Autor: Alonso Novo, Luis. 
   Carta abierta a Felipe González     
 
 Diario 16.    30/10/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

Diario 16/30-octubre-79

Luis Alonso Novo, miembro de la Comisión Ejecutiva Confederal de UGT y autor de esta carta abierta a

Felipe González, fue expulsado el 18 de septiembre último del Partido Socialista Obrero Español (PSOE)

por la Comisión Gestora Federal.

Los cargos que se le imputaban eran de injuriar gravemente a la Comisión Gestora durante un acto de

confraternización de los mineros de Asturias y León, en Villamanín.

El autor de este artículo recusa los cargos formulados contra él e incluso menciona el término

«persecución» frente al de «clarificación» en relación con su expediente presentado en la comisión de

conflictos.

Carta abierta a Felipe González

Luis Alonso Novo (*)

Con la fuerza moral que puede asistir al individuo que ha dedicado su vida a la lucha por la libertad, que

ha identificado sus convicciones políticas con la ética marxista, que ha renunciado a las posibilidades

acomodaticias de la sociedad burguesa y consecuentemente asumido sin reservas la militancia en el PSOE

manteniendo un comportamiento socialista no sólo en las asambleas sino también en el trabajo, me

permito dirigir esta carta abierta a F. González en razón de sus manifestaciones a «Interviu» de fecha 27

de septiembre en las que dice: «... Sin embargo, asumo totalmente la decisión de la Comisión Gestora,

hasta que no se demuestre que ha actuado de manera poco democrática, poco estatutaria...»

Pues bien, me resulta imposible ser tan generoso como tú eres con las actuaciones de la Comisión

Gestora, aun con el respeto y afecto que he tenido y seguiré teniendo por algunos de sus componentes. La

situación excepcional por la que atravesó el Partido durante el periodo de provisionalidad, requería —

salvo mejor criterio— una exquisita neutralidad y un alarde de mesura a la hora de juzgar (si es que había

que juzgar) expedientes como éste en el que yo estoy incluido. Sin embargo, neutralidad y mesura

brillaron por su ausencia en lo que a este caso se refiere. Ignoro si en los otros expedientes, que por otra

parte tanto han proliferado en los últimos tiempos, concurren los defectos que en éste; si es así, me

solidarizo plenamente con los compañeros afectados y lamento tener que limitar la crítica al mío

propio.

El que fuera presidente de la Comisión Gestora, hoy vocal en tu Comisión Ejecutiva, me envió un escrito

con fecha 4 de septiembre notificándome la apertura de expediente y los pretendidos cargos que

motivaron mi expulsación. Con fecha 19 de septiembre remito a la Comisión Gestora mi escrito de

alegaciones.

El día 12 de octubre el Comité de mi Agrupación me entrega el escrito de la Comisión Gestora dándome

cuenta de mi expulsión definitiva del Partido.

Persecución

De la simple lectura de estos escritos se puede deducir que el procedimiento tiene más visos de

persecución que de clarificación de unos hechos que pudieran ser juzgados, no digo ya con arreglo al

método democrático del PSOE que inspira la ética marxista y que por consiguiente dicho procedimiento

no resiste el mínimo análisis político, si no que desde el punto de vista jurídico institucional (al cual se

atiene el presidente de la Comisión Gestora) presenta tres grandes defectos que podrían ser muchos más

en el caso de diagnosis pericial:

1.º Lo que en el escrito de la Comisión Gestora del 4 de septiembre aparece como «cargo único» se

convierte en cargos diversos en el escrito de expulsación (o sentencia) sin que ante los nuevos cargos se

me haya concedido el derecho de presentar nuevas alegaciones.

2.º La Comisión Gestora decreta mi expulsión el día 18 de septiembre (que me es notificada el día 1.º de

octubre) cuando mi escrito de alegaciones tiene su entrada en Joaquín García Morato, número 165, el día

19. De donde se deduce que tales alegaciones no fueron tomadas en consideración.

3.º Resulta evidente que la Comisión Gestora actuó como juez y parte ya que según aparece en su escrito

de fecha 4 de septiembre el cargo único que se me imputa es de «injurias graves a la Comisión Gestora».

Desde el punto de vista político, la sentencia está llena de considerandos pero ninguna consideración a la

persona humana, lo que supone una transgresión de los principios que inspiran el método democrático del

PSOE y una contradicción entre lo que se dice y lo que se hace. Enjuiciar a un militante político de igual

forma que las instituciones del Estado pueden juzgar a un delincuente, no sólo es atentatorio contra la

dignidad del individuo sino contra los cien años de honradez del PSOE.

Reincidente

La sentencia me acusa de «reincidente». Ello podrá ser una verdad jurídica pero es una mentira política

porque la primera sentencia incurre en mayores defectos que la segunda. Reincidente sí, igual que toda mi

familia, pero ante las leyes franquistas, pues mucho antes de que tú y yo nos conociéramos y lleváramos a

caba esas operaciones arriesgadas a las que se refieren tus declaraciones ya pesaban sobre mí muchos

considerandos que pudieran justificar también la máxima pena. Hasta el día que salimos de la

clandestinidad, puedo afirmar que cotidiana mente he infringido las leyes como correspondía a un

militante socialista, y no pienso caer en la tentación de pasar factura exhibiendo mi hoja de servicios, cosa

que hoy más parece un handicap que un mérito dentro del Partido, pero sí quiero advertir a ciertos

deslenguados que ayer succionaban del franquismo y que hoy se colocan etiqueta de «moderados» para

mejor adular al poder, que el socialismo, ni antes ni ahora, se hace difamando a los militantes. Que si

biografías como la mía están devaluadas por el consenso, las suyas son degradantes para quienes tienen

que soportar su compañía. Ser militante del PSOE, ya sea radical ya sea moderado, requiere antes que

nada ser personal. El socialismo no es cosa de camaleones.

He dicho y sostengo que la sosodicha sentencia, por más resultados y considerandos que la integran, no

puede ser otra cosa que un juicio de intenciones y una loa a las triquiñuelas jurídicas. ¿Desde cuándo en el

PSOE se ha establecido la censura? ¿Desde cuándo es delito en el Partido denunciar la corrupción y la

infiltración? ¿Desde cuándo el órgano máximo del Partido es infalible? ¿Cómo es posible que la

Comisión Gestora adivinara lo que yo iba a decir si los organizadores al quitarme el micrófono me

privaron del derecho de expresión? Afirmo, en contra de la opinión del juzgador, que lo que deteriora la

imagen del Partido no es la crítica pública de los errores con ánimo de rectificación como era el caso que

nos ocupa y que incluso deben ser exhibidos ante el pueblo como ejemplo de rectitud, frente a la

manipulación endémica y la protección a ultranza de individuos insidiosos cuyo comportamiento como

tales es público y notorio.

Aquí me quedo

Por todo ello no me planteo el recurrir contra la sentencia aunque sólo fuera por defecto de forma. Este es

un problema político y la solución tiene que ser política, por tanto es la Comisión Ejecutiva quien se la

tiene que dar. Si alguien se imagina que ya me han jubilado, se equivoca; he sido, soy y seré un militante

del PSOE por derecho propio mientras el Partido no deje de ser socialista y si ese momento llegara no

será necesario ningún juicio sumarísimo porque voluntariamente me iré a ejercer este oficio tan ingrato a

otro lugar donde pudiera armonizar acción y pensamiento, pero como el Congreso ha dicho que es posible

ejercer en el PSOE aquí me quedo.

( * ) Secretario de Propaganda de la Ejecutiva de UGT.

 

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