Autor: Peces-Barba Martínez, Gregorio. 
   Reflexiones sobre los problemas del socialismo / y 3     
 
 El País.    12/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

POLÍTICA

EL PAÍS, miércoles 12 de septiembre de 1979

Ante el Congreso Extraordinario del PSOE

TRIBUNA LIBRE

Reflexiones sobre los problemas del socialismo/ y 3

GREGORIO PECES-BARBA MARTÍNEZ

Diputado del PSOE por Valladolid

de coyuntura política, la llegada de personas poco preparadas a algunos de esos puestos, hay un grave

peligro de que los técnicos dirijan el partido. Y quede claro que esa preparación no debe interpretarse con

carácter elitista, sino que permite perfectamente considerar preparados a muchos trabajadores manuales

no universitarios, como ha ocurrido en otros tiempos y también hoy en nuestro partido. Lo que hay que

descartar para puestos de dirección política, parlamentarios o de Administración pública es a personas

incompetentes.

Dos son los presupuestos que el socialismo debe asumir en este enfrentamiento con la política real que

ahora tratamos y que nos son suministrados por la reflexión y por la experiencia histórica de la praxis

socialista.

1. La libertad y la democracia, única vía para la construcción del socialismo. Esta tesis vale para el ámbito

cultural europeo en que se sitúa nuestro país y tiene un fundamento histórico suficiente, además de una

general aceptación. Supone aceptar que la democracia y la libertad son conquistas irreversibles de, la

humanidad que el socialismo integra, desarrolla y potencia, y supone, por consiguiente, superar la

concepción instrumentalista de la democracia que un marxismo escolástico, apoyado en un leninismo

seguramente inconsciente, mantiene aún viva en un sector de nuestro partido. Supone superar la

ignorancia despectiva con que algunos compañeros tratan a los valores positivos de la herencia liberal e

integrarlos en nuestro acervo para hacerlos reales, como dice Bloch.

(2). En concreto en nuestro país, aquí y ahora, supone aceptar sin reservas la Constitución y las reglas de

juego que establece como cauce indesbordable para la realización de nuestro programa. La demagogia

que pone en duda este postulado básico de nuestro partido hoy es, pese a su presentación, profundamente

reaccionaria y en el fondo un apoyo a los sectores conservadores que desde su punto de vista quieren

también poner en entredicho, con otros objetivos, a la democracia. Este postulado de defensa de la

libertad y dé la democracia supone una advertencia y se opone a ciertas concepciones denominadas como

radicales (no me refiero a ninguna de las ponencias presentadas al Congreso Extraordinario, que, al

parecer, aceptan todas este postulado).

2. El mantenimiento del horizonte utópico como impulso de progreso del socialismo. Si la primera tesis,

indispensable para" plantear correctamente los problemas concretos de nuestro país, era esgrimible frente

a una cierta interpretación izquierdista del socialismo, está segunda supone una rectificación de las tesis

socialdemócratas y sitúa al marxismo como impulso ético y como horizonte utópico, lo cual le aleja de

sus interpretaciones cientifistas y le aproxima al socialismo utópico que tiene que ser reivindicado.

El socialismo no puede perder su horizonte de liberación de todos los hombres, de superación de las

clases y de construcción de una sociedad sin explotadores ni explotados. En definitiva, el socialismo no

puede renunciar al impulso ético de realizar la libertad desde una perspectiva igualitaria en la sociedad.

Esa tensión es necesaria para evitar la instalación en la sociedad actual y para mantener las energías de

creatividad y de imaginación que el progreso supone.

El horizonte utópico no es una ilusión, sino que la utopía forma parte de la realidad; lo que pasa es que se

refiere a realidades prematuras, como decía Lamartine. Pero la lucha puede convertir esas realidades

prematuras en realidades adquiridas, siempre que se acepte que la historia lleva un ritmo mucho más lento

que nuestros deseos. Nuestros ojos deben estar hechos en este nivel para una luz distinta de la que existe

en la actualidad, y eso es lo que permite seguir avanzando en la historia; como historia de progreso, para

llegar al hombre desalienado. Naturalmente que la tensión utópica es un presupuesto que se opone a

interpretaciones derechistas o socialdemócratas del socialismo, pero también hay que entender que

supone aceptar la realidad del reformismo y del gradualismo en la conquista de los objetivos socialistas y

renunciar a la idea de revolución, que es sólo un mito cultural, por cierto de origen cristiano, respecto del

cual hay que desengañar a los hombres sencillos (la idea de revolución no es sino una secularización del

concepto cristiano de redención que introduce en la historia lo que el cristianismo dejaba fuera de la

historia).

El mantener el verbalismo revolucionario es una forma más de cristalizar ese mal modo histórico

de los socialistas de separar cada vez más lo que se dice de lo que se hace.

Estos dos presupuestos que acabamos de describir son indispensables para que el socialismo se enfrente

con los problemas reales. Sin el primero, el socialismo se hace izquierdismo verbalista, que en el fondo

favorece al totalitarismo. Sin el segundo, el socialismo se convierte en un realismo pragmático,

conformista e instalado, que en el fondo favorece al capitalismo y a su mantenimiento (se ha definido al

fascismo como totalitarismo más capitalismo; el desequilibrio del socialismo por uno de esos dos polos

sin duda podría dejar inerte a nuestra sociedad y abrir de nuevo el paso al fascismo).

