Autor: Barón Crespo, Enrique. 
   Política monetaria y salida de la crisis     
 
 El País.    02/12/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

TRIBUNA LIBRE

Política monetaria y salida de la crisis

ENRIQUE BARÓN

Diputado del PSOE por Madrid

«La política monetaria tiene que jugar, necesariamente, un papel de protagonista destacado en el proceso

de reajuste de nuestra economía, pues constituye una pieza básica para conseguir los equilibrios que se

propone alcanzar el programa de saneamiento.» Esta afirmación del señor Alvarez Rendueles, secretario

de Estado para la Coordinación y Programación Económica, requiere una matización: la política

monetaria está ya teniendo un papel protagonista, aunque no sea una «vedette» de la actualidad, como lo

son el 22% de incremento de la masa salarial o la polémica sobre la retroactividad. Sin embargo, tiene

una incidencia decisiva, tanto sobre la evolución de los salarios como del empleo.

Por esta razón el PSOE ha planteado la constitución de una sección en la Comisión de Economía del

Congreso, que había sido acordada también en el plan. Se trata de la sección para el control de la política

monetaria y de las instituciones financieras públicas y privadas. La puesta en marcha de esta comisión es

urgente, porque se trata de una política que se está siguiendo desde el verano ya con rigidez, y en la cual

las autoridades monetarias han de actuar en relación con las fuerzas políticas para regular la gradación de

la aplicación y la rendición de cuentas de la misma. Una política monetaria restrictiva en exceso es una

política de congelación salarial y de disminución del empleo más efectiva que todas las negociaciones

entre sindicatos obreros y patronales.

Hay que reconocer que en el mercado monetario se han producido decisiones en este verano que han

tenido una influencia positiva sobre el funcionamiento del mismo. La apertura del mercado del crédito a

las Cajas de Ahorro y la sustitución de la práctica de reparto del volumen de crédito por el Banco de

España, sustituyendo, en parte, el sistema de oferta en cantidad proporcional al volumen de recursos de

los bancos por el de subasta han sido dos medidas positivas.

Puede resultar paradójico para alguno que los socialistas apoyemos una medida que favorezca el mercado,

ante tanto prejuicio acumulado, pero nosotros pensamos que precisamente, de cara al funcionamiento de

un aspecto técnico de la economía, es mejor la transparencia y, sobre todo, el desmontaje de situaciones

de privilegio, como las que hasta ahora ha venido disfrutando la gran banca en la obtención y posterior

redistribución del volumen de crédito.

La trascendencia de este aspecto de la política monetaria justifica plenamente la constitución de esta

sección de la Comisión de Economía del Congreso. Es más, da un rango constitucional al problema. En

efecto, la capacidad política del Banco Central de Emisión hace de su dirección una autoridad monetaria y

financiera de primer orden. No hay que olvidar en la historia reciente el poder y el protagonismo del

gobernador del Banco de Italia, Guido Carli, el enfrentamiento del Deutsche Bundesbank con el canciller

Erhard en 1966, que obligó a éste a dimitir, o en este mismo año, el choque entre Burns y Carter. El que

el Banco de España sea una dirección más del Ministerio de Economía o una institución con personalidad

propia y reglas definidas que tenga que rendir cuenta al Congreso, con posibilidad de fiscalización por los

partidos, es una cuestión del mayor interés nacional: en su resolución se juega la aplicación de los

acuerdos de la Moncloa.

Con respecto a éste, está claro que hay dos soluciones en la interpretación de lo pactado. Para 1978 el

texto del acuerdo dice que «se mantendrá una senda de crecimiento monetario cuyo punto medio se

aproximará al 17% de aumento anual».

O bien se sigue un camino de hacer decaer suavemente la evolución en promedio (hay que tener en cuenta

que el promedio 197076 fue del 20,6, y la previsión gubernamental era del 18,7% para 1977), o bien se

aplica un tratamiento de «shock» consistente en cerrar el grifo crediticio, esperando una reacción

favorable para el segundo semestre del año próximo. Si a ello se añaden ciertos factores coyunturales,

como lo ocurrido a finales del verano, con el brusco aumento del efectivo en manos del público (reacción

debida quizá a no conocer debidamente el texto de las medidas urgentes de reforma fiscal) y al superávit

de la balanza de pagos, la situación alcanza una gran complejidad, que acelera la exigencia de control y

conocimiento de la evolución de la política monetaria.

De cara al próximo año, que es cuando será de aplicación el 17%, no se debe de seguir una política

brusca, debiéndose mantener en estos últimos meses del año una cierta relación entre el 25% acordado

hasta finales de año y el suministro de activos líquidos. Un corte demasiado radical, que no tuviera en

cuenta la situación del empleo y de la capacidad productiva seria, como se ha dicho con acierto, una

política de rentas metida por la puerta trasera, contraria no sólo a los intereses de los trabajadores y a los

de la pequeña y mediana empresa, menos ligada al capitalismo financiero, sino también a la necesidad de

una política clara en todos los terrenos.

En caso contrario, podría confirmarse la polémica predicción que hizo el mismo señor Alvarez Rendueles

hace poco sobre las quiebras y suspensiones en cadena como tratamiento de choque forzoso para la

recuperación económica.

El País

02/11/1977

 

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