Autor: Reflexiones socialistas (grupo de opinión). 
   Ni siquiera socialdemócratas (y II)     
 
 Diario 16.    01/11/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

OPINIÓN 1 -noviembre-80 / Diario16

«REFLEXIONES SOCIALISTAS»

Equipo formado por Manuel Turrión, Manuel Abejón, Federico Fernández y José Manuel Morán,

militantes del PSOE

Ni siquiera socialdemócratas (y II)

En la segunda parte de este artículo —la primera fue publicada ayer— este colectivo pone en evidencia

las incongruencias de la actual dirección socialista. «Es la hora de pedir responsabilidades ante tanto

fracaso, pues lo malo no es que nos "socialdemocraticemos", sino que ni siquiera hacemos eso.»

Desde las elecciones del 79, la «nueva» dirección salida del congreso extraordinario ha ido improvisando

recetas, repartiendo palos de ciego y montando fugas hacia delante que hiciesen olvidar los numerosos

fiascos.

Así, todos hemos asistido estupefactos al acercamiento a los «progresistas» de UCD, nos hemos

sorprendido cuando Felipe, emulando pasadas acciones de guerra, parecía alentar la vana ilusión de

romper el partido del Gobierno y no nos dieron tiempo pura comprender aquello de la «nueva mayoría» o

lo más reciente del «gobierno de gestión».

Mientras tanto, nunca llegamos a vislumbrar qué hay detrás de tanta descalificación del señor Suárez,

como si desapareciendo éste se arreglase todo, y tampoco sabemos qué obstáculos hay para tomar un

rumbo firmemente socialista que ponga fin al ensayo de convertir al PSOE en unas siglas exclusivamente,

carente de todo contenido ideológico y sin relevancia política apreciable.

Ni siquiera socialdemócratas

A pesar del grave apartamiento de las propuestas de la dirección del PSOE respecto a nuestro proyecto

fundacional, no es este el momento de teorizar sobre las insuficiencias, tanto teóricas como prácticas, del

modelo socialdemócrata, rechazado mayoritariamente por las bases fieles al ideal socialista y que los

dirigentes, algunos explícitamente y otros sin reconocerlo, gustosamente pretenden instrumentar.

Si es, sin embargo, la hora de pedir responsabilidades ante tanto fracaso, pues lo malo no es ya que nos

«socialdemocraticemos», sino que ni siquiera hacemos eso. Una cosa es la facundia de Fernández

Ordóñez o los buenos deseos de los supuestos técnicos socialdemócratas del PSOE y otra muy distinta la

elaboración de verdaderos programas eficaces.

No hay programa alternativo

Lo grave es que, atendiendo a una concepción política que hace tiempo que abandonó los ideales

socialistas, se ignora la experiencia histórica del movimiento obrero en general y del partido en particular

y se carece de una mínima capacidad de análisis de la realidad circundante.

De esta forma no sólo se ha fracasado en alcanzar las diferentes metas propuestas, sino que brillan por su

ausencia programas alternativos que oponer a la incapacidad gubernamental, si, por supuesto, se

descuentan los tópicos de los que gusta Felipe González, tan llenos de buenas intenciones como vacíos de

ideas y maneras con que resolver los asuntos concretos.

Lo peor no es que los compañeros ejecutivos intenten ser socialdemócratas, sino que ni eso consiguen, ya

que para ser reformistas hay que conocer el qué, el cómo y el cuánto se quiere reformar y tener los

equipos precisos para hacerlo.

Claro que difícil es conseguir la conjunción de equipos cuando se acaparan responsabilidades de toda

índole, se desconfía de los que mantienen criterios independientes, se asiste indiferente a la retirada de

militantes de probada capacidad política o técnica y se promociona a conocidos que no pueden suplir,

pese a su aplicación, las limitaciones inherentes a su sumisión.

Programa máximo y programa mínimo

Muy al contrario, tenemos que volver a insistir en que si queremos que nuestro partido asuma su papel

habrá que conjugar dialécticamente, como siempre se hizo, nuestro programa máximo, que resume los

fines últimos y que imprime sentido a las tareas de movilización de la sociedad civil, con un programa

mínimo, que precisa los objetivos a corto y medio plazo y señala el compromiso con el electorado.

Tenemos que ser honestos con nuestros conciudadanos, y ante la ineficacia, el desgobierno y los apaños

coyunturales que prodiga el actual Gabinete no podemos contentarnos con ofrecernos como «oposición

responsable». Los socialistas tenemos la obligación de presentar propuestas operativas que, con la energía

y vitalidad precisas, permitan reformar en profundidad nuestra sociedad, posibilitando a un tiempo

«europeizar» la vida española y sentar las bases de una sociedad más justa y solidaria.

Para ello ni se requiere renegar de los orígenes ni moderar las propuestas para contentar a la derecha.

Simplemente basta con retomar el rigor y la seriedad, necesarios e imprescindibles, para resolver los

problemas y a la vez ilusionar a una militancia con tareas comunes previamente debatidas por toda la

organización.

No estamos pidiendo que nuestro partido se tecnocratice, o, lo que algunos propugnan

irresponsablemente, que se convierta en un partido de cuadros, sino que vuelva a ser el partido de Largo

Caballero, Julián Besteiro e Indalecio Prieto, donde no se marginaba a los capaces ni se ignoraba a las

bases, ni se rehuía el debate. Sólo así, el día que «lleguemos a la Moncloa» no sólo tendremos como

ministros a algunos compañeros, sino que estaremos avanzando hacia el socialismo.

 

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