Autor: Roldán, Santiago. 
   La cuestión económica     
 
 El País.    13/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

POLÍTICA

EL PAÍS, jueves 13 de septiembre de 1979

Ante el Congreso Extraordinario del PSOE

TRIBUNA LIBRE

La cuestión económica

SANTIAGO ROLDAN

(Decano de la facultad de Económicas de la Universidad Autónoma de Barcelona. Militante de base del

PSC-PSOE)

Uno de los muchos comentarios que suscita la polémica abierta dentro del PSOE, a raíz del 28.°

Congreso, es el escaso interés y parcial relevancia que los temas económicos y el análisis de la crisis

económica y su repercusión en la sociedad española han levantado entre las diversas tendencias o

posiciones enfrentadas en los últimos meses. Por una parte, la cuestión económica ha sido prácticamente

marginada del congreso, relegándola a una reunión de expertos que todavía no ha tenido lugar.

Por otra, la mayor parte de las ponencias sobre la línea política que habrán de discutirse en el próximo

Congreso Extraordinario inciden sólo parcialmente en el tema, o se limitan a meras y reiterativas

declaraciones de principios, como si, hoy día, pudiese perfilarse una línea política coherente para el

socialismo español sin una toma de posición previa sobre la naturaleza y causas de la crisis económica y

sus múltiples efectos, tanto en lo que concierne a las perspectivas inmediatas de la clase trabajadora como

a las consecuencias que, a más largo plazo, plantean las transformaciones que están teniendo lugar en las

economías capitalistas.

Pues bien, en ese contexto resulta hasta cierto punto sorprendente que la denominada izquierda radical, o

sector crítico del PSOE, no se haya distinguido precisamente, por su incidencia en esta temática, sino todo

lo contrario, en la medida que ha logrado llevar la discusión en un mal viaje —o en un viaje de retorno, si

se prefiere— a estériles tomas de posiciones sobre la verdad revelada con bula sacramental de las que

imprimen carácter, despiertan el entusiasmo entre algunos creyentes, pero carecen del más mínimo

contenido. El falso discurso de la izquierda crítica queda en evidencia ante la frágil consistencia —o

irresponsable omisión— con que apresuradamente despachan el análisis de la crisis económica que, en

buena lógica marxiana, debería influir la definición de una línea política y su concreción en un programa

o alternativa de gobierno.

De hecho, tal como ha quedado planteado el debate —una vez conocidas las posiciones respectivas— no

se requieren grandes cavilaciones para comprender que tras ese discurso denominado crítico— y que sólo

es radical en la medida que se manifiesta como «revaival» de radicalismos pasados— sólo alumbran los

fulgurantes destellos de una lucha por el poder, tan vieja como la propia política, pero que, ahora, con

más evidencia que en otras ocasiones, muestra la capacidad de los personajes implicados para recurrir a

los más sugestivos disfraces. Pero cuando éstos se disipan se pone de relieve que la crítica no se ejerce en

razón a posiciones políticas con contenido real diferente, sino en virtud de que los «sujetos críticos» están

alejados del poder y no participan, sino marginalmente, de su ejercicio.

La crisis económica

Si el sector crítico quiere ir directamente a la raíz de los problemas que acucian a la sociedad española

debería pronunciarse sobre los múltiples aspectos que hoy nos ha planteado la crisis económica. En

primer lugar, no estaría de más que tratasen de valorar y clarificar en el debate que está teniendo lugar los

diversos elementos que caracterizan la crisis económica por la que atraviesa el mundo actual. No basta

con hacer referencia a los pérfidos designios del capital monopolista, cuando existen otros elementos que

requieren un análisis detenido, como son, entre otros, la creciente escasez —o toma de conciencia de esa

escasez— de los recursos naturales, especialmente energéticos; las dificultades del progreso técnico e

innovaciones tecnológicas para alimentar una nueva fase de prosperidad y crecimiento; la creciente

elevación de la relación capital-producto, que no significa aceptar una caída progresiva de la tasa de

ganancia, como suelen afirmar; la crisis de una determinada organización del trabajo en gran escala ante

la resistencia de las centrales sindicales; la reorientación de la división internacional del trabajo y el

desarrollo de la actividad productiva en países del Tercer Mundo; los avances logrados por los

trabajadores en sus luchas reivindicativas, etcétera, elementos, todos ellos, que, de una u otra forma, y con

distinta valoración, requieren una explicación por parte de los que propugnan otro modelo de sociedad

distinta de la que nos ofrece el capitalismo actual.

