Autor: Solana, Luis . 
   UCD cumple 25 años     
 
 Diario 16.    18/09/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

OPINIÓN

18-septiembre-80/Diario16

LUIS SOLANA MADARIAGA

Diputado del PSOE por Segovia

UCD cumple 25 años

Esta es una fábula del diputado socialista, que la centra en sus pesadillas veraniegas: «la clave de las

pesadillas era que la Unidad Central Dedocrática había cumplido su vigésimo quinto año en el poder».

¡Ay, Señor!, qué desgracia lo de mis noches veraniegas. Le juro, amigo lector, que hice todo lo posible

para evitarlo: tomé sales de fruta, comí platos ligeros, nada de alcohol a los postres. Inútil. Una vez más,

terribles pesadillas me han amargado el verano.

En todas ellas había un hilo conductor que me facilita contarles a ustedes la esencia del drama. Vamos a

ver si logro explicarme. La clave de las pesadillas era que la Unidad Central Dedocrática había cumplido

su 25 año en el poder. Atroz. ¿Comprenden ustedes el por qué de mi mal dormir este verano? Ahora, que

estoy despierto, un escalofrío me corre por la columna vertebral.

Segovia (capital) había mejorado mucho su tráfico rodado. Los coches eléctricos fabricados en Valladolid

circulaban cómodamente cada día. La razón (el lector se la habrá figurado ya) era que se habían ultimado

las obras del túnel de peaje bajo el acueducto que propició el ministro de Obras Nacionales asesorado por

el titular de Cultura.

La crisis número 48

A la inauguración del paso subterráneo (con tiendas de recuerdos a los lados) se había invitado al

presidente del Gobierno, pero no pudo acudir por estar resolviendo una nueva crisis ministerial: la

número 48. ¡Qué genio! Había soportado 23 mociones de censura sin subir ni una sola vez a la tribuna del

Congreso de los Diputados.

La gente se hacía lenguas. Los colectivistas habían equivocado su estrategia otra vez: lo que a la gente le

impresiona al contemplar, los debates por RTVE eran los estupendos gestos del presidente al encender un

cigarrillo tras otro aguantando las invitaciones de los colectivistas a que explicase si tenía alguna política

para dirigir el país. El presidente, quieto en su escaño. Se calculaba que 862 ex ministros cobraban

pensión gracias a las brillantes operaciones políticas del presidente. Por cierto, y hablando de pensiones,

supongo que los lectores saben ya por qué ganó las elecciones (entre otras cosas) la UCD año tras año: la

clave, los pensionistas. Había auténtica prisa en el país por llegar a la edad de jubilación. Era razonable.

Pensemos que un. trabajador de Seat cobraba en 1998 un millón ciento treinta mil pesetas al mes,

mientras que un pensionista alcanzaba los tres millones doce mil pesetas. En cada víspera electoral las

pensiones subían.

Los rumores sobre las listas gubernamentales habían sido el tema de conversación durante los cuatro

meses que tardó el presidente en componer la lista. La Agencia Europea (la mejor informada en estos

casos) decía en su boletín Noticia Express (que se distribuía por la noche para darle mayor

confidencialidad) que no era seguro que entrasen en el Gobierno un grupo de compañeros del presidente

de los cursos de Peñíscola ni ninguno de los suegros de sus hijas. Lo segundo lo desmintió rotundamente

durante una conferencia de prensa el envejecido señor Gavá.

Hernández Favílez

Unos cuantos iniciados sabían que Hernández Favílez había tenido una reunión con un grupo de

responsables de los colectivistas en casa de Manuel Groizier. «Estoy descorazonado; esto no hay quien lo

aguante; nadie sabe dónde vamos; yo no puedo más», decía nervioso y como esperando alguna llamada.

Por cierto, que llamadas no las hubo aquella noche, pero días después se sabía que Hernández Favílez

sería nombrado en el próximo Gobierno ministro para las Relaciones con el Tercer Mundo: era la sexta

poltrona-ministerial que ocupaba en el Gabinete.

Ya nadie se acordaba por aquellos días de la visita a España del anciano Papa polaco, que tanta influencia

había tenido en el replanteamiento de la estrategia del Sindicato Colectivos Obreros, pero lo cierto es que

en Unidad Central había hecho que los dedocristianos aumentasen su poder.

Lástima que su líder natural falleciera a finales de siglo tras presidir legislatura tras legislatura con

preocupante perfección técnica el Congreso de los Diputados.

Pero —a pesar de las críticas tantas veces injustas— la verdad era que la Unidad Central Dedocrática

había logrado dar un paso definitivo para dedocratizar su organización interna: fue un éxito.

Concretamente en su XVI congreso se acordó que fueran los gobernadores civiles los que

automáticamente fueran elegidos secretarios generales de la Unidad. Un historiador recordó en un

periódico de Soria que algo parecido había ocurrido durante la II Dictadura, pero nadie prestó atención al

artículo.

López Pueblo

Entre los grandes personajes de la Unidad seguía López Pueblo. Estaba ya algo viejo. Se hablaba de que

dejaría el Ministerio de Economía y Finanzas (gustó mucho en la COE su sentido autoritario) para pasar a

la presidencia del gobierno autónomo de CastillaLeón. Realmente se lo merecía tras lograr en 1994 la

incorporación de Segovia al proceso autonómico.

Pero parecía que —sea por este esfuerzo o por otras causas— se encontraba muy cansado. De todas

maneras daba casi igual quién llevase Economía, porque se sabía bien que, una vez más, se mantendría la

única política económica que había aprendido el presidente: la que le enseñó hacía lustros un economista

ya fallecido y de cuyo nombre no me acuerdo, pero que estaba relacionado con las Instituciones

Crediticias de Provincias.

Se decía por ahí que el día que la Unidad Central perdiese la Alcaldía de Segovia, el presidente perdería

el poder. La leyenda se la contó Humilde Cura al pobre Mayo Sabadell que, con malísima salud, dirigía

un criadero de pollos en Riaza.

Ya se sabe que todas las pesadillas tienen un final. Yo, lector, no quiero amargarle con estas líneas: le

aseguro que todo es un mal sueño. De todas maneras, me preocupa que cuando se lo conté a un chaval en

la Casa del Pueblo de Carbonero el Mayor me dijo: «Jo, macho, ándate con ojo no vaya a ser verdad». Me

dejó planchado.

 

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