Autor: Payne, Stanley G.. 
   El PSOE y el teatro del absurdo     
 
 Diario 16.    06/08/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

Diario 16/6 – agosto – 80

OPINIÓN

STANLEY G. PAYNE

El PSOE y el «teatro del absurdo»

«La actual dirección del PSOE ha desarrollado una práctica y en muchos casos sensata aproximación a

los problemas domésticos españoles. Sin embargo, si pretende llegar a gobernar con éxito, debe

desarrollar una aproximación igualmente realista a los asuntos internacionales.»

La importante frustración suscitada por el Gobierno del presidente Suárez durante la primera mitad de

1980 ha reabierto una vez más la cuestión del liderazgo en España. A pesar de su derrota en las elecciones

de 1979, este hecho ha permitido al PSOE gozar de nuevas posibilidades en el futuro inmediato. Mucho

más de lo que habría cabido esperar hace un año, los socialistas han conseguido presentarse como

alternativa política, aunque persisten serias dudas sobre si verdaderamente están preparados para

semejante papel.

La ingenuidad y la inexperiencia del PSOE resaltan mucho más en sus posiciones sobre la política

exterior española, mucho más gravemente desequilibrada que su posición en asuntos internos. Dicho

simplemente, no hay correlación entre la visión socialista de los asuntos políticos y militares

internacionales por un lado, y la realidad por otra, especialmente cuando se compara con lo que el PSOE

proclama como sus propios valores y principios.

Fomentan el separatismo

La posición oficial es que el partido socialista defiende el Gobierno parlamentario y las libertades

individuales. Esto hace absolutamente incomprensible la postura del PSOE en los asuntos internacionales,

puesto que opta por el «neutralismo» en la lucha internacional entre el totalitarismo y la democracia.

Ambas proposiciones no pueden ser ciertas a la vez; o el Partido Socialista Obrero Español no defiende

realmente la democracia parlamentaria y las libertades individuales, o bien no puede ser neutral en el gran

conflicto internacional del siglo veinte entre el totalitarismo y la democracia.

Los portavoces socialistas han repetido a menudo su rechazo formal del totalitarismo soviético, e insisten

en que su concepción del socialismo es totalmente diferente a la del comunismo soviético. Esto es sin

duda exacto, pero tiene escaso valor defender una postura meramente platónica de la democracia mientras

que de hecho se tolera la rápida expansión del totalitarismo por doquier.

La afirmación de que la OTAN constituye una fuerza «militarista» o «imperialista» equivalente al

expansionismo soviético es una proposición tan grotesca que no merece ser debatida seriamente. Durante

la década de los años setenta las armas soviéticas han establecido nuestros estados totalitarios marxistas

leninistas en Asia, Oriente Medio y África, mientras reducían al único satélite iberoamericano de la Unión

Soviética al papel de mercenario militar.

Las fuerzas armadas soviéticas se están ahora desplegando a lo largo de todo el Mediterráneo, las mismas

aguas atlánticas de España están llenas de barcos rusos y de operaciones de espionaje, al tiempo que el

espionaje dentro del propio país ha alcanzado proporciones masivas.

Agentes soviéticos intentan fomentar el separatismo terrorista en las islas Canarias y en otros lugares. Y

todavía la posición socialista es que todo esto es meramente equivalente a la política exterior de los

Estados Unidos o de Francia. Más que una visión mundial o un serio análisis de política exterior, la

posición socialista sobre la política internacional se asemeja a la política del «teatro del absurdo».

El PSOE ha sido históricamente un partido de grandes desastres, y de gran diferencia entre la teoría y la

realidad en sus líderes ha conducido a frecuentes derrotas de la política socialista. En 1917, en medio de

dudas y contradicciones, el PSOE apoyó la primera huelga general en la historia de España, que acabó

con un desastre.

Moscú prodiga sus elogios

Su primer intento de gobierno de colaboración y semi-reformista, entre 1931 y 1933, produjo una

polarización civil y una derrota electoral. La adopción del revolucionarismo de 1934 produjo un desastre

peor, y la retórica «maximalista» de los caballeristas en 1936 fue uno de los principales factores en el

desencadenamiento de la guerra civil.

La actual dirección del PSOE ha desarrollado una práctica y en muchos casos sensata aproximación a

muchos aspectos de los problemas domésticos españoles. Sin embargo, si pretende llegar a gobernar con

éxito, debe desarrollar una aproximación igualmente realista a los asuntos internacionales, puesto que la

democracia española no podrá nunca vivir segura en un mundo crecientemente dominado por el

imperialismo soviético militarista.

La contradicción de la posición del PSOE a este respecto aparece hasta cierta medida revelada en la

sugerencia hecha por alguno de sus líderes de que sería preferible para España la renovación de la alianza

militar con los Estados Unidos, en lugar de integrarse en la OTAN. La Unión Soviética, por supuesto, lo

sabe bien, y así Moscú es pródiga en elogios sobre la política exterior ambigua y apaciaguadora del jefe

del principal partido de la oposición española.

Un partido democrático responsable que aspira a gobernar con éxito en Madrid no puede basar su política

exterior sobre ideologías y falsas suposiciones. La supervivencia de la democracia en España depende en

último extremo, y depende absolutamente, de la supervivencia de la democracia en otras partes del

mundo.

 

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