Autor: Morán López, Fernando. 
   La democracia española necesita del equilibrio     
 
 Informaciones.    14/04/1978.  Página: 17. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

LA DEMOCRACIA ESPAÑOLA NECESITA DEL EQUILIBRIO

Por Fernando MORAN

QUERIDO director: En una carta reciente me planteabas una serie de cuestiones sobre la situación

internacional de España que, y puedes creerme, son motivo de mi frecuente preocupación. «¿Es España

campo de la guerra fría?» ¿Estamos siendo manejados como «conejos de indias» de nuevos experimentos

políticos? ¿Se está creando un nuevo «sudeste asiático» en la Península Ibérica y en el Mediterráneo

occidental? ¿Formamos parte de un reparto entre las dos grandes potencias? Son cuestiones importantes

cuya respuesta necesitaría puntualizaciones que exceden al alcance y dimensión de esta carta. Pero voy a

transmitirte lo que yo pienso de la situación internacional española.

Pienso, en primer lugar, que el tránsito de la dictadura a la situación en que nos encontramos no hubiese

sido posible sin la concurrencia de una serie de factores internacionales que se conjugan hacia mil

novecientos setenta y tantos. En efecto, cuando se inicia la guerra árabe-israelí de 1973 comienza, en mi

opinión, una nueva fase del equilibrio mundial Los Estados Unidos habían perdido prestigio con su

implicación en el sudeste asiático, concretamente en Vietnam. Los esfuerzos de Kissinger y la aceptación

por la Unión Soviética de un nuevo equilibrio en la zona a base de la relación de China y de los Estados

Unidos permite una retirada. Pero el trauma interno americano, manifestado en la revelión de los

«campus» universitarios, necesita ser curado con la demostración de que los Estados Unidos siguen

siendo la potencia decisiva. Poco antes de la guerra, según nos cuenta un miembro del Centro de Estudios

Estratégicos del Al Ahram Sidi Ahmed, le dijo Kissinger al editor de «NewsWeek Borgrave» (quien

anda, según parece, por el mundo recogiendo informaciones que se nos ocultan al común de los mortales,

una de ellas con meses de antelación el posible nombramiento de Suárez como primer ministro) que algo

tendría de ocurrir que sacase al Próximo Oriente de la incómoda situación de «ni guerra ni paz».

Este «algo» que debía suceder fue la decisión egipcia de pasar el canal. La guerra y el posterior boicot de

la subida de precios del petróleo constituye a los Estados Unidos en la clave de toda la situación y

demuestra a los europeos su fragilidad. En efecto, solamente los Estados Unidos se definen como posibles

mediadores entre árabes e israelíes, y solamente dicha superpotencia es capaz, a través de su influencia

sobre Arabia Saudita, el Irán y Venezuela, de impedir una indefinida escalada del precio del petróleo del

O.P.E.P. De hecho, como dicen los técnicos, a los Estados Unidos no le hubiese perjudicado una subida

del precio del petróleo hasta unos siete dólares, lo que hubiese hecho rentable a los pozos marginales de

Alaska y otras zonas bajo su control. Pero el precio sube, como se sabe, hasta el precio de once dólares

por barril. En todo caso y habiendo retirado la Unión Soviética sus técnicos de Egipto convirtiendo así un

posible conflicto general en un conflicto local, a Estados unidos le permite la otra superpotencia actuar

durante un tiempo con toda libertad en el Próximo Oriente para buscar la paz. Te preguntarás, director,

por qué este exordio centrado en el Próximo Oriente y en los Estados Unidos para hablar de nuestra

situación durante el cambio. La razón es que el cambio ha sido posible porque los Estados Unidos estaban

seguros de haber recobrado influencia y prestigio y totalmente seguros de controlar la situación española.

A esta seguridad contribuye el desarrollo de la revolución portuguesa, durante la cual triunfa la tesis del

embajador americano Carlucci de no intervenir directamente y dejar que la revolución quemase sus

fuegos fatuos a la vez que se producía una situación económica pavorosa, la salida de la cual se iba a

presentar exclusivamente como consecuencia de la ayuda de los europeos occidentales y del Fondo

Monetario Internacional.

