello, de una política más clara y de una organización más numerosa y abierta, dependa, ni

más ni menos, el ganar o perder las próximas elecciones. Reflexionar sobre ello, pues, bien vale la pena,

Francisco Bustelo es senador socialista y rector de la Universidad Complutense.

 

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