Autor: Ezquerro, Tomás. 
   La ira de un militante del PSOE     
 
 Diario 16.    16/03/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 30. 

Diario 16/16marzo79

Estas son las quejas de un militante del Partido Socialista Obrero Español, que escribe sus reflexiones

bajo el seudónimo de Tomás Ezquerro.

Su crítica es muy fuerte, a la vista del fracaso electoral del PSOE, pero conserva unas dosis de esperanza

ante la posibilidad de que sean aprovechadas las consecuencias de la dura lección.

En cuatro años —escribe— se puede ganar lo perdido y en otros cuatro más, además de un sólo partido,

tendremos el Gobierno. Ocho años no son mucho. Felipe tendrá justo la edad de ser jefe de Gobierno —

concluye.

La ira de un militante del PSOE

Tomás Ezquerro

Bueno: Al fin han transcurrido las elecciones generales, se conocen los resultados y es hora de hacer el

balance de lo ocurrido, su crítica (la autocrítica la debe hacer el PSOE y no el pueblo español, pese a lo

que diga Guerra), y, sobre todo, decidir entre todos los que creemos sinceramente en el socialismo como

opción mejor y más justa para la sociedad, qué vamos a hacer en el futuro y con qué criterios vamos a

organizarlo y seleccionar las personas responsables de llevarlos a cabo.

Los que habíamos vivido la clandestinidad, hecho activismo político sin esperanza alguna en los años 50

y 60 y en el PSOE no siempre se podía hacer por no existir prácticamente, salvo la esporádica ASU—,

hemos vivido estos dos años últimos como alucinados pensando que habíamos caído en un país que no

era el nuestro. El 15 de junio, este país se manifestó socialista en un grado sorprendente, concediendo al

PSOE un crédito inesperado hasta por los más optimistas de nosotros. Pero nuestros líderes vencedores

atribuyeron el triunfo, no a la confianza del pueblo español en las ideas socialistas, en la historia del

PSOE y en la actuación de partidos hermanos europeos, sino a sus propios méritos personales, a la

eficiencia de unos medios técnicos (cuatro pseudosociólogos de la más ramplona escuela yanquy, seis

aparachiquis que no tienen donde trabajar) y a un montón de arribistas con ganas de mandar ya,

desconocedores totalmente de la paciencia, la clandestinidad, del equilibrio difícil entre el proyecto

socialista y el contexto sociológico posible y, sobre todo, de nuestro electorado.

Y para mayor desconcierto, y tras de dos años de degradación de un partido y despilfarro del crédito

conseguido el 15 de junio, nuestros dirigentes, por su cuenta y riesgo, y con ayuda de su equipo de

subnormales políticos deciden que ha llegado nuestra hora y que el 2 de marzo al Gobierno. ¿Pero cómo?,

nos preguntamos. Y la respuesta de nuevo está en función de una campaña infantilmente pensada cuya

simpleza raya en el desatino —Felipe serio, y con canas, Felipe firmeza, Felipe-jet eludiendo el divorcio

y el aborto, las autonomías, Felipe imagen del orden serio-burgués—. Y ante tal bodrio, pues eso, el

ciudadano que dudaba y al que queríamos convencer de que éramos tan guapos, elegantes, de confianza y

orden para aspirar a la Moncloa, ni nos ha creído ni nos ha votado. ¡Fuera!, han dicho autonomistas,

feministas, ecologistas, los que votaron PSP la última vez y los que hacen subir al PCE un 3 por 100 de

votos. ¿Te enteras, Felipe?. Han dicho nones y esperamos que digáis qué os habéis equivocado de plano.

Pues no, en lugar de esto nuestro Alfonso Guerra dice que se ha equivocado el pueblo español.

¿Desfachatez o megalomanía? ¿Lo más grave? El abandono de su sitio buscando un voto poco maduro —

¿qué ha hecho, el PSOE para tenerlo tras cuarenta años de franquismo?— es lo que ha permitido avanzar

al PCE un 3 por 100.

Un ¡salto equivalente en las próximas; y no habrá alternativa de izquierdas en este país en cien años.

Véase la experiencia francesa o italiana y los sufrimientos de Mitterrand teniendo que ir con el PCE.

Hemos hecho el juego a Suárez

Nuestro crédito se ha desgastado y con razón. Hemos consentido, politiqueo, vedetismo y, sobre todo —

necios PCE y PSOE—, el juego a Suárez. Constitución, Cortes, ruedas de prensa, fotos, pero de los

problemas importantes, ¿qué? Se supone que el partido ha estado en tas Cortes (cuando los periodistas

han hablado de ello) pero el partido en las calles, ¿qué? Los periódicos se leen poco, fuera del ámbito de

los políticos.

Además de perder votos y escaños hemos conseguido gracias al aparato romper el partido con cacicadas y

nepotismo, marginar elementos valiosos, promocionando afribistas sin valor, desmoralizando a los

militantes más dedicados.

