Autor: Castellano Cardalliaget, Pablo. 
   La vuelta a los orígenes (y II)     
 
 Diario 16.    23/09/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 171. 

OPINIÓN

23-septiembre-80/Diario16

PABLO CASTELLANO

Diputado del PSOE por Cáceres.

La vuelta a los orígenes (y II)

Este diputado socialista piensa que «es preciso recuperar el anticlericalismo, el antimilitarismo, el

anticapitalismo y el antiburocratismo que constituyen la esencia del pensamiento socialista».

Utilizando una figura, el grafismo a que tan proclive es el actual jefe de Gobierno, la entrada como

albañiles en el edificio, que tiene que seguir funcionando en sus servicios eléctricos, suministro de agua,

tejados y ventanales, da cierto derecho a opinar cómo se hace la obra interna, pero no permite sustituir al

arquitecto ni variar los planos, y desde luego no convierte, hoy y aquí, en propietarios, sino en «alojados

laborales», por lo que el proceso a lo mejor resulta que está, como siempre, empezando cada día.

Esa profunda crisis de realismo tiene que comportar errores y descalabros como los que pasados los

primeros momentos se han alcanzado y se pronostican.

Nacionalistas burgueses

No es por ello de extrañar, sin una previa labor política de concienciación, ni demagógica ni agitadora,

que el porcentaje de sindicación en la llamada libertad sea paupérrimo, al igual que el de militancia

activa, y que éstos sólo se modifiquen en función del lamentable argumento de nuestro propio papel como

actores del hecho político, y la reilusión se suscite ante elecciones para ser senador o diputado, alcalde o

concejal, cuadro sindical o ministro y secretario de Estado, cuando ello se presente, hasta las listas

publicadas.

Y menos aún puede resultar inexplicable el famoso estallido de los grupos y organizaciones nacionalistas,

pues también en manos de la burguesía nacional de cada país está el protagonismo, no remitido ni

desertado, por mucho que algunos se triunfalizarán con los resultados del 15 de junio de 1977. Pero las

aguas vuelven a su cauce, pues estas burguesías también jugaron su papel en el franquismo y se

prevalieron de los privilegios de un hacer económico, que es el que importa, aún cuando tuvieren sus

contradicciones secundarias, que no graves, con el anterior estadio político.

La falta de realismo político ha podido inducir a creer que la derecha tradicional española usaría de las

nuevas instituciones, en la lógica defensa de sus intereses, pero en democracia sincera, olvidando que

esos intereses, hoy y aquí no son tales intereses como los de la derecha en otros países europeos, sino

privilegios injustos que a la larga la democracia ha de enterrar.

¿Cómo puede nadie extrañarse de la resistencia a la entrada en la Universidad de nuevos catedráticos, y el

veto del Consejo de Rectores? ¿Es que hay quien pueda pensar que la Universidad ha cambiado con la

simple promulgación de una Constitución, y han cambiado los que protegen estas concepciones de

Universidad fascista, aunque ahora no reciba ese nombre? ¿A quién puede extrañar la resistencia a la

reincorporación de los militares de la UMD?

Las dudas de los jueces

¿No es absolutamente farisaico e hipócrita levantar la voz contra jueces y magistrados que diligentemente

aplican el principio de la duda para la derecha asesina y administran generosamente la libertad

provisional, y cuando se trata de la izquierda son celosos aplicadores de las duras medidas represivas?

Ha habido una negligencia, culpable, casi delictiva irresponsabilidad o falta de realismo al pensar,

siquiera por un instante, que unos y otros, empresarios, administradores, clérigos, banqueros no iban a

tratar de mantener sus anteriores gabelas y adicionar a éstas lo que la democracia y la crisis política,

económica y social les diera por añadidura, apelando al sentido de responsabilidad, al concepto de Estado,

al Estado de derecho y legalidad.

¿Es esto una prueba de crisis del pensamiento marxista? ¿O es una crisis de una determinada forma de

analizar y de operar, con un voluntarismo bien lejano de lo que el realismo marxista exige?

Pero lamentablemente, la auténtica crisis, la crisis de comportamientos en la izquierda va a perdurar,

porque la autocrítica, la búsqueda sincera de las causas, y no de los efectos o consecuencias, se elude o

evita con las más peregrinas formulaciones destinadas a disimular yerros, en el mejor de los casos, o

actitudes de oportunismo que el tiempo demuestra que no tenían ni posibilidad de prosperar,

constituyendo el más triste pago y recompensa a la ambición y el falseamiento.

Ahí están el desencanto y el desenganche. Frente a ellos se afirma que la nueva sociedad instiga y

propicia el abstencionismo y la inhibición política. Que las nuevas generaciones «pasan de política», que

el fruto de la sociedad industrial es entre otros" la posible egoistización o la indiferencia frente a la cosa

pública. Y con estos latiguillos, aderezados con estadísticas de sociología comparada, se despacha

tranquilamente una situación, o por aquello del mal de muchos consuelo de tontos, la poco envidiable

situación de la izquierda europea nos homologa en idénticas actitudes de burocratización y renuncia.

Pasan de esta política

¿Y si resultara que efectivamente una gran parte de la población pasa de esta política? No vale añadir a

tanta equivocación el «no están maduras», o que el pueblo está perdiendo estúpidamente la gran ocasión

que los políticos le ofrecen y que parece ser no le subyuga.

¿Y si resultara que en la conciencia colectiva de los pueblos el ansia de cambio real, de ruptura

democrática, ordenada, incruenta, civilizada, está aún viva, tanto como para no dejarse arrastrar por

juegos de cúspide, por políticas oficiales que vuelven a dividir al país entre el país real y el oficial?

Es preciso con modestia y humildad volver al origen, a los principios, recuperar esos olvidados términos

de la lucha de clases, de la conciencia obrera, de la unidad de la izquierda, de la lucha ideológica frente al

capitalismo burocrático y a la socialdemocracia de consumo, es preciso recuperar el anticlericalismo, el

antimilitarismo, el anticapitalismo y el antiburocratismo que constituyen la esencia del pensamiento

socialista y de la lucha por la libertad y la democracia, y eso no está en crisis, está simplemente

arrinconado en el desván del oportunismo, la ambición, el electoralismo y la cooptación por el Estado.

Por ahí no hay salida, y a la derecha de este país se le pueden augurar unos cuantos lustros más de

continuismo. Y a la izquierda establecida su fin como cómplice, en la amalgama.

 

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