Autor: Solana, Luis . 
   ¿Se puede ser optimista?     
 
 Diario 16.    24/11/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

LUÍS SOLANA

Diputado del PSOE por Segovia.

¿Se puede ser optimista?

En medio de tantas lamentaciones hay muchas razones para ser optimistas respecto al futuro de la

democracia en España. Ha habido éxitos importantes en nuestra convivencia, nuestro país goza de

prestigio internacional y dos de los principales poderes fácticos apuestan por la democracia si se sabe

dialogar con ellos. Ni la Banca ni el Ejército son golpistas, afirma el autor.

Soy el primero en aceptar que mientras que la UCD no resuelva su misteriosa racionalización de poderes

no se podrá pensar en nada. Han hecho bien todas las personas responsables —y en especial el PSOE—

en hacer de cirineo llevando la cruz a cuestas de la normalidad a pesar de que todo el mundo sabe que

había crucificados en montañas próximas. Pero ya tenemos una respuesta tentativa: un presidente de

Gobierno asume la presidencia de un partido. Ya está Leopoldo Calvo Sotelo llevando la responsabilidad

del conglomerado que ganó las elecciones. Y ahora, aparcado ese tema, pregunto al lector: ¿Por qué no se

une usted a los optimistas? Vamos a repasar esperanzas.

A. Banqueros: Desde la presencia de Rafael Termes en la manifestación del 27-F no había habido una

toma de posiciones del mundo bancario tan clara y tan neta como la de Escámez al apoyar la democracia

como sistema en el que no encuentra dificultad para vivir y ganar dinero. Estamos hablando de don

Alfonso Escámez, presidente del Banco Central, el segundo banco de España, antiguo senador real, «self-

mademan», silencioso desde hace tiempo, y con una forma de pensar que nadie duda. Pues bien, ese

Escámez ha dicho en los Estados Unidos que le gusta la democracia.

La Banca —avisa— no está por el golpismo. Dijo que ha comprendido racionalmente que, a pesar de

todo, España con libertad permite vivir confortablemente a la Banca, porque avasallar no es igual que

competir y ganar en competencia.

Ya sé que alguien me podría preguntar: ¿y los del Banesto? No preocuparse: creo que les falta poco para

encontrar su equilibrio y conectar totalmente con los ciudadanos; no se puede olvidar que ellos no tienen

resuelta su operación transición. Dejémosles tiempo. Hay datos esperanzadores y una mayoría de

dirigentes que entienden la nueva era. Un poco de paciencia.

Que gane el mejor

Si a mí los banqueros me juran por sus balances que aceptan la democracia y que apoyan la libertad, no

me importa que me digan la segunda parte de su mensaje: no están dispuestos a aceptar sin más que

Felipe González sea primer ministro. Vale. Vamos al pulso limpio y que gane el mejor. Los banqueros

pondrán su dinero, y los socialistas, su razón; vamos a ver qué pasa. Porque, no nos engañemos, ¿qué

recursos puede poner en juego en la parapolítica la CEOE si no se los coloca a mano la Banca? Ni un

duro. Ni eléctricas, ni seguros, ni uno solo de los grandes sectores económicos darían una peseta a nadie

sin el visto bueno de la Banca. Que a la vez encuentren a Felipe encantador y a ciertos socialistas muy

educados y agradables no tiene nada que ver con que van a hacer esfuerzos económicamente

desesperados para que en la Moncloa no haya un socialista.

B. Militares: Claro que hay hombres de uniforme que quieren usar su fuerza para forzar la dirección de

España. Pero reconocer a esas minorías no es igual a estar todos los días atónito con la oreja pegada al

suelo para ver si se oye el trueno producido por la manada de búfalos de los acorazados. No es verdad que

el Ejército sea golpista. Es conservador y odia el vacío de poder, pero no es golpista.

Es cierto que la UCD ha puesto a tiro demasiados sueños insensatos, pero si hubiera un Gobierno firme y

con ideas claras, nadie pasaría de la intriga de bar. Vamos a ver si nos enteramos todos de que, por

ejemplo, «El Alcázar» no es el órgano de los militares, es un órgano de una especie de partido político

que sabe hacer bien su oficio, pero no son las Fuerzas Armadas.

Miles de oficiales y suboficiales quieren a su España, con defectos y errores, pero en paz y libertad. Miles

de oficiales y suboficiales —¿lo quiere usted creer?— no están dispuestos a disparar un tiro contra sus

compatriotas. Hablemos con los militares con claridad, entendamos sus problemas, expliquémosles los

nuestros y sepamos que ellos tienen los mismos dramas encontrados que todo el organismo vivo que es

España tras el terremoto de la muerte de Francisco Franco. Pero ni miedos, ni claudicaciones, ni

incomprensiones.

¿Golpistas? Puede haberlos. Pero saben bien que no hay hoy —por ejemplo— ni un país, ni una

multinacional que pusiera a su disposición pólvora, dólares y petróleo suficiente para conservar el

poder más allá del plazo de la locura.

Prestigio exterior

C. Internacional: A pesar de colzas y mejillones, a pesar de Tejero y las corridas de toros, España

tiene el prestigio internacional más elevado de su historia reciente.

Personajes como Juan Carlos I o Felipe González son populares en rincones donde a lo mejor ni se

conoce bien nuestro perfil en el mapa. Incluso, Adolfo Suárez ha dejado inacabado un tejido de leyenda.

Si algo resulta especialmente sorprendente en la decisión atlantista adoptada por el Gobierno es que no

hacia falta. La realidad es que las grandes líneas de penetración internacional para España están abiertas

todavía y un gran acuerdo nacional hubiera sido factible para empezar a recoger algo de ese capital

sembrado por el mundo.

D. Éxitos: En este apartado habría que hacer una larguísima retahila de auténticos logros de la

democracia. Cito algunos sin más comentarios.

El complejo ovillo de las autonomías empieza a devanarse ordenadamente y —se quiera o no aceptar por

los interesados— tanto vascos como catalanes tienen ya en la mano un instrumento que funciona; ancho,

estrecho, corto o largo, pero funciona. Entre capital y trabajo se sabe ya pactar y una empresa no es ya un

permanente campo de Agramante. El terrorismo ha condenado a muerte a menos seres humanos y hay

como una esperanza de que, por uno o varios caminos, se pueda lograr que las pistolas se encierren, no

sólo que se enfunden. La derecha y la izquierda van encontrando sus representantes políticos

confortables, y las crisis de los partidos van dando como resultado una mayor clarificación de posiciones

y ofertas.

Entonces, ¿por qué no es usted más optimista? Simplemente con que no hubiera ni un minuto en que se

pudiera pensar que hay vacío de poder, o mejor, suspensión de ejercicio de poder, la democracia tiene la

estabilidad asegurada.

 

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