Entrevistas con el director de la Fundación Pablo Iglesias. 
 Fernando Claudín: La izquierda española está en una situación de incertidumbre     
 
 El País.    26/12/1979.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 18. 

EL PAÍS, miércoles 26 de diciembre de 1979

POLÍTICA NACIONAL

Entrevista con el director de la Fundación Pablo Iglesias

Fernando Claudín: "La izquierda española está en una situación de incertidumbre"

Fernando Claudín ha sido nombrado, recientemente, director de la Fundación Pablo Iglesias, entidad

vinculada al PSOE, aunque independiente del aparato del partido. La Fundación Pablo Iglesias, en

funcionamiento desde agosto de 1977, tiene su origen en una vieja iniciativa del sindicato de albañiles de

la UGT, de Madrid, hacia el año 1926. Su finalidad era, entonces como ahora, favorecer la discusión del

pensamiento y las experiencias del socialismo. Actualmente, la Fundación quiere ofrecer una plataforma

cultural y científica en la que se puedan llevar a cabo, con total libertad, todo tipo de planteamientos de

signo progresista.

Fernando Claudín es uno de los más conocidos teóricos latinos del marxismo. Miembro de las Juventudes

Comunistas, durante la II República, estuvo exiliado hasta 1975, fecha en que regresó a España.

Perteneció al comité ejecutivo del Partido Comunista de España hasta su separación en 1964, a raíz de

una crisis provocada por divergencias ideológicas con el partido. Además de algunas obras de análisis

histórico, es autor de varios ensayos, entre los que destacan: La crisis del movimiento comunista (1970),

Eurocomunismo y socialismo, (1977), y su última obra, Documentos de una divergencia comunista

(1978).

Pregunta. Aunque con motivo de las últimas elecciones usted declaró haber votado por el Partido

Socialista, se suponía que mantenía su independencia política. ¿Significa algo nuevo, en este sentido, su

nombramiento como director de la Fundación?

Respuesta. No. Como es bien sabido, yo no soy miembro del Partido Socialista, ni tengo el propósito de

entrar en él. Partiendo de este hecho, la propuesta que me ha hecho el PSOE de dirigir la Fundación Pablo

Iglesias, me parece muy interesante, ya que demuestra una actitud de apertura al debate teórico y cultural,

tan necesario en nuestro país, la intención de incorporar a este debate a las diferentes corrientes del

marxismo, y también a intelectuales no marxistas que tengan algo que decir sobre los problemas que nos

interesan.

P. ¿Piensa entonces que su nombramiento refleja una voluntad de acrecentar la autonomía de la

Fundación para facilitar el diálogo dentro del conjunto de la izquierda e incluso dentro del conjunto de las

fuerzas progresistas, socialistas y no socialistas?

R. Yo lo interpreto así, y mi propósito es actuar justamente en esta dirección, es decir, que la Fundación

Pablo Iglesias tenga una cierta autonomía que le permita interesar en sus actividades a las diferentes

corrientes de la izquierda, nacional e internacional.

P. Pero, ¿cómo explica una actitud como ésta, por parte del PSOE, en un momento en que el sectarismo

tradicional de la izquierda española, ya desde los tiempos de la República, se encuentra, si acaso

acentuado, con motivo de la polémica sobre el Estatuto de los Trabajadores?

R. Efectivamente, este sectarismo está aún demasiado vivo dentro de la izquierda, tanto en el Partido

Comunista como en el Partido Socialista y en las restantes formaciones de la izquierda. Pero me parece

posible y necesario superarlo, al menos en el plano de la discusión teórica, porque el hecho es que la

izquierda se encuentra hoy en España, y también a escala europea, en una situación de incertidumbre, sin

saber muy bien qué camino tomar, en medio de la crisis actual del capitalismo, sin una estrategia definida

y actuando a nivel político de una manera muy pragmática, afrontando los problemas al día, y esto hace

muy necesaria, y a la vez posible, una profundización en el debate sobre los problemas irresueltos: el

nuevo modelo de transición al socialismo, esto que llamamos tanto socialistas como comunistas, la vía

democrática hacia el socialismo en los países capitalistas desarrollados, y que hasta ahora es sólo un

enunciado al que es preciso dar contenido.

P. Entonces, el clima que usted trataría de fomentar en la Fundación es el que, por ejemplo, se creó

con motivo de la visita del desaparecido Nicos Poulantzas, al que se invitó a hablar en la Fundación de

Estudios Marxistas del PCE y, pese a su evidente toma de partido por el eurocomunismo, también en la

Fundación Pablo Iglesias, del PSOE, como un reconocido representante del socialismo democrático.

