Autor: Solana, Luis . 
   La diplomacia y el 15 de Junio     
 
 Diario 16.    31/03/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

31-marzo-78/ Diario 16

La diplomacia y el 15 de junio

Luis Solana

Diputado PSOE por Segovia

Hay ya suficientes datos como para que nos podamos permitir los españoles hacer esta pregunta: ¿Qué

pasa con nuestra diplomacia?

El pueblo español, tras las elecciones del 15 de junio, tuvo, entre otras sensaciones, la de ser ya (u otra

vez) parte del mundo. Eramos un país y unos ciudadanos a los que se nos podía incluir en ese gran club

internacional —cuya lista nunca se hace pública, pero todo el mundo conoce— de las naciones

civilizadas. Se había terminado la época numantina del cerco. Durante cuarenta años, el español medio se

ha sentido rodeado. Había conspiraciones, había contubernios, había boicots, había cierre de fronteras,

siempre había una terrible e insalvable dualidad —osada dualidad—: España y los otros. Todos los otros.

O al menos esa era la imagen que prensa y plaza de Oriente servían a un hombre sencillo.

La diplomacia española vivió sumergida en ese mismo clima. Era una diplomacia a la defensiva

permanente. Las notas de la Oficina de Información Diplomática eran dechados de malabarismo para el

consumo interno. Las Embajadas servían para estar allí y contarlo a los españoles. Para leer la prensa

extranjera y protestar siempre, mandando notas donde fuera, con tal de que pudieran ser reproducidas en

la prensa española.

¡Qué tremendo papel el que adjudicó el Régimen a la diplomacia!

Como era lógico, la contradicción entre la función y la realidad exterior política y cultural que los

diplomáticos vivían dio lugar a un fenómeno social: la profunda conciencia liberal de la gran mayoría del

Cuerpo Diplomático español. Se dice que el propio Franco desconfiaba del Cuerpo. Y ahí están la

importante serie de políticos progresistas surgidos de las filas de un Cuerpo aparentemente del sistema.

El visitar hoy una de las Embajadas de España es constatar la existencia de una maquinaria de medios y

personal que —con cierto incremento ambos— es capaz de representar a la nueva nación democrática que

se ha incorporado al concierto mundial.

Sin embargo, una dirección anquilosada, sin empuje ni imaginación, anclada en una tradición mal

entendida, está anulando las posibilidades del éxito democrático de la sociedad española. Todo parece

seguir igual en el palacio de Santa Cruz. Sigue funcionando la diplomacia de respuesta y no la de

anticipación. En una palabra, el triste modelo franquista de la soledad.

Había que analizar cómo es posible este hecho, un repaso a los cuerpos de la Administración del Estado

nos ofrece la esperanza de que sectores a priori profundamente identificados con el pasado franquista

están actuando perfectamente al unísono con el nuevo pulso democrático. En cambio un sector

probablemente avanzado en los días difíciles, como la diplomacia, va hoy por detrás del ritmo de cambio

político. Aún más. He aquí que la nueva diplomacia ha encontrado un colaborador de excepción en el

propio Jefe del Estado, que no ha dejado ni una sola ocasión de explicar en el extranjero su concepción de

la nueva España. ¿Entonces?

Cuando un buen regimiento no rinde en la batalla, es que los jefes son incompetentes.

En primer lugar, no puede olvidarse que el propio Adolfo Suárez —quiéralo o no— es en gran medida

hijo del franquismo. Ha aprendido todo sobre el manejo interior. Pero nunca perdió el tiempo en analizar

la coyuntura internacional: para ascender en aquel organigrama no era necesario. Tenía razón: pero ahora

pagamos todos su desconocimiento de los mapas y de las lenguas.

Pero podría haber encontrado un hombre para ese puesto clave de la nueva diplomacia. No ha sido así. Ha

caído en la misma esencia de la diplomacia del franquismo —quizá sin que el propio interesado se haya

dado cuenta—. Vivimos bajo la dirección del señor Oreja la misma cortedad de miras, la misma falta de

anticipación inteligente, la misma obsesiva política de respuesta, la misma incapacidad para explotar

medios y circunstancias históricas que conocimos durante cuarenta años. Pasa el tiempo y todo el

potencial de política exterior que se acumuló el 15 de junio se malbarata con unos acuerdos vergonzosos

con Marruecos; enterándose por los periodistas de las decisiones de la OUA; sin explicar a los inversores

internacionales qué son realmente los acuerdos de la Moncloa y un largo etcétera. Por supuesto que la

Oficina de Información Diplomática dirá que todo lo traduce a tres o cuatro idiomas, que se dan

recepciones y hasta alguna conferencia. Puedo apostar con la OID a que encuentre en los últimos quince

años más de una nota de la misma Oficina en iguales términos. No es eso. Entérense del capital

internacional que el pueblo se está ganando a pulso en todo el mundo. Mire el mapa del mundo como un

conjunto de amigos. Utilice un Cuerpo Diplomático capaz de identificarlo sinceramente con la nueva

hora. En pocas palabras, por el bien de España y no de uno ni otro partido, cámbiese el equipo que dirige

la política exterior de nuestro país.

 

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