En lo que concierne a la realidad más próxima, tampoco estaría de más una toma de posición sobre la

gravedad de la repercusión de la crisis sobre la economía española, estando obligados, como socialistas,

unos y otros, a dar respuestas que rebasen la simple «salida del franquismo», porque lo que está en crisis

es un modelo de industrialización, una fórmula de desarrollo basada en un crecimiento sectorial y

geográficamente concentrado en determinados enclaves, fuertemente intensivo en capital y ahorrador de

trabajo, y despilfarrador de toda clase de recursos naturales, en cuanto que conlleva la aparición de

deseconomías y de cuantiosos costes sociales y ambientales que deterioran las condiciones de vida y de

trabajo de amplios sectores de la población.

Una respuesta política a una crisis de esa naturaleza y con tales connotaciones no puede limitarse a

simples planteamientos nacionalizadores, sino que ha de ir más allá, ofreciendo alternativas que

forzosamente se sitúan al margen de la lógica del sistema. De ahí la necesidad de insistir en una revisión

de los objetivos de producción, en una reorientación de la demanda de consumo, en la potenciación del

consumo de bienes y servicios públicos o sociales en detrimento de los usos individualizados, en una

redistribución de la fuerza de trabajo, que permita contrarrestar la tendencia a producir un paro creciente

en las economías capitalistas. Todo ello, por supuesto, en el contexto de un progresivo control de las

decisiones de inversión y del proceso de acumulación de capital, comenzando —lo que casi siempre se

olvida— por todas aquellas decisiones ya vinculadas al sector público, pero todavía sometidas a intereses

privados.

Línea política a corto plazo

En cuanto a la definición de una línea política a corto plazo, hay además que partir de un análisis crítico

de los elementos que han condicionado, desde 1975, la transición económica.

Así, entre otros aspectos, conviene tener claro que, tras los aumentos de salarios reales de 1975, 1976 y

parte de 1977, y los consiguientes avances en la distribución de la renta, se ha registrado una agudización

de la crisis que se ha traducido en pérdidas de salarios reales para muchos grupos de trabajadores, además

de un aumento del paro que deteriora aún más, si cabe, la situación de la clase trabajadora y limita la

propia estrategia socialista. Igualmente se requiere un análisis del marco de las relaciones y estructuras de

poder en que se ha desenvuelto el capitalismo español, donde el capital multinacional no sólo ha

consolidado posiciones en sectores productivos reservados en otro tiempo al capital financiero español,

sino que se destaca como la principal fuerza ascendente, capaz de imponer nuevas transformaciones e

influir decisivamente la política económica del Gobierno. La agudización de la dependencia externa, así

como las posibilidades de salida de la crisis en un solo país, son también elementos, entre otros, que

requieren un mínimo análisis por parte de aquellos que tratan de dotar de una línea política al socialismo

español de 1979.

Necesidad de un debate público sobre problemas concretos

¿Dónde están, pues, todas estas reflexiones sobre la crisis económica? ¿En el debate suscitado por Pablo

Castellano y Francisco Bustelo y su contribución a la filosofía de la praxis?... El socialismo español ha de

salir de su atolladero actual a través de un debate político sobre los problemas concretos que hoy tiene

planteados la sociedad española, entre los que destacan aquellos que se derivan de la crisis del capitalismo

en su fase actual. Si continuamos dejando que se centre el debate en una discusión —por lo demás, de

ínfimo contenido— entre creyentes y no creyentes, llevaremos al socialismo a un callejón sin salida y

alejaremos por muchos años a los trabajadores de la posibilidad de incidir en una política de gobierno y

de transformaciones de las estructuras económicas que, por si se ha olvidado, siguen reproduciendo las

mismas relaciones de dominación que en años anteriores.

 

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