Autor: Menéndez del Valle, Emilio. 
   Los intelectuales de izquierda, la política exterior y el PSOE     
 
 El País.    31/08/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

EL PAÍS, viernes 31 de agosto de 1979

TRIBUNA LIBRE

Los intelectuales de izquierda, la política exterior y el PSOE

EMILIO MENENDEZ DEL VALLE (De la Comisión Internacional del PSOE)

Dividir a los intelectuales en «orgánicos» e «inorgánicos», en virtud de su integración o no en un partido

político, condenando a los primeros y ensalzando a los segundos es un sofisma que no resiste un análisis

coherente. Independientemente de que se esté a favor o en contra de la medicina privada, equivaldría a

propiciar el libre ejercicio de ésta como el único válido profesional y cualitativamente y a rechazar como

inválida y deontológicamente perniciosa la práctica de los médicos integrados en la Seguridad Social. Sin

embargo, es evidente que, tanto en el caso de los intelectuales como en el de los médicos, de lo que se

trata, desde una perspectiva de izquierdas, es de servir a la verdad. La verdad entendida en política como

la lucha por, la justicia social, el progreso y los derechos humanos —individuales y colectivos— y

entendida en medicina como su ejercicio competente, honesto y socialmente preocupado.

En su artículo, publicado en EL PAÍS («Política y rentabilidad: la lección de Guinea», 25879), Juan

Goytisolo salta de nuevo a la palestra en su calidad de intelectual «puro», no contaminado por su

adscripción a partido político alguno. Ambos, él y yo, hemos polemizado públicamente a propósito del

Sahara occidental; Él, a favor de las tesis del expansionismo marroquí, y este modesto intelectual,

atenazado por su militancia política en el PSOE, a favor de las del Frente Polisario. Lógicamente, nunca

podremos ponernos de acuerdo. No obstante, considero sus argumentos sobre la cuestión saharaui,

aunque viciados, respetables. No puedo decir lo mismo con los que expone en el artículo citado. No son

respetables, al menos no todos, porque faltan a la verdad objetiva, esto es, la verdad que puede probarse

documentalmente de modo satisfactorio.

El escrito de Goytisolo se sustenta en dos pilares fundamentales. Uno: los intelectuales que militan en

partidos de izquierda, a quienes denomina «intelectuales orgánicos», no critican las situaciones mundiales

que afectan a los derechos humanos que puedan resultar embarazosas para sus organizaciones. Dos: la

izquierda española, y en concreto PSOE y PCE, enmudece en aquellos temas de derechos humanos que

lesionan sus «intereses geopolíticos».

Nuestro independiente autor basa casi todo su artículo en la «lección» que el caso ecuatoguineano supone

para la izquierda, a la que acusa de «ceguera política». Asombrosa e incomprensiblemente escribe nada

menos que lo siguiente: «Durante años nuestra izquierda se ha negado a admitir que el genocidio de

Macías no tenía nada que envidiar al de Somoza» (sic).

Inconvenientes de la inorganicidad

Uno de los inconvenientes de todo intelectual «inorgánico», estilo Goytisolo, es que al no estar

incorporado a ningún partido no puede enterarse por los cauces orgánicos (aunque sí podría por otros, de

pretenderlo) de determinados acontecimientos. Así, ignora que desde hace más de dos años el PSOE, a

través de su primer secretario y de otros compañeros, ha venido expresando a las autoridades soviéticas y

cubanas su profunda, preocupación y desacuerdo por el sostén de unos y otros al régimen tiránico de

Macías. Hasta cierto punto (sólo hasta cierto punto) es lógico que un intelectual inorgánico ignore esto.

No lo es que desconozca las informaciones publicadas en la prensa nacional acerca de reuniones

conjuntas entre el PSOE y la, desgraciadamente muy fragmentada, oposición guineana, los comunicados

conjuntos, las protestas ante el Ministerio de Asuntos Exteriores por la contemporización con el régimen

represivo ecuatoguineano, la defensa de los intereses de los profesores españoles expulsados de Guinea,

la defensa de un estatuto del refugiado político (redactado por el PSOE), que desde hace muchos meses

los socialistas propugnan. De todo esto puede documentarse Goytisolo, si lo desea, en la Hemeroteca

Nacional y en los archivos de la sede federal del PSOE y del Grupo parlamentario Socialista.

Aparte de ello, puede preguntar a alguno de los autores que él mismo cita; por ejemplo, Donato Ndongo

Biyogo, buen escritor y patriota guineano. Con él y no sólo con él, el PSOE mantiene excelentes

relaciones desde hace tiempo. Donato Ndongo y Leandro Mbomio, que representan tendencias diferentes

en la oposición a Macías, asistieron como invitados especiales al último congreso socialista. Igualmente,

podría Goytisolo consultar mi artículo de hace ya tres años («Guinea Ecuatorial: el fantasma que surgió

del trópico»), publicado en Triunfo (301076) tan pronto como fue levantada la calificación de materia

reservada que el Gobierno mantenía sobre toda información relativa a ese país. O enterarse de que en un

acto público, celebrado en Madrid en mayo de 1977, «sólo el PSOE acudió a discutir con políticos de

Guinea Ecuatorial».

