Autor: Sotelo, Ignacio. 
   La oposición ante la crisis económica     
 
 Diario 16.    02/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

La oposición ante la crisis económica

Ignacio Sotelo

Lo aleatorio de cualquier política consiste en que ha de integrar una previsión del futuro a más o menos

corto plazo. Si el pronóstico es acertado y la estrategia coherente, pueden alcanzarse algunas de las metas

propuestas. Si, por el contrario, se revela falso, es preciso tener preparada una política de recambio para

tal eventualidad. En política hay que jugar por lo menos con dos cartas. Una, la de ganador: en virtud de

un concienzudo análisis de la realidad se determinan unos objetivos que parecen asequibles, volcándose

por completo en su consecución; la otra se mantiene más o menos oculta, pero nunca se arroja de la mano

para el caso de que las cosas transcurran por carriles muy diferentes de los esperados.

Ahora bien, el jugar a dos cartas no quiere decir tambalearse de izquierda a derecha, reaccionando a los

pequeños trompicones de la vida diaria, como borracho que no sabe adonde va. Para el observador de la

vida política española, el señor Suárez ha mostrado en un poco más de un año de gobierno que sabe lo

que quiere y en qué dirección marcha. En cambio, los bandazos que el PSOE ha dado en este último año

de izquierda a derecha y de derecha a izquierda precisan de un comentarista mucho más avezado que el

autor de estas líneas para reproducir la trayectoria y descubrir su coherencia. Para mí, y conversaciones

con mucha gente me han convencido de que no soy el único en pensar así, la línea política del PSOE

continúa siendo la incógnita más importante que aún queda por despejar.

En un punto existe, desde luego, consenso general. En este año constituyente en el que nos adentramos, el

factor decisivo del que dependerá casi todo es el cariz que tome la crisis económica y la correspondiente

conflictividad social. Vale la pena examinar las dos hipótesis más elementales de lo que puede ocurrir,

haciendo algunas conjeturas sobre su posible significación política.

Se agudiza la crisis

Primera hipótesis. La crisis económica se prolonga, adquiriendo caracteres cada vez más graves. La

devaluación, no secundada más que en teoría por otras medidas, incrementa el índice de inflación; el

natural malestar de la clase obrera, en un ambiente de mayor libertad, desencadena un aumento

considerable de huelgas y de conflictos laborales, lo que a su vez supone el que continúe la retracción de

la inversión y la fuga de capital. Pasada la luna de miel de la democracia se agudizan las contradicciones

sociales, sin que logre eliminarlas ninguna declaración de buenas intenciones. Hay que apretarse el

cinturón, pero no resultará viable mientras no lo hagan los poderosos, y el Gobierno, por procedencia,

composición e intereses que representa, no parece el más indicado para conseguirlo de veras. En este

último tiempo no han escaseado las voces recordándole su vocación de derechas, así como la base

conservadora de su electorado.

Si la crisis económica se acentúa no faltarán presiones de dentro y de fuera para convencer al PSOE de

que su deber es cubrir al Gobierno en un momento crucial del país y de la democracia recién nacida. Se

aducirá, no sin fundamento, el peligro enorme de que un ulterior deterioro económico pudiera actualizar

salidas de fuerza o tensiones sociales no controlables por los todavía débiles mecanismos institucionales.

Con todo, nada sería más erróneo que caer en la tentación colaboracionista renunciando, o por lo menos

aminorando fuertemente, su tarea básica de constituir la auténtica oposición socialista. Arriesgaría parte

de su base obrera y popular, sin ganar por ello gran cosa en los sectores medios, que, atemorizados, se

agarrarían al Centro como á un clavo ardiendo.

Consciente de los peligros de la crisis y aceptando su responsabilidad histórica, el PSOE debería hacer

cara al Gobierno, confeccionando un programa de reformas fiscales, económicas y sociales más coherente

y de mayor envergadura que el presentado por el Gobierno, programa que, en un futuro no muy

lejano, podría haberse convertido en agua de cerrajas. Por lo menos el del PSOE contaría con una mayor

credibilidad de que una vez en el poder sería capaz de llevarlo a cabo. Si el PSOE logra consolidarse

como la única alternativa viable a la crisis social y económica que atraviesa el país, además de fortalecer

su base popular, podría ganar sectores amplios de las clases medias, no difíciles de convencer de que son

necesarias reformas importantes para conseguir la anhelada estabilidad.

Se recupera la economía

Segunda hipótesis. Contra lo que parece probable, las medidas económicas del Gobierno surten efecto; el

índice de inflación se congela e incluso disminuye; el paro va decreciendo lentamente; la coyuntura

internacional se rehace, arrastrando consigo a la economía española. Entonces el presidente Suárez uniría

a su actual prestigio político uno económico que lo consagraría, tal vez por mucho tiempo, como el jefe

de una mayoría indiscutible. Si el PSOE optó por su papel de oposición entraría bien pertrechado en esta

función para un largo periodo. Si, en cambio, coadyuvó con el Gobierno a que éste se consolidase, en la

mente del electorado los éxitos de los protagonistas de la recuperación económica eclipsarían los buenos

servicios de los socialistas, quedando en la cuneta como una oposición tan débil como inoperante.

Parece claro que se agrave o no la situación económica, los socialistas no tienen otra opción que

permanecer fieles a su papel de oposición. Si se acentuase la crisis y el PSOE supiese perfilarse como la

única salida posible podría, incluso, constituir el factor decisivo que le lleve al Gobierno. Y nadie puede

tomar en serio a un partido que no se afana por conseguir el Poder lo antes posible. Si la situación

económica mejorase, entonces, evidentemente, no habría razón alguna para que los socialistas

contribuyesen a fortalecer al partido gobernante.

Diario 16

02/08/1977

 

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