Nuestro Felipe-jet, sus viajes, de aquí para allá, no ha tenido contacto alguno con su base salvo para

discursear sobre el marxismo o comunicar sus supremas decisiones. Del trabajo del partido, de la

organización, de los caciqueos, ¿qué? Se deja hacer una campaña política, infantil por un equipo de

derechas que ni entiende ni le interesa saber como hace política un partido de masas. Ha creído, y lo han

convencido, que saltar desde las carreras ante los guardias o Carabanchel, a la Moncloa (pasando por

Galaxia y ETA y la crisis económica tras cuarenta años de franquismo) era posible sin más. ¿Sin tener un

partido? ¿Con unos cuadros ejecutivos de llorar? ¿Sin trabajar en los organismo de base? ¿Sin democracia

interna? ¿Nombrando candidatos a dedo? ¡Qué locura! Así no podríamos aumentar nuestros

votos a la derecha y teníamos que perderlos a la izquierda. Y sucedió, claro. Tus muchachos; Felipe, se

veían en los Ministerios, Concejalías y Congreso. A eso han jugado y nada más.

Qué ocasión perdida de afirmar nuestro espacio socialista, nuestra historia y avanzar hacia, el poder sin

saltos en el vacío y saltos atrás.

Conclusiones

Resumiendo:

— Hemos perdido votos y hemos perdido escaños.

— La parte más importante la hemos perdido por la izquierda, cualitativa y cuantitativamente, a favor del

PCE.

— Salvo Cataluña y Valencia no tenemos mayoría en ninguna provincia.

— Nuestra política de unidad por arriba sólo —PSP, Convergencia— no ha servido más que para que un

equipo de derechas se coloque en los mejores puestos. De votos nada. ¿Pasará los mismo con USO-UGT?

— La campaña —con una simpleza ausente de contenido político— ha sido un desastre. Además de la

imagen hemos perdido toda la ilusión de militantes.

— El nombramiento de candidatos sin contar con la base, los votos en función de fobias personales han

dejado la cacareada democracia interna en el puro suelo. Cierto stalinismo local ha conducido, gracias al

ejemplo de Guerra, a una selección negativa de inútiles.

— Nuestro equipo de diputados es malo y nuestros concejales pueden acabar los cien años de honradez,

en exactamente cien y no más, dado como se han designado y como no andemos con cuidado si ganamos

las municipales.

— El consenso de notables sólo ha servido para concentrar la actividad del partido en el Parlamento

en lugar de sacar el Parlamento a la calle.

— Sabiendo que los partidos socialistas —modelo austríaco o sueco— tienen su fuerza en las

organizaciones de base, ningún responsable se ha preocupado de empujar el partido, las ejecutivas

locales y los diputados en esa dirección.

— La ausencia de las bases en cualquier decisión —con errores crasos— y la no intervención ante

situaciones caciquiles humillantes han llevado el desaliento y la indisciplina a las . bases. ¿Cuántos

militantes no han votado al partido?

— La organización del partido ha actuado para reducir rebeliones, disidencias o protestas. En ningún

momento se ha entendido la organización como algo dinámico capaz de poner en marcha el partido

hacia alguna parte. A partir de ahí las ejecutivas provinciales sólo han procurado mantenerse en el poder.

— Para colmo, cinco diputados del PSA en Andalucía, el feudo de nuestra ejecutiva federal. ¡Vaya

chasco! Guerras, Galeotes, y Cía. ¡Vaya triunfo!. ¿Tampoco merece una autocrítica?

Visto el resultado de una campaña planeada arbitrariamente, las consecuencias de la falta de democracia

interna y del caciqueo de compadres se impone:

a) La autocrítica de la ejecutiva.

b) La eliminación en los próximos congresos de ese 80 por 100 de elementos inútiles o perniciosos de las

ejecutivas federal y provinciales.

c) Implantar una real democracia interna compatible —vistos los resultados— con una mayor

eficacia.

d) Recuperar un espacio socialista con una política de un partido de masas de mayor participación y

seriedad.

La edad de jefe de Gobierno

Si ante el cuatrienio de derechas que se avecina perdemos la tanda de cagaprisas que querían ser ministros

ya y hacemos lo anterior, la lección puede darse por bien empleada aunque sea dura. Y en cuatro años se

puede ganar lo perdido por la izquierda con creces y, en otros cuatro más además de un sólido partido

tendremos el Gobierno. Ocho años no son mucho. Felipe tendrá justo la edad de ser jefe de Gobierno a

juicio de ese 3 por 100 de indecisos que siempre hay. No es mucho tiempo si queremos garantizar por lo

menos veinte años de socialismo con cambios y conquistas socialistas irreversibles. Y el que no quiera

jugar con calma y seguridad que se largue a UCD, que gobierna ya.

 

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