Autor: JOSÉ MESA. 
   ¿Ayudar a quién, ayudar a qué?     
 
 Diario 16.    20/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

20-marzo-78 / Diario 16

¿Ayudar a quién, ayudar a qué?

José Mesa (*)

Pedro Calvo Hernando sigue lanzando al aire afirmaciones. Nosotros seguimos haciendo preguntas. La

razón es bien simple: no nos sentimos respondidos. El señor Calvo confunde los términos en que se

plantea el problema: creyéndose muy importante, pretende discutir con Comisiones Ejecutivas o

diputados, cuando de lo que se trata es de hacerlo con su verdadero auditorio, "los ciudadanos de a pie".

¿O es que el señor Calvo no escribe para "los ciudadanos de a pie"? Si no es así, desde luego, sobra la

polémica. Si es así, la polémica empieza a partir de ahora, con los interlocutores bien definidos: un

comentarista político y sus receptores naturales, esto es, quienes le leen.

Lo que estos últimos exigen al primero es algo bien sencillo: seriedad, de un lado, y rigor, de otro.

Seriedad para que sus análisis hagan más accesible la realidad sobre la que tratan de proyectarse. Rigor

para no convertir esa misma realidad en clichés, en fórmulas. Lo que "José Mesa" pide a Pedro Calvo

Hernando es ambas cosas. Y lo pide porque cree estar en su derecho desde el momento en que el señor

Calvo ha asumido la responsabilidad de ser comentarista de la vida política española.

Convencer, no vencer

En tono paternalista y sin demasiada capacidad autocrítica, el señor Calvo ha montado un segundo

discurso, cuya pretensión sutil es dejar k.o. al "adversario" como si aquí se dilucidasen vencedores y

vencidos, ¿No se da cuenta, señor Calvo, de que da usted golpes al aire, porque quienes le replicaron no

deseaban vencer y, por tanto, les importa un bledo perder? ¿Qué gana usted con ello? ¿Acaso se gana a sí

mismo, que es, propiamente, lo único que importa? "José Mesa" no quería vencer ni aun convencer, pedía

que le convencieran.

Usted, sin embargo, entiende las cosas al revés y lejos de hacer el esfuerzo de estar en su papel (el del

periodista político obligado a la tarea de crear opinión) prefiere hacer uso de todos sus recursos para

aplacar al "enemigo" y quedar bien ante sus amigos. Es probable que muchos lectores después de perder

su tiempo en la lectura de "No se dejan ayudar" se dijeran algo asi como "vaya un palo". ¿Un palo a

quién? ¿Un palo para qué? Nosotros le poníamos un espejo para que se mirara y usted se inventa un

enemigo y le pega golpes sin caer en la cuenta de que a él no le hacen daño porque camina por senderos

distintos.

"¿Quién es este fulano?"

Dice usted que le hemos cambiado el número y que hubiera bastado con preguntar a algún amigo "quién

es este fulano" para haber comprendido la secreta intención del artículo inicial. Aquí nadie cambia a nadie

el número; cada uno se lo crea con sus hechos y de nada valen, querido amigo, los deseos y/o las

intenciones subjetivas. Cada cual está en su sitio y actúa desde él. Cuando a alguien le cambian el número

"teórico", sea cual sea, es que hay algo en ese número que no está bien encajado. Al señor Calvo debería

haberle preocupado esto, es que, por otro lado, un asunto bien conocido por un alumno de primero de

Ciencias de la Información: cuando se emite un mensaje, el emisor debe tener bien claro tanto el código

en que lo cifra como los destinatarios para evaluar (y/o controlar) los posibles efectos producidos por su

emisión. ¿Quiénes eran los destinatarios? Esa es la cuestión.

A nosotros no nos importa quién es este fulano, sino cuál es el posible mensaje, cuáles las claves que lo

sustentan, en qué medida son inteligibles para todos o sólo para unos cuantos y, por último, qué efectos

produce. En virtud de ese proceso de preguntas es como se deduce (y no hay otro modo) quién es el

emisor. Antes de escribir nuestra respuesta nos cuidamos en buena medida de evaluar los efectos de su

artículo, efectos, por supuesto, muy distintos de los que usted dice haber perseguido.

