Autor: Vicente Martín, Ciriaco de. 
 Con un problema de bases. 
 El Gobierno Suárez, a la búsqueda de un sindicato     
 
 El País.    25/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 13. 

EL PAÍS, jueves 25 de agosto de 1977

TRABAJO

Con un problema de bases

El Gobierno Suárez, a la búsqueda de un sindicato

CIRÍACO DE VICENTE

La idea del Gobierno Suárez de contar con su propia central sindical parece que, lejos de ser una serpiente

de verano, va tomando cuerpo. Tres hombres de la UCD han hecho recientes declaraciones públicas que

así parecen indicarlo.

Mientras que en Málaga el ministro de Relaciones con las Cortes, Ignacio Camuñas, declaraba al diario

Sol de España que muchos trabajadores verían con agrado que la UCD tomara una determinación en tal

sentido (es decir, la determinación de crear una central sindical centrista); en Barcelona, Manuel Jiménez

de Parga, ministro de Trabajo, declaraba a la SER que, si alguna central no marxista ofreciera su apoyo al

Gobierno éste lo vería con satisfacción.

Aunque, en principio, parece existir cierta contradicción entre las manifestaciones de ambos ministros

(pues en tanto que para Camuñas la UCD está presionada por su base obrera, pero aún no ha tomado la

decisión definitiva de crear o no su propio sindicato; para Jiménez de Parga, por el contrario, la idea del

Gobierno no es la de crear un sindicato pero sí la de buscarlo en el mercado sindical), la coincidencia de

fondo es total: el Gobierno Suárez busca unas siglas sindicales, bien utilizando alguno de los sindicatos ya

existentes, si ello es posible, bien creando un sindicato desde la nada, si ello fuera necesario.

De ello dan buen testimonio las palabras de un diputado de base de la UCD, Joaquín Galant que, en

declaraciones al diario Información, de Alicante, acaba de afirmar que su partido «... ha dado luz verde a

un sindicato independiente que han pedido los trabajadores que militan en UCD, y que necesitan

asesoramiento laboral».

Diferencias formales

La diferencia, puramente formal, entre las opiniones de los ministros Camuñas y Jiménez de Parga, y la

del diputado ucedista Galant, es la que media entre el autocontrol y la discreción exigidos a los ministros

en sus declaraciones públicas, y la espontaneidad con que lo hace un diputado de base.

En todo caso, y como no podía ser menos, hay algo de común en las tres opiniones, concretamente lo

relativo a la forma de entender las relaciones entre los partidos y los sindicatos. Para los hombres del

Gobierno habrá sindicato centrista si así lo decide su partido, lo que dado el carácter presidencialista de la

UCD, equivale a decir que el sindicato del Gobierno existirá si así lo decide el presidente Suárez que, por

el momento, está dejando hablar a sus muchachos a fin de que los españoles deshojemos la margarita

sindical, para, finalmente, y aparentemente de la noche a la mañana, tomar una decisión al respecto.

No creo quepa pensar otra cosa a la vista del papel subalterno en que, tanto el ministro Camuñas como el

diputado Galant, sitúan a la base obrera de la UCD que, por lo que ellos nos dan a entender, no se atreve a

constituir una central sindical en tanto no lo decida así la dirección de la UCD.

Ni que decir tiene que el Gobierno Suárez se juega mucho en este asunto, pues resulta obvio afirmar que,

tras la pretensión centrista de contar con su propio sindicato está, en gran parte, el futuro de la UCD, cuya

permanencia en el Gobierno será mucho más cuestionable a partir del momento en que se hayan

celebrado las elecciones sindicales (que inexorablemente ganará la izquierda) y las elecciones

municipales, en las que la izquierda tiene grandes posibilidades en las zonas urbanas más industrializadas,

y en no pocas zonas rurales abatidas por el paro y por la desprotección a los pequeños y medianos

agricultores y ganaderos.

Ganar tiempo

A partir de enero de 1978, el Gobierno Suárez quedará en precaria situación si, como parece probable,

sólo controla entonces las Cortes, uno de los tres trípodes (Cortes, Ayuntamientos y Sindicatos) en que se

va a apoyar la vida política y social de este país. Suárez lo sabe, y necesita ganar tiempo porque se juega

mucho en ello.

Las dos formas más claras de ganar tiempo para su operación sindical, utilizadas hasta la fecha por el

Gobierno Suárez han sido el retraso en la distribución del patrimonio de la Organización Sindical (hoy

controlado por la AISS), y la hibernación en que ha colocado a la mayor parte de los funcionarios

sindicales que ven pasar mes tras mes sin apenas trabajo, y sin saber cuál va a ser su futuro. Uno y otro

retraso si a algo contribuyen es a dificultar el definitivo lanzamiento material de las centrales sindicales

democráticas más implantadas, UGT, CCOO y USO, debilidad que lamenta el ministro de Trabajo en sus

declaraciones a la SER, pero que le viene de perlas al Gobierno aunque le haga mucho daño al país.

A estas maniobras hay que añadir la exclusión que han padecido las centrales sindicales no llamadas a la

Moncloa por el presidente del Gobierno, discriminación, en perjuicio de éstas, que, por el momento, sólo

ha beneficiado al Gobierno que fácilmente ha logrado que las no invitadas a la Moncloa hayan tirado los

trastos a las llamadas por el presidente Suárez.

De las dos vías que tiene el Gobierno Suárez para constituir su propio sindicato, la primera, crearlo desde

la nada, es hoy muy poco viable, aunque hubiera sido posible hace un año si la hubieran encabezado los

hombres progresistas de la Organización Sindical verticalista (Socias, Torres Cáceres, Castro Villalba,

etcétera). De ahí que piense que el presidente Suárez se inclinará, siguiendo la experiencia de la UCD, por

la creación de una Confederación Sindical centrista a partir de los restos del verticalismo (AISS), y con la

colaboración de sindicatos ya inscritos en el Registro de Asociaciones Sindicales, aunque de irrelevante

vida sindical, tales como la Confederación Democrática de Trabajadores (creada a partir de sindicatos

verticalistas como la Confederación Sindical Obrera y como la Federación Social de Trabajadores), la

también verticalista Confederación General de Trabajadores, la proverista Confederación de Sindicatos

Autónomos de Unión Laboral de España, la confesional Confederación de Trabajadores y Técnicos

Cristianos, la católica Confederación del Trabajo Comunitario, y la Confederación de Trabajadores

Independientes.

Atención a las maniobras sindicales del presidente Suárez, pues, o mucho me equivoco, o la UCD está

preparando a varios de sus jóvenes diputados y senadores para encabezar su central sindical. La operación

se está llevando con notable sigilo, pero la operación existe. El sindicalismo amarillo abrirá pronto una

nueva etapa en la historia de nuestro país. Los ingredientes con que cuenta el presidente Suárez para su

guiso sindical no pueden ser más idóneos: verticalistas, sindicalistas confesionales, proveristas e

independientes. Por el momento la operación consiste, como el propio Suárez ha dicho en Mallorca, en

encontrar «... suficientes militantes para formar una base sólida».

 

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