Autor: Menéndez del Valle, Emilio. 
   ¿Hacia una paz en el Sahara?     
 
 El País.    09/09/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 15. 

TRIBUNA LIBRE

¿Hacia una paz en el Sahara?

EMILIO MENENDEZ DEL VALLE

Comisión Internacional del PSOE

Sería falso y poco inteligente negar que la izquierda organizada a través de los partidos políticos no puede

equivocarse o cometer (o ser víctimas de) determinadas incongruencias. Hablar de las incongruencias o

de los errores de la derecha no viene ahora al caso. Las de la extrema derecha y las de cierta extrema

izquierda son, antes que nada, barbaridades y desatinos. Hay una extrema derecha que, amén de actos

tiránicos y represivos, produce incidentalmente —sobre todo cuando se siente acogotada por la resistencia

popular— manifestaciones que rozan lo ridículo y esperpéntico. Es el caso, por ejemplo, del dictador

Somoza, que, eficazmente combatido por el pueblo y la burguesía liberal nicaragüenses, ha llegado a

decir que «el Gobierno de Estados Unidos está en manos de izquierdistas y comunistas. La campaña

contra Nicaragua está dirigida por Estados Unidos y Rusia». Independientemente del muy peculiar estilo

punk de que hace gala Anastasio Somoza en los últimos días de su corrompido régimen, conviene

recordar que éste fue instalado gracias al apoyo norteamericano hace más de cuarenta años.

Las actividades públicas de cualquier persona o institución han de estar sujetas a una crítica responsable,

y sin entrar ahora en disquisiciones sobre el significado del término «responsable», digamos, por vía de

ejemplo, que no es responsable la que del Gobierno de EEUU hace Tachito Somoza, ni que tampoco es

responsable una crítica expresada contra hechos o conductas que objetiva o empíricamente reducen al

absurdo los «fundamentos» en que tal crítica se basa.

Si la actividad de los partidos y demás instituciones públicas ha de ser responsablemente criticable, no

menos ha de serlo la actitud pública de aquellas personas que, declarándose «no partidarias», emiten, a

través de los medios de comunicación, opiniones que cuando menos son frívolas e inconsistentes. Un caso

concreto es el de Pedro Costa Morata, que acaba de publicar en EL PAÍS una larga y escasamente jugosa

serie con dos objetivos preferentes: uno, atacar prolija y aburridamente a Juan Goytisolo (escritor

«antisaharaui», en el sentido de que se manifiesta contrario a una existencia independiente del pueblo

saharaui), que hace un par de meses nos había obsequiado en este mismo diario con otra serie aún más

larga que la de Costa Morata; dos, intentar denigrar al PSOE y al PCE por su actitud hacia el Sahara (?).

A pesar de que en algunos de los artículos de Goytisolo era personalmente aludido decidí no replicar por

dos razones: una, porque Goytisolo y yo habíamos ya discutido el tema públicamente hace algún tiempo

(en la revista Triunfo) y es obvio que mantenemos posturas contrapuestas; dos, porque el planteamiento

de Juan Goytisolo es ideológico y nadie le va a disuadir de su fervorosa toma de posición pro marroquí en

el asunto del Sahara.

De los escritos de P. Costa Morata en EL PAÍS, sostengo que es frívolo por su parte decir que la izquierda

española es «miope» y que «se marroquiza». ¿Cómo compaginar esa marroquización con la batalla dada

por el PSOE hace unos meses en el Congreso contra la ratificación del acuerdo pesquero hispano-

marroquí, entre otras razones, porque éste identifica las aguas de Marruecos con las del Sahara? Afirmo

que es irresponsable escribir que «la convergencia entre las izquierdas española y marroquí es

asombrosa», cuando la izquierda española y los socialistas y comunistas marroquíes están desde hace

años enfrentados por el menosprecio de estos últimos hacia los legítimos derechos del pueblo saharaui.

