Autor: Múgica Herzog, Enrique . 
   La derecha sigue cabalgando     
 
 Diario 16.    23/02/1981.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

ENRIQUE MUGICA HERZOG

Secretario de relaciones políticas del PSOE

La derecha sigue cabalgando

El dirigente socialista Múgica piensa que con la llegada de Calvo-Sotelo se abre el reencuentro del

conservadurismo consigo mismo, al comentar el programa del candidato a la presidencia del Gobierno.

«La derecha cabalga de nuevo, y si alguna vez pareció diferente es simplemente que desensilló el tiempo

necesario para reponer fuerzas.»

Las cosas vienen de lejos y los permanentes aprovechadores de nuestra historia pretenden continuar

usufructuándola. Pueden cambiar las formas, variar las modas, alterarse las palabras, mas persisten,

obstinados, los mismos intereses.

Cuando Calvo-Sotelo afirma que dirigirá el Gobierno en la continuidad, pero sin la inercia de la

continuación, está jugando con las notas que imperturbablemente la derecha desgrana sobre un único

pentagrama. Es la eterna canción del príncipe de Lampedusa, exigiendo que las cosas se muevan para que

nada cambie en profundidad.

Con Calvo-Sotelo sabemos a qué atenernos. Posee al gesto discreto de las buenas familias; sabe

comportarse con el canon que los salones imponen, y comprende que la altanería ha de corregirse, a

tiempo, con alguna palabra cordial aunque no tanto que rompa las distancias. Se ha percatado de que la

frivolidad de su predecesor debía ser enderezada mediante seriedad; que la reiteración en el abrazo, por el

mero apretón de manos; que la picardía a flor de piel, por la estudiada severidad del rostro.

Bajo un mesócrata

A las gentes, que a la muerte del anciano general habían refugiado sus intereses, sus miedos o sus dislates

bajo la protección de un mesócrata con título de licenciado en Derecho, había que darles ahora la

certeza de un apellido patricio y de un distinguido doctorado en Caminos, Canales y Puertos.

El conservadurismo, al fin, se reencontraba consigo mismo, y ya no requería oportunismos arrendados.

Habla que adquirir valores de cotización segura sin adentrarse en las incertidumbres de la aventura. La

política internacional de Suárez, que hasta se permitía aportar a Carter soluciones para los problemas del

Medio Oriente, había de ceder ante otra más estricta que, armonizando objetivos con medios, no rebasara

la estricta cuadratura de un patio de vecindad del barrio de Salamanca.

Entre Portugal, Gibraltar, Marruecos y Francia ha de encerrarse nuestro destino. Ya hasta el Mediterráneo

es demasiado amplio cuando los límites del empeño se confunden con los del estanque del Retiro; y lo

que podía convertirse en fructífero entendimiento iberoamericano se reduce a cacareada retórica de siglos

pasados.

Mas para que no se impute carencia de visión planetaria, se descubre la vocación atlantista concretándose

en apéndice de un bloque militar de cuyo inicio y desarrollo estuvimos ausentes. Los socialistas

mantenemos que somos Occidente, y que debemos contribuir a la defensa común, en forma idónea y

especifica, con los menores riesgos y manteniendo en lo posible el statu quo, pero sin que ello nos obligue

a convertirnos en cabeza del Bautista.

Letra de cambio vencida

Calvo-Sotelo tiene razón cuando se irroga la continuidad sin la continuación. Suárez, en estos momentos,

tiene apariencia de letra de cambio ya vencida, aunque los políticos, incluso agnósticos, la única parte del

Credo que tienen en cuenta es la que habla de la resurrección de la carne; por eso su sucesor, al afirmar

que la transición ha terminado, viene a decir que él no es continuación del nacido en Cebreros, mas

también al asentarse en la continuidad se vincula a la prolongada historia presidida por la derecha que

este país viene padeciendo desde tiempo inmemorial.

Nada en su programa permite adivinar que aquí existen 37 millones de ciudadanos. Nada presentir que la

gente no está compuesta por entes abstractos, sino por seres de carne y hueso con necesidades que hay

que cubrir, insatisfacciones que se deben superar, y frustraciones que se require aminorar. Nada intuir que

hay cosas que se llaman calidad de vida, bienestar social, educación, sanidad, cultura, derechos civiles

propios de nuestra época.

Cuando el poder fundó UCD para que la derecha se sintiera protegida de sus propios amedrentamientos,

sus muñidores hablaban de un centro progresista y responsable, e incluso elucubraban sobre el centro-

izquierda. Pero la cara asustada e incierta de Fernández Ordóñez durante el debate —todo un poema—

expresaba, a sensu contrario, que se había terminado con caprichos y lirismos. Allí mostraba Calvo-Sotelo

la opaca certidumbre de las realidades de siempre. Las palabras reforma, transformación, cambio,

modernización, caían en el saco despiadado de las ilusiones perdidas.

Austeridad y promesas

Cuando el prohombre pedía austeridades a cambio de pequeñas promesas, anunciaba, en realidad, que las

contrapartidas se reducirían a mera semántica sin mañana, confirmando, una vez más, que la derecha, al

carecer de credibilidad para empuñar esperanzas, tiene que contentarse con esparcer expectativas.

Leopoldo Calvo-Sotelo es fiel a sí mismo, a sus tradiciones y valedores cuando sin maquillaje de ninguna

clase pugna para que sus imágenes votivas las de Ronald Reagan y Margaret Thatcher configuren nuestra

realidad.

La derecha cabalga de nuevo, y si alguna vez pareció diferente es simplemente que desensilló el tiempo

necesario para reponer fuerzas.

Ahora quiere que nos instalemos, como tantas veces, en «Esa España inferior que ora y bosteza, / vieja y

tahúr, zaragatera y triste», a la que se refería Antonio Machado. ¿Lo conseguirá?

De nosotros depende, ahora o pronto, que se quiebre su ciclo, prolongado, mostrenco y desalentador.

 

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