Así, hay que resolver o ayudar a resolver los problemas reales del país, desde su institucionalización

democrática (después de la Constitución es el desarrollo de las Leyes Orgánicas y de los Estatutos de

Autonomía sobre todo) hasta el grave problema económico y de energía, pasando por encontrar un buen

sistema de relaciones industriales con un buen funcionamiento de los sindicatos de trabajadores, y por

encontrar formas cada vez más profundas de participación de los ciudadanos, etcétera.

Hay que decir que en este período de construcción de la democracia el PSOE ha adoptado casi siempre

posiciones de gran sentido de la responsabilidad y ha sido un elemento determinante en la consolidación

de la democracia, aunque no se haya reconocido a veces esta aportación. En los temas constitucionales en

los intrenacionales —especialmente en lo referente al Consejo de Europa y a la Comunidad Económica

Europea—, en los temas sectoriales —sanitarios, de Seguridad Social, de la tercera edad—, en los temas

económicos y energéticos, en la prensa, etcétera, el PSOE ha unido una política progresista con el

necesario sentido del Estado en un período de transición. Hay que perseverar potenciando, como ya he

dicho, el instrumental técnico necesario para la programación y la planificación, para la elaboración del

trabajo parlamentario y del trabajo en la Administración local y en la autonómica. Sin embargo,

probablemente despejada la incógnita del Congreso Extraordinario se podrá reforzar esta respuesta a los

problemas que tienen nuestros ciudadanos. Sólo con esta dimensión de praxis se justifica el socialismo.

La organización del PSOE

Sólo voy a hacer algunas observaciones generales respecto a este tema, que es sobre el que tengo menos

experiencia. Me parece, sin embargo, que tiene una importancia central como instrumento para la

realización de la política socialista, porque no basta una buena orientación ni una buena programación en

la dirección si la organización del partido no es capaz de llevarla a cabo, ni de controlar a la dirección ni

de ofrecer iniciativas interesantes para coadyuvar con los órganos de dirección del partido. Creo que en

este tema es necesario, al menos, lo siguiente, que esbozo muy telegráficamente.

1. Una organización descentralizada, llevando hasta sus últimas consecuencias los postulados de nuestros

estatutos.

2. Una coordinación desde la dirección que asuma responsablemente la tarea de impulsar, de

aconsejar y de promover la organización.

3. Una formación acorde con todo lo dicho que fomente la divulgación del pensamiento socialista y de

sus planteamientos, que favorezca la discusión interna y que cree los instrumentos (escuelas permanentes,

publicaciones, ediciones de libros, etcétera) para la máxima promoción intelectual y técnica de todos los

militantes, desde una perspectiva de defensa de la democracia y de la libertad.

4. Una información interna suficiente respecto a la acción del partido, del grupo parlamentario y en

general de todos los niveles de trabajo del partido.

Estas pistas de actuación deben ser integradoras, juzgando a los militantes por su valor y no por su

proximidad ideológica dentro del partido al que está haciendo la valoración, superando el sectarismo, el

amiguismo y favoreciendo la objetividad. Los que en cualquier sector tengan una responsabilidad en el

partido deberán evitar las parcialidades, fomentar el espíritu socialista y la ética socialista en su propia

acción y en la de los que de ellos funcionalmente dependen, respetando la libertad de opinión y aceptando

las críticas. Todos los militantes deberán ejercer y respetar la democracia interna pero formar una

auténtica piña unitaria de cara al exterior con la tesis que en cada caso resultase mayoritaria. En

definitiva, hay que hacer de la organización un lugar agradable de ser vivido, sin discriminaciones,

zancadillas o ataques personales. Eso fortalecerá la organización y la hará instrumento eficaz al servicio

de nuestros ideales. Eso evitará que los mejores hombres abandonen nuestro partido porque la

organización y la convivencia dentro de ella les resulte incómoda.

Una breve conclusión prospectiva

Estas líneas son mi contribución personal al debate del Congreso Extraordinario. Están escritas con gran

cariño hacia el socialismo, hacia nuestro viejo partido y tienen una gran esperanza. Creo también que

están escritas con un gran cariño hacia los hombres y los pueblos de España, porque creo que su destino

democrático y su progreso están indisolublemente unidos al socialismo del PSOE.

El socialismo tiene que seguir poniendo como centro de sus ideales al hombre y a su desarrollo integral

hasta alcanzar la desalienación, y los partidos socialistas, y el PSOE aquí en España, tienen que ser

instrumentos adecuados a ese ideal ético y humanista. Todos los esfuerzos y todos los sacrificios deben

hacerse para alcanzar ese ideal y todos los obstáculos deben superarse. Hoy quizá la fase religiosa del

marxismo que algunos sostienen es un importante obstáculo. No hay que pensar ya nunca más, como dice

Mac Donald, que Marx sea el instrumento inspirado a través del cual fue revelada la fe socialista. Con el

máximo respeto a todos los que no piensan como yo, por las vías que he dibujado en estas páginas se

puede, me parece, encontrar un camino de esperanza para el futuro.

1. A mi juicio, esas tres áreas perfectamente diferenciadas deben ser atendidas desde tres grupos

asistenciales distintos, dos de nivel central para la dirección federal y para el grupo parlamentario, y otra

más descentralizada por provincias y regiones con una coordinación federal para los temas de la

Administración local o autonómica.

2. Véase sobre este tema mi obra Libertad, Poder, Socialismo (Civitas, Madrid, 1978).

 

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