Ahora, sin más, le trasladamos el problema, asúmale usted autocríticamente. Con lo cual la cuestión

cambia de enunciado. Ya no es ¿quién es este fulano?, sino ¿es este fulano lo que quiere o dice ser en

función de lo que estrictamente hace? Ni Dios ni Santa Lucía, ni aun los oftalmólogos profesionales, nos

deben conservar, pues, una vista que sólo se deteriora cuando lo que tiene frente a sí no está claro.

Contradicciones, no argumentos

Nos señala el señor Calvo que "no desmontamos ni uno solo de sus argumentos". ¿Qué argumentos?

Nosotros no los vemos por ninguna parte. Lo que sí detectamos, como todo lector que se tome la

paciencia de entender el artículo del señor Calvo, son sus contradicciones.

Por un lado, el señor Calvo se apoya en que su primitivo artículo encontró un "acuerdo de fondo" (o

"total") entre miembros de la Comisión Ejecutiva y parlamentarios del PSOE. Por otro, califica a tales

personas de inmadurez política. ¿Cómo puede darle seguridad en sus opiniones el juicio de políticos tan

"inmaduros"? Por una parte, y para mayor confusionismo (quiéralo o no su autor), el señor Calvo titula

enfáticamente su nuevo artículo con otra constatación: "No se dejan ayudar"; por otra, afirma que el

colectivo "José Mesa" no es el PSOE, lo cual es cierto, como tampoco lo es, exclusivamente, ese grupo de

la Comisión Ejecutiva y de parlamentarios socialistas que, según el señor Calvo, han mostrado acuerdo

con sus juicios. Pero ¿quién ha pretendido que lo sea?

En «este país somos muchos los que ya estamos cansados de quienes, escudados en una pretendida

independencia y falta de compromisos políticos, se permiten criticar y aconsejar a derecha y a izquierda.

Los socialistas sabemos muy bien que en una sociedad dividida en clases, nadie se ve libre del

enfrentamiento dialéctico de intereses que se pone en juego. Por eso no sólo aceptamos las críticas

objetivas y fundadas que se nos hagan desde dentro y desde fuera de nuestro partido, sino que también

sabemos cómo muchas de esas críticas responden a intereses contrapuestos.

En sana conciencia de lo que es la praxis, nosotros sabemos que se aprende a gobernar gobernando y que

se aprende a hacer política militando políticamente. ¿Cómo pretende el señor Calvo subsanar en los pocos

meses en que predice que "los muchachos del PSOE" serán llamados a gobernar la inmadurez política que

les atribuye? ¿Acaso existen cursillos acelerados para ello?

Conste que tomamos nota de las alabanzas que hace de Felipe González, que aceptamos sus piropos a

nuestros líderes, a quienes califica de "gentes estupendas y encantadoras", y que no nos ha ofendido el

que les llame "los muchachos del PSOE", máxime teniendo en cuenta que con ello habrá halagado la

inevitable vanidad rejuvenecedora de tantos de nuestros compañeros que han envejecido en las cárceles

franquistas, entre los sobresaltos de la clandestinidad o en la añoranza del exilio.

Y conste, por último, señor Calvo Hernando, que muchos militantes del PSOE aceptamos sus "ayudas".

Pero mucho nos tememos que llamar "ayudas" a sus juicios, como usted hace, no sea sino un rasgo más

de ese sentido del humor del que hace tanta gala y cuya falta en nuestro artículo lamenta.

(*) La réplica del colectivo "José Mesa" cierra el debate mantenido con Pedro Calvo Hernando, cuyas

fases son los artículos de éste: "El PSOE no está preparado para gobernar" (D16, 11178), "No se dejan

ayudar" (D16, 2378), el artículo da "José Mesa" "¿Quiénes están preparados para gobernar?" (D16 21278)

y el de Segismundo Crespo "La izquierda ante el Poder" (D16, 7378).

 

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