Autor: Solana, Luis . 
   Ferrer ha perdido las elecciones     
 
 Diario 16.    18/06/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Diario 16 / 18- junio-82 OPINIÓN

LUIS SOLANA

Diputado del PSOE por Segovia

Ferrer ha perdido las elecciones

No ha sido sólo la UCD la perdedora de las elecciones andaluzas. También los empresarios, según el

autor de este artículo, han comprometido seriamente su imagen. Para contrarrestar el polémico cartel del

gusano, se propone aquí una manzana empresarial con el yugo y las flechas.

Los andaluces han fabricado triunfadores y derrotados —normal— y han dado lugar a mayorías y

minorías en el Parlamento de su comunidad autónoma —legal—. Pero existen otros resultados que no han

sido suficientemente valorados a la hora de saber el qué y el cómo del pierde/gana andaluz. Hay un grupo

concreto que se ha presentado a las elecciones andaluzas más o menos de tapadillo y ha resultado

trasquilado: el constituido por ciertos dirigentes frustrados de la CEOE.

Digo dirigentes (no confundir con empresarios), y digo frustrados (personajes que querían ser políticos y

no lo son oficialmente).

Intereses

La CEOE se lanzó a una campaña, no en defensa de unos intereses gremiales dignísimos, sino para que

fuese derrotado un partido político concreto. Y ha habido voces que han dicho que eso está dentro de las

normas constitucionales sobre la libertad de expresión. Muy bien. Ahora vamos a suponer que dentro de

unos días se celebran elecciones a la junta directiva de la CEOE y entonces yo sugiero a Guillermo

Galeote que inicie el PSOE una campaña más o menos como ésta que me permito sugerir a los técnicos

de mi partido.

Un cartel podría presentar una fruta paradisíaca que Ferrer sostendría con su mano derecha en actitud de

ofrenda a un personaje con cara de parado por reconversión industrial. La manzana llevaría un gran yugo

con cinco flechas cruzadas (alternativamente podría imprimirse el «víctor del Caudillo»). El complicado

mensaje sublimal que encerraría este cartel —lo explico por si alguien no lo capta plenamente— es que si

gana las elecciones a la presidencia de la CEOE el señor Ferrer, inmediatamente aparecería el pasado

franquista y dictatorial. Otro póster presentaría el perfil de González Estéfani y el de Segurado con una

pregunta a grandes letras: «Empresario, ¿a cuál de los dos estás votando?»

No dudo que la Constitución impide esta publicidad, pero tampoco me negarán los lectores que resultaría

de dudosa ética. Y, además, si a pesar de esta campaña el señor Ferrer saliera elegido presidente por

abrumadora mayoría, el PSOE habría recibido un voto colateral negativo por parte de los empresarios,

por lo que en cierta medida debería considerarse derrotado. Pues esto es lo que les ha ocurrido a ciertos

dirigentes de la CEOE en Andalucía.

Derrota

Estamos pues ante el fenómeno nuevo de que unos dirigentes de la organización patronal se han

presentado a las elecciones andaluzas y han sido estrepitosamente derrotados. Y ahora, ¿qué pasa? Pues

pasa que la CEOE debe abrir un debate interno —pienso yo— para clarificar si esta actitud de ciertos

dirigentes patronales es aceptada o aceptable por la mayoría de los empresarios o no lo es. En caso

negativo o de duda, el señor Ferrer, dimitirá seguramente.

A mí me parece que Ferrer Salar ha hecho un flaco servicio a los empresarios andaluces e indirectamente

a todos los empresarios españoles. Primero, por lo ya dicho de arriesgado precedente traspasable a otros

campos. Segundo, porque muchos empresarios mañana mismo pueden tener necesidad de apoyos,

créditos, autorizaciones, etcétera, procedente de aquellos a los que se ha combatido electoralmente.

Demagogia

¿Con qué cara se entrevistará ese empresario inocente cuya imagen esté afectada por la campaña de la

CEA (Confederación Empresarial Andaluza) y un responsable económico de indudable buena fe que ha

sido agredido póster a póster? Ese empresario quiere invertir, crear y ganar dinero. Lo va a poder hacer

con unos y con otros (lo sabe) por lo que no le interesa enfrentarse a unos ni a otros.

Naturalmente, acepto que en su concepción política desee que gestionen el Estado unos y no otros, pero

eso no quiere decir que haya que poner clavos y troncos en la carretera, sino todo lo más algunos

anuncios cercanos al arcén para mejor información de los que por ella circulan.

En Andalucía se ha intentado pinchar las ruedas y bloquear los radios de un partido, por parte de unos

dirigentes patronales absurdamente convertidos en políticos demagógicos. Han perdido ellos también

unas elecciones a las que nadie les había llamado y ahora, en pura coherencia política, supongo que los

empresarios pedirán cuentas a esos gestores sobre el porqué y el cómo de unas actitudes y de un fracaso.

Espero del sentido común de la clase empresarial que den un escarmiento diligente a quienes pueden

poner en entredicho las buenas relaciones entre unos sectores de cuya tensión dialéctica sólo beneficios se

derivarán, pero de cuya agresividad sin salida sólo males para todos se pueden extraer. Quizás sólo haga

falta un poco de educación cívica. O simplemente de educación.

 

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