Autor: Múgica Herzog, Enrique . 
   ¿Gobierno nuevo o tunel del tiempo?     
 
 Diario 16.    16/09/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

OPINIÓN

16-septiembre-80/Diario16

ENRIQUE MUGICA HERZOG

¿Gobierno nuevo o túnel del tiempo?

Múgica tiene la sensación de «remake»: con la excepción de un ministro al que la muerte se llevó, de

algún otro ante cuyos deseos la puerta se cerró y de un tercero que, harto, se despidió, regresamos al

punto de partida.

Las trabajosas gimnasias de varios dirigentes de UCD, durante la vacación veraniega para propiciar salida

a la crisis, apuntando desde un cambio en los modos de gobernar hasta la remoción del liderazgo, se han

calmado. A la postre, los barones se han revelado cortesanos.

Ha bastado un nuevo caudal de promesas, complementadas por distribución de funciones y poderes, para

que se haya desvanecido la conciencia de los conflictos y la exigencia de resolverlos mediante una

política distinta. La moción de censura socialista incidió sobre bastantes diputados ucedeos incitándoles a

imaginar propuestas para soslayar el deterioro del Estado, la degradación de la vida social y el atribulado

quehacer de los ciudadanos. Mas el director de orquesta aplacó los titubeos, y la saludable catarsis a la

que comenzaron a someterse, terminó en comedia de Aristófanes.

Los retales

Tras las elecciones generales de 1977, quienes fueron nombrados ministros —incluso los repescados de

situación anterior— pretendieron afrontar con esperanza y rigor los problemas planteados por la etapa

democrática recién estrenada. Sus sucesivas sustituciones significaron o que no habían obtenido

resultados suficientes, o que el presidente del Gobierno desconfiaba de sus aptitudes o ambiciones. Ahora,

en su reaparición parecen residuales.

En mi ciudad, hace años, los escaparates de las tiendas de tejidos se inundaban de tiempo en tiempo con

los restos de invendidas telas que aunque conservaran su prestancia original se los llamaba retales.

Calificar así mi sensación ante el naciente Gabinete, no me parece improcedente. Su aparición tras que en

el mes de abril se remodelase el Gobierno cambiando nueve Ministerios, cuyos titulares sólo tuvieron

tiempo de entrar por una puerta y salir por otra, implica o la gratuidad de aquel acto —lo que significa

irresponsabilidad si se poseyera un recto sentido del Estado— o el rotundo fracaso de una política que no

puede ser velada por prestidigitaciones personales.

Aquellas hadas ilusionadas de julio 1977 se transformaron en los torpes hados de septiembre de 1980, y

Blancanieves se identificó con la madrastra.

A veces, medios conservadores afirmando que el PSOE comparte responsabilidad con el Gobierno en

virtud del consenso, arrojan piedras sobre su propio tejado, no por olvidar que aquél se concertó para

elaborar la Constitución y los pactos de la Moncloa —cuya proyección transformadora fue incumplida

por el Ejecutivo—, sino por no considerar que el consenso consolidaba un inédito ámbito histórico en que

las contrapuestas posiciones, sin recaer en torcidos antagonismos, consiguieran superar el dramatismo de

una tradición agónica. Terminar con el consenso que en su momento benefició a unos y otros —aunque

no en igual medida— no supone sustituirlo por una obstinación contraria que nihilice cualquier iniciativa

gubernamental, sino valorarla adecuadamente debatiendo sus carencias.

Asimismo, no se trata de subjetivar las inciertas virtudes o defectos de cuantos componen el Gabinete.

Sus pasados títulos, complacientes calificaciones, satisfechas autoarrogancias, profesionales

competencias, perdurables indecisiones o veladas malas conciencias nos atañen en lo anecdótico, no en lo

fundamental.

Sindicato de intereses

Han cambiado las circunstancias en que hombres procedentes de la conformación o de la moderada

disidencia al antiguo sistema, compadrearon la incipiente singladura del sindicato de intereses que desde

promediado 1977 hegemonizan la vida española. Entonces existían expectativas que esperaban fruto.

Hoy se tuercen lamentables realidades que, aunque por su pesadumbre se impongan a todos, se hubiesen

podido mejorar con mayores aptitudes, menores arbitrios o decisiones más responsables.

El panorama se cierne de fatalismo: un 12 por 100 de paro con su desmoralizadora incidencia en la

juventud, un déficit en la balanza de pagos de 4.000 millones de dólares, otro presupuestario de 500.000

millones de pesetas no legitimados por idóneas inversiones, frontera al crecimiento cero o incluso a la

tasa negativa, una elevada inflación cuya precaria contención induce el disparado aumento del desempleo,

una política autonómica en la que la solidaria trabazón del Estado se suplanta por parcelarias dádivas a los

cómplices en las comunidades, mientras se frena el traspaso de equilibradas competencias o se quiebran,

insensatamente, legítimas aspiraciones como en Andalucía.

No erradica a ETA

Debilidad ante el fenómeno terrorista que no erradica a ETA ni protege a los ciudadanos del «impuesto

revolucionario», mientras es incapaz de descubrir la turbia raíz del GRAPO, a la par que el matonismo

fascista se desplaza de sus confinamientos en «zona nacional» para expandirse en inesclarecidas vesanias

homicidas; una invertebrada peripecia internacional que, al carecer de anclajes sólidos, nos convierte en

víctimas de cualquier ocurrencia foránea; una Administración desalentada por la carencia de estímulos y

la capacidad de horizontes; una reforma militar que requiriendo impulsar hábitos vocacionales, progresos

técnicos, profesionalidades cumplidas y querencias constitucionales se ve lastrada por la timidez y el

amedrantamiento.

¿Tendremos que seguir reiterando el viejo lamento de Quevedo, mirando los muros de la Patria: «Si un

tiempo fuertes, hoy desmoronados»? El Gobierno propone su programa al Parlamento. Y con él un difícil

interrogante: ¿Protege la semántica interesados privilegios o alienta esperanzadoras renovaciones?

Totalmente opuestos al «cuanto peor, mejor», lo estudiaremos desde la certidumbre que el protagonismo

ciudadano aportado por la democracia, acabará por superar hábitos políticos desacreditados.

 

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