Por todo ello, insisto en que es absurdo e incomprensible que Goytisolo escriba párrafos como el antes

transcrito o como este otro: «La actitud del PSOE y PCE, tocante a Guinea Ecuatorial, ha sido de un

desapego e indiferencia chocantes.» Salvo, naturalmente, que se trate de mala fe.

Por otro lado, está Goytisolo en su derecho de considerar insuficientemente radical la política del Partido

Socialista en Oriente Próximo, pero no debería ignorar que el PSOE ha apoyado y apoya desde hace

tiempo a la OLP ante la Internacional Socialista (lo que no implica solicitar la destrucción de Israel) y que

ha potenciado la iniciativa que ha conducido al encuentro Kreisky-Brandt-Arafat. A pesar de que Juan

Goytisolo asegura «recorrer las páginas de las publicaciones de los partidos de izquierda» no debe leer El

Socialista, donde destacadamente y en su momento se publicó la condena de los acuerdos de Camp

David. Pero dejemos a los palestinos porque lo que realmente reprocha a la izquierda nuestro autor es que

no abra la boca en aquellos casos en los que los derechos humanos son conculcados por Moscú o sus

aliados.

No quiere, por lo visto, tampoco enterarse Goytisolo de que el último secretario de relaciones exteriores

del PSOE, Luis Yáñéz, habló hace un par de años en Moscú, en público y ante los atónitos asistentes a un

congreso internacional, en favor de los disidentes soviéticos ni de que, aproximadamente por entonces,

publicó en este diario una carta protestando por las ejecuciones de varios oficiales libios.

No le interesa, según parece, a Juan Goytisolo saber que yo mismo, que he representado y represento al

PSOE en contactos con autoridades argelinas, uní mi firma a la de un grupo de intelectuales, donde

figuraba él mismo, en un manifiesto que solicitaba del régimen argelino la liberación de Ben Bella.

No le preocupa a Goytisolo darse por enterado, a propósito de otro de los temas por los que se muestra

sensible, de que Felipe González y numerosos dirigentes y militantes del partido encabezaron un

documento de protesta y repulsa por el genocidio del pueblo eritreo a cargo del régimen etíope, apoyado

por Moscú. Documento que fue entregado en la embajada de la URSS en Madrid. Ni que decir tiene que

el representante para Europa del Frente Popular para la Liberación dé Eritrea —con el que el PSOE

mantiene contactos regulares oficiales— asistió igualmente a nuestro 28.° Congreso.

Así pues, o Goytisolo no se entera o no quiere enterarse. Pone el dedo en cierta llaga, pero yerra al

identificar al autor de la herida. El problema estriba en que existe un desinterés generalizado en la opinión

pública por la mayoría de los temas de política exterior. Lo que es lamentable. Pero la responsabilidad no

se puede achacar ni a los partidos de izquierda ni a los «intelectuales orgánicos». La responsabilidad es

colectiva. Atañe a todos.

Eurocentrismo, no

No se trata del eurocentrismo de los partidos de izquierda (curiosamente tildados por la derecha de

«tercermundistas»), aunque parcialmente se dé en ellos. ¿Es que acaso el ingreso o no de España en la

CEE electriza a la opinión nacional? Hay que ser honestos y realistas: todavía la política internacional, los

derechos humanos, en uno u otro confín, interesan a una minoría. No es tanto la despreocupación de la

izquierda como la falta de información, la deformación y el chauvinismo, latente o no, que existe en

amplios sectores sociales. En suma, la sociedad no funciona y hay que cambiarla. Pero, insisto, desde el

poder y entendiendo por éste no sólo el Gobierno. Y está claro que los intelectuales «no comprometidos»

no traerán por sí solos el cambio.

Debe haber intelectuales dentro y fuera de los partidos. Ambas categorías son utilísimas para el progreso

y la transformación de la sociedad. En un partido democrático como el PSOE el papel del intelectual es

rico porque la crítica es libre. El que otro sector de intelectuales se mantenga fuera de los partidos es

igualmente saludable porque el pluralismo incluye también eso. La crítica a los partidos, a su política

interna y externa, a su actuación e imagen públicas y a sus dirigentes debe ser realizada por todo tipo de

intelectual. Pero el juego debe ser limpio y el intelectual —«orgánico» o «inorgánico»— no debe

deformar los hechos o inventarlos. Ha de estar correctamente informado a la hora de criticar, y, si se

equivoca, su primer deber ha de ser la autocrítica.

 

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