Los Estados Unidos están, pues, seguros respecto a España, y la Unión Soviética considera que conviene

una evolución gradual y moderada en España, y es muy consciente que toda precipitación puede conducir

a una revolución de derechas. El eurocomunismo no corresponde a los deseos de la Unión Soviética en

cuanto a su eficacia dirruptiva en el bloque del Este y por la critica la clase dirigente de los nuevos

Estados comunistas; pero en lo que se refiere a las relaciones con las democracias europeas viene a

corresponder a la política de 1934 de entendimiento con las burguesías. También en este punto los

factores internacionales permiten la evolución hacia la situación actual: reforma que no ruptura e intento

de trasvase del contenido sociológico y económico del régimen franquista a la nueva situación. Este

análisis en el que prescindiendo de muchos matices y argumentos en favor de la brevedad viene a

responder a una de tus preguntas. Si, efectivamente, formamos parte, como objeto, del reparto entre las

grandes potencias.

Pero si pertenecemos a una zona de influencia y si esta pertenencia nos pone límites a nuestra evolución y

hace difícil la revolución mientras mantengamos un equilibrio, es posible pasar gradualmente a una

sociedad más libre, democrática y en lo que responde de mis deseos, socialista, siempre que no rompamos

un equilibrio. Este equilibrio lo romperíamos previsiblemente entrando en la O.T.A.N., constituyendo un

sistema europeo integrado con capacidad nuclear. La Unión de Centro Democrático y Alianza Popular

abogan por la entrada en la O.T.A.N. Algunos socialistas, a título individual, por la creación de un

sistema europeo occidental integrado con capacidad nuclear, algo parecido a la vieja idea de la

Comunidad Europea de Defensa, que fracasó en 1955. Empecemos por esta idea. De constituirse un

sistema europeo sin conexión con los Estados Unidos, se rompería el equilibrio de tal manera, constituiría

tal amenaza para la Unión Soviética que ésta tendría que responder radicalmente, deteriorándose toda la

distensión. Es un supuesto impensable, porque no lo aceptan ni la U.R.S.S. ni los Estados Unidos, ni

Inglaterra ni previsiblemente Francia. Por otra parte, la potencia hegemónica en dicho sistema, Alemania

occidental, tendría que adaptar todos los equilibrios de su política interna, basada en la relación especial

con los Estados Unidos y en la conciencia del temor que produce en la U.R.S.S.

La entrada en la O.T.A.N. rompería también el equilibrio y obligaría a la Unión Soviética a buscar

compensaciones en una presión en el Mediterráneo, probablemente ejerciendo una acción sobre

Yugoslavia o incluso desestabilizando el norte de África, aprovechando, tal vez, el conflicto argelino-

marroquí. La democracia española, para su desarrollo y profundización, necesita del equilibrio en la zona

y que la Península, y concretamente nuestro país, no sea objeto de tensiones entre las superpotencias. En

este sentido, el Gobierno, que rectifica la posición del acuerdo de Madrid de noviembre de 1975, con su

declaración del 26 de febrero de 1976, anunciando que no reconocería la anexión del Sahara, si no se

manifestaba libremente la población saharaui, debe ser consciente de que ya no basta esta política de

librar al país de responsabilidades morales, sino que tiene que colaborar en el hallazgo de una solución

para el Sahara. Una solución para el Sahara que sea estable redundaría en un objetivo esencial para no ser,

como tú dices, director, «conejillos de Indias». Solamente con la estabilidad definitiva en la zona

podríamos librar a Canarias de un eventual calentamiento de su área. Canarias se defiende

internacionalmente logrando que las superpotencias comprendan que su interés está en que la zona no sea

una zona de confrontación entre ellas y que la mejor condición para ello es el «status quo» actual, y con la

resolución de la cuestión del Sahara. Las molestias de las resoluciones de la O.U.A., e incluso,

eventualmente, del Comité de Descolonización de la O.N.U., son eso, molestias y causas de irritación.

Pero si la zona se llegase a calentar y las superpotencias actuasen por partes interpuestas, la situación

sería mucho más seria.

Solamente manteniendo estos equilibrios e intentando lograr la mayor autonomía para nuestra lógica

acción en las zonas próximas, podríamos tener la situación interior que nos permita adelantar en la

construcción de nuestro sistema político e ir proyectando un nuevo modelo de sociedad que corresponda a

nuestros datos reales.

Perdona, director, la relativa extensión de esta carta. Me he dejado muchas cosas en el tintero, que el

lector avisado percibirá; que me perdone también él. Entablemos, pues, un diálogo, porque todos estamos

conscientes de que la hora es la propicia para aclarar las cosas y evitar que la diplomacia secreta adopte

decisiones que luego podrían tener enormes repercusiones en el orden interno.

Con un cordial saludo, se despide de ti, director: Fernando Morán.

14 de abril de 1978

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