Los empresarios ante la Estrategia Económica Socialista. 
 El programa económico del PSOE peca de inmadurez     
 
 Diario 16.    21/03/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 22. 

Los empresarios ante la Estrategia Económica Socialista

Para Julio Pascual, el PSOE peca de «ingenuidad, falta de realismo y desconocimiento de la

economía»

Las medidas financieras provocarán unos costes más elevados que los actuales

El programa económico del PSOE peca de inmadurez

Julio Pascual, secretario general de Confemetal y presidente del comité de política económica de la

patronal CEOE, inicia hoy una serie de opiniones empresariales sobre el programa económico del Partido

Socialista.

P. — Julio Pascual, ¿qué opinión le merece el documento socialista?

JP. — ¿No le parece a usted un poco «camp» que hablemos de este tema?

P. -- ¿Camp? ¿Por qué?

JP. — Porque es un papel éste sobre el que usted me pregunta, que hace apenas tres semanas que se ha

publicado y no ha merecido la atención de los medios informativos más allá de dos días. Hoy, realmente,

nadie habla ya del programa.

P. — ¿Cuáles serían, a su juicio, las razones que justificarían un fenómeno de este tipo?

JP. — La razón es muy sencilla. Creo que el documento llamado Estrategia Económica Socialista ha

producido una profunda decepción, totalmente justificada, desde mi punto de vista, puesto que el PSOE

no ha elaborado un programa económico para gobernar, tal como hubiera sido natural en un partido que

aspira a ser la alternativa de poder. Se ha limitado, en cambio, a hacer un simple manifiesto de objetivos

meramente ideológicos, con una propuesta de medios que resultan contradictorios, no permitirían

alcanzar los fines perseguidos ni ayudarían a remontar la crisis económica. Creo sinceramente que es un

papel que no está a la altura de un partido que aspira a gobernar. Esto me preocupa mucho, ya que el

PSOE en otros temas está dando muchas pruebas de estar inserto en un proceso acelerado de maduración;

en el tratamiento que da a los temas económicos, sin embargo, sigue demostrando una gran falta de

cuajadura. Yo diría que los planteamientos económicos del PSOE —incluyendo este documento— pecan

siempre de los mismos defectos: ingenuidad, falta de realismo y desconocimiento de cómo funciona la

economía.

P. — Me parece que usted centra su crítica en tres puntos: que los objetivos del programa son de corte

ideológico y que los medios propuestos son contradictorios, unos, e ineficaces otros. Estos son los tres

puntos centrales de su argumentación, ¿no es asi?

JP. A ellos agregaría uno más. Las pocas referencias aparecidas en la prensa, recogiendo opiniones de la

gente acerca de la Estrategia Económica Socialista, coincidían en destacar la moderación del documento.

Yo pienso que tales opiniones han sido el fruto de una lectura rápida ya algo ingenua. Creo que el

programa es suave en la forma, pero contiene en el fondo una importante carga de socialismo estatista.

Esta característica lo hace incompatible con los programas económicos de los partidos socialistas en otros

países occidentales. Como ejemplo de esta afirmación señalaré el tratamiento que se da al sistema

financiero, en donde aparentemente se respeta el que sean las instituciones privadas y el mercado los que

operen, aunque sin embargo se proponen una serie de medidas para su reforma que podrían llevar a la

desaparición del mercado de valores a medio plazo. No llevaré a situaciones diferentes un planteamiento

—como el que se hace— basado en el control de las comisiones de los intermediarios financieros y en la

capacidad discrecional del Gobierno respecto a la creación de sucursales bancarias, por ejemplo. Este tipo

de medidas conlleva una carga de socialismo autoritario, incompatible con el socialismo democrático que

en los demás preconiza el partido.

Algo parecido ocurre con el tratamiento que se da al tema del suelo y de la vivienda. La fórmula que se

propone es muy curiosa y consiste en que los ayuntamientos tengan la posibilidad de expropiar terrenos

sin pagar en dinero por ellos sino canjeándolos por otros. Hace falta poca imaginación para intuir la

solución final del proceso. Esto, en la práctica, llevaría a una expoliación de los propietarios actuales del

suelo y desembocaría en un pleno dirigismo estatista en el uso de la tierra.

P. — Estos ejemplos revelarían la no ingenuidad del programa. Sin embargo ha dicho usted antes que una

de sus características es la contraria. ¿En qué sentido ha hablado usted de ingenuidad?

JP. — Se lo diré con algunos ejemplos. El documento reconoce que los costes del sistema financiero

español son altos, pero esto no le impide establecer que la banca privada deberá asumir, en forma

permanente, determinados valores a precio inferior al de mercado. Con esto se conseguiría que el coste de

financiación total fuera mucho más alto, contrariamente a la reducción pretendida.

Por otra parte, hay que tener presente que el incremento salarial en la banca, en los últimos cinco años, ha

sido de un 300 por 100 y que el coste laboral en la intermediación equivale a más de la mitad. No parece

muy serio que se hable de reducir los costes de intermediación y no se aluda para nada a este tema.