R. Sí, ese es un buen ejemplo de por dónde deben ir las cosas. La misma acogida que se dispensó a

Poulantzas la deberían tener otros intelectuales marxistas, o socialistas, tanto en la Fundación Pablo

Iglesias como en otros centros de pensamiento de izquierda. Por ejemplo, en lo referente al problema de

la crisis económica tan interesante es escuchar a Michel Rocard como a Ernest Mandel.

P. ¿Y cómo interpreta el hecho de que tras un Congreso Extraordinario del PSOE en el que la polémica

parecía ser marxismo sí o marxismo no se haya nombrado director de la Fundación a usted, un marxista

reconocido y casi incurable?

R. Yo interpreto eso como una prueba de que la resolución que adoptó el Congreso es real. En esa

resolución, como se sabe, se considera que el marxismo es la principal referencia teórica del

PSOE, sin excluir por ello otras corrientes del pensamiento social. Me parece que la oferta que me ha

hecho el PSOE (y que yo he aceptado) de hacerme cargo de la Fundación va en esta línea.

P. ¿Va a intentar una apertura a la izquierda radical dentro de los límites de lo que permite la discusión

política? ¿Intentará dar cabida a los movimientos sociales emergentes, que en estos momentos están

hiperideologizados, como el feminismo o el ecologismo?

R. Efectivamente, en mi opinión, hay que contar dentro del debate teórico y político con lo que se suele

llamar extrema izquierda. Y no sólo es posible, sino absolutamente necesario dar cabida a estos nuevos

movimientos, pues, en la medida en que un centro de reflexión como la Fundación Pablo Iglesias pueda

contribuir a que pasen de una pura teorización de sus fines a una elaboración concreta de sus medios, lo

que incluye el problema de sus relaciones con los partidos políticos; en esa medida, la Fundación estará

contribuyendo al avance general de la izquierda.

P. En la actualidad tiene entre manos un libro sobre la disidencia en los países del Este. ¿Cómo entra este

problema dentro del horizonte de los trabajos que deberá desarrollar la Fundación Pablo Iglesias?

R. Por una parte, el tipo de sistema social que se ha creado en los países del Este debe ser objeto de una

reflexión en profundidad por parte de las fuerzas de izquierda. ¿Por qué se ha llegado a ese tipo de

sociedad? ¿Cuáles son sus perspectivas? Esta es una cuestión fundamental, porque el bloque de estos

países no son una realidad despreciable: constituyen una potencia mundial, militar y económica, y de lo

que pase en este bloque de países depende en buena medida el futuro del socialismo, tanto al menos como

depende de lo que pase en los países capitalistas avanzados o en los países del Tercer Mundo. Por otra

parte, en estos países están despertando también fuerzas que se oponen al sistema, fuerzas muy diversas,

dentro de las cuales hay fuerzas reaccionarias, pero hay también fuerzas de tipo democrático, progresista,

que luchan por una transformación socialista de estos países. A mi juicio, estas últimas fuerzas deben ser

consideradas como aliados objetivos e interlocutores de todas las fuerzas que en el mundo capitalista

luchan también por el socialismo. Esta no es aún una cuestión clara para la izquierda europea en general

ni para la izquierda española en particular, y probablemente este será uno de los temas que deberá abordar

la Fundación.

P. En los últimos años se ha producido un cambio notable dentro de la izquierda. Antes, la gran división

separaba a quienes optaban por la ruptura inmediata con el capitalismo, aun a costa de la pérdida de los

derechos implícitos en la llamada democracia burguesa, y quienes optaban por la continuidad. Ahora, en

cambio, la izquierda occidental defiende esa democracia burguesa como un avance real frente a aquellos

que hacen hincapié en la planificación burocrática como símbolo de la ruptura con el capitalismo. En el

último número de su revista, Zona Abierta, se refleja claramente este cambio en una serie de textos.

R. Creo que hay que distinguir entre una ruptura puntual, del tipo de la que se dio en las revoluciones del

pasado, como en la revolución de octubre, y lo que podríamos llamar una ruptura histórica: un proceso de

profundización de la democracia que, a lo largo de un cierto período histórico, supondría una ruptura con

la sociedad capitalista, el paso de un tipo de sociedad a otro. Este proceso deberá conjugar

(esquematizando) cierto nivel de nacionalizaciones con un imprescindible crecimiento del poder obrero

en la fábrica. La combinación concreta de estos aspectos dependerá de cada país en concreto.

 

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