Y, finalmente, digo que la irresponsabilidad de Costa Morata alcanza sus cotas más altas al escribir: «A

mí me choca la unanimidad de la izquierda española en torno a Canarias.» ¿Acaso pretende Costa Morata

de la izquierda española, y en concreto la canaria, abandere la oscura causa de la «República

Independiente Canaria»? ¿Cree Pedro Costa que tal entidad podría ser otra cosa que una «república

bananera», bajo el control de la burguesía local, adecuadamente patrocinada por el imperialismo? ¿O es

que Costa Morata todavía cree en la posibilidad de una república canaria «independiente» con un

Gobierno socialista o comunista, en estrecha alianza y hermandad con los regímenes progresistas

africanos? ¿Acaso no sabe P. Costa que ese forzado «independentismo» de nuevo y especial cuño está

haciendo surgir, en sectores del pueblo canario, un racismo antiafricano? ¿De qué se asombra, qué le

choca a Costa Morata? No es con ligeras afirmaciones como se trabaja por los derechos nacionales del

pueblo saharaui, ni por el avance —institucionalizado en partidos o no— de la izquierda en España.

Para terminar y dado que tras el golpe de Estado en Mauritania y la reciente visita de su nuevo ministro

de Exteriores a Madrid se viene hablando más que nunca de posibles soluciones para la guerra del Sahara,

unos breves comentarios al respecto:

1. Tras dicho golpe, el Frente Polisario decide una tregua en la parte del Sahara ocupada por Mauritania

(no en la de Marruecos), a la espera de nuevas actitudes pro paz de los actuales dirigentes mauritanos.

Tregua que aún se mantiene. Mientras tanto, el ministro de Exteriores argelino conversa sobre el tema con

el Gobierno francés en París, lo que no ocurría hace mucho tiempo.

2. Es elemental que el nuevo Gobierno mauritano busca la paz y el entendimiento con el Frente

Polisario y con Argelia. La cuestión estriba en cómo conciliar las posturas antagónicas de esas partes y la

todavía rotunda oposición de Marruecos (que tiene 10.000 soldados en Mauritania) a negociar con el

Polisario.

3. Una antigua fórmula (federación entre el Sahara y Mauritania, cuyos perfiles habría que concretar)

mantenida ante los mauritanos por el héroe nacional saharaui El Lualim, en 1975, y con anterioridad al

acuerdo de Madrid, surge de nuevo a la palestra.

4. El PSOE estima que toda iniciativa de paz es aceptable y toda negociación conveniente, que

participen todas las partes implicadas en el conflicto, incluido el Frente Polisario.

5. Es evidente que una paz justa —que respete los derechos nacionales del pueblo saharaui—

beneficiará no sólo a éste, sino a todos los pueblos de la región internacional en que el conflicto tiene

lugar, incluido el canario. Una justa paz y seguridad internacionales son convenientes.

6. Cualquier fórmula para solucionar el conflicto es válida, siempre que cuente con el apoyo del pueblo

saharaui libremente expresado. El derecho de las Naciones Unidas relativo a la libre determinación de los

pueblos es muy claro al respecto. La resolución 1.541 de la Asamblea General de 1960, que habla de tres

formas de consecución de la autodeterminación, es categórica respecto a la necesidad de libre expresión,

con garantías suficientes, del pueblo de que se trate. La muy importante «declaración relativa a los

principios de derecho internacional referentes a las relaciones de amistas y a la cooperación entre los

Estados de conformidad con la Carta de Naciones Unidas» (1970), cuyo principio quinto legitima la libre

determinación de los pueblos, contempla, igualmente, diversos modos para su ejercicio. Desde el

establecimiento de un Estado independiente o la libre asociación o integración con otro listado

preexistente hasta la «adquisición de cualquier otra condición política libremente decidida» por el pueblo,

constituyen, según la Asamblea General de la ONU —es decir, la comunidad universal—, «formas del

ejercicio del derecho de libre determinación de ese pueblo».

7. Así pues, toda solución, toda fórmula político-constitucional para el Sahara es válida, previa

aprobación libremente expresada (esto es condición sine qua non) del pueblo saharaui.

8. España tiene ahora la oportunidad de reparar —al menos, parcialmente— errores pasados. Es

necesaria una diplomacia ágil que cuente con el apoyo activo (desde luego, mediante consulta previa de

determinados temas de política exterior) de los partidos de la oposición y, en concreto, del PSOE. Esa

actividad diplomática debe cooperar en la búsqueda de la paz y seguridad internacionales en la región

mediterránea, en consonancia con las resoluciones de las Naciones Unidas, pero sin olvidar los legítimos

derechos del pueblo saharaui.

 

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