El PSOE, en su documento económico, ha olvidado el coste laboral de la intermediación y ha olvidado el

incremento que experimentó en los últimos cinco años. La ingenuidad del documento queda también

patente en las primeras páginas donde, después de reconocer que el sector público funciona en España

muy mal, se preconiza su extensión a nueva áreas de la economía que son rentables, dinámicas y

generadoras de empleo. Mi pregunta es ¿para qué? ¿Para convertirlas en no rentables, estáticas y no

generadoras de empleo? Si reconocemos que el sector público asigna peor los recursos que el sector

privado, esta intención de ampliarlo es, a la vez, contradictoria, ingenua e introduce ese larvado

socialismo estatista al que he hecho mención antes.

P. — Insiste usted mucho en las contradicciones del programa. ¿Podría señalar alguna, a modo de

ejemplo?

JP. Ya es un ejemplo de contradicción el que acabo de señalar. Otro caso muy claro es esa fórmula de

reconocer que el crecimiento de los salarios por encima de lo que el sistema económico puede soportar

acaba siendo malo para los propios trabajadores, proponiendo sin embargo que se incremente el «salario

social». Llaman así al conjunto de satisfacciones que pueden recibir los trabajadores a través de bienes

públicos. Pero si reconocemos que el sector público es peor que el privado en la asignación de recursos

escasos de la sociedad, no será positivo el incremento de su dotación. Tampoco será neutral y, a la larga,

irá en perjuicio de la propia clase trabajadora. Ha sido demostrado empíricamente, en unos estudios

hechos por Francia, que por cada empleo que se crea en el sector público se destruyen dos puestos di

trabajo en el sector privado. Hay que concluir, entonces, que el crecimiento del salario social y, en

consecuencia, el crecimiento de la Administración Pública producirán como efecto el que la generación

de empleo total sea menor.

P. — En el campo sindical, sin embargo, los empresarios suelen reconocer gran realismo a los

socialistas...

JP. — Precisamente, creo que el planteamiento sindical del PSOE es uno de los muchos ejemplos que se

podrían citar —el tema del orden público es otro— para demostrar que el PSOE hoy no es el mismo que

el de hace unos años y que ha madurado rápidamente. En el campo sindical los socialistas han cobrado

conciencia de que la utilización de la movilización de masas (usada subterráneamente durante el régimen

anterior) no es propia del sindicalismo en un modelo organizado de convivencia. UGT demuestra haber

comprendido lo que es un sindicato moderno y se muestra dispuesta a negociar con la patronal un marco

de relaciones laborales fluido y fecundo para el futuro. Pero esto abunda en lo que venía diciendo. La

madurez socialista en muchos temas —como el sindical— no se extiende a su propuesta económica,

plagada de muestras de ingenuidad y falta de realismo.

P. — Sí. Ahí tiene usted el tratamiento que se da al sector nuclear. Se propone nada menos que una

congelación del sistema nuclear español sin dar soluciones, cuando es obvio que este país no puede vivir

sin energía nuclear en los próximos años, ya que una posición obstruccionista en este sentido nos

Condenaría a volver a las velas y al carburo. Un partido socialista, que dice aspirar a gobernar, no puede

carecer de solución para que los españoles se iluminen dentro de unos años. Un ejemplo similar es su

propuesta de nacionalización de la red de alta tensión, que conduciría a la ruina de las empresas eléctricas

y a que el Estado se apodere de las mismas sin haberlas pagado.

Un ejemplo de ingenuidad, finalmente, es el tratamiento del tema del empleo. ¿Cómo se puede pensar

seriamente que una forma de suprimir el paro es reducir la oferta de trabajo? Si el remedio fuera aumentar

la escolarización y disminuir tanto la edad de jubilación como la jornada diaria, podríamos llevar el

razonamiento hasta el absurdo de afirmar que tendiendo hacia la jornada cero llegaríamos al pleno

empleo.

Sin necesidad de reducir las cosas al absurdo, si redujéramos la edad de jubilación en cinco años, el efecto

directo sería que la población activa tendría que sostener a quienes han sido retirados de la producción.

Las sociedades modernas están suficientemente sensibilizadas sobre estos temas como para comprender

que el Estado, como detractor de impuestos y prestatario de servicios no es más que un falso Rey Mago

que da lo que ha quitado la víspera, excepto lo que se ha guardado para alimentarse a sí mismo.

JP. — Resumiendo, creo que este programa pone en evidencia que el nivel de maduración alcanzado por

el PSOE en muchos órdenes no se refleja en su propuesta económica. Por el contrario, en este tema

demuestra carecer, por el momento, de capacidad de gobernar. Sus grandes fallos me parece que son:

ingenuidad, falta de realismo, ideologización de los problemas y una tendencia larvada hacia un

socialismo estatista incompatible con la posición del PSOE en otros campos de la política, en los que se

comporta de acuerdo con un modelo de socialismo democrático.

 

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