Autor: Tezanos Tortajada, José Félix. 
   Ni insurreción ni reacción     
 
 Diario 16.    30/12/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Ni insurrección ni reacción

José Félix Tezanos

Un conjunto muy amplio de circunstancias ha contribuido a que, en nuestros días, en los países europeos

la vía insurreccional de transición al socialismo aparezca cada vez más claramente no sólo como una vía

cegada y totalmente irrealizable, sino también, y fundamentalmente, como una vía no deseada por la gran

mayoría de los trabajadores. En los círculos izquierdistas intelectualizados de los países europeos es

posible que los que sueñan con nostálgicos "asaltos al palacio de invierno" aún logren prolongar durante

algunos años el debate sobre si el asalto insurreccional al poder es posible en los modernos Estados

europeos y, quizá, en estos círculos minoritarios se continúen perdiendo horas y más horas estableciendo

análisis de correlaciones entre tanques y masas, al tiempo que el poder de los aparatos del Estado

moderno y las nuevas perspectivas de control cada día aumentadas por el avance tecnológico serán

minimizadas y ridiculizadas por los que negándose a reconocer el cambio imparable de la historia piensan

en la "eterna" aplicabilidad de ciertas recetas políticas. Pero la historia es historia, y ello supone cambio y

experiencia.

Y han sido precisamente los cambios sociales y económicos, por una parte, y la experiencia histórica, por

otra, los que han llevado a los trabajadores de los países europeos a plantear actualmente el tema de la

transición al socialismo en una perspectiva que excluye totalmente la vía insurreccional y violenta.

Los trabajadores, ante la crisis económica

La crisis que antecedió a la II Guerra Mundial creó grandes expectativas sobre las posibilidades de un

proceso revolucionario. Sin embargo, la experiencia demostró que junto a estas posibilidades, la crisis

económica alimentó una fuerte reacción que llevó al poder, en algunos países, a Gobiernos reaccionarios

y fascistas apoyados por amplios sectores de unas clases medias asustadas por las perspectivas de la

revolución. De esta manera las consecuencias políticas de la crisis fueron, a nivel europeos, más bien

regresivas que otra cosa (sin necesidad, incluso, de entrar a analizar su influencia en el

desencadenamiento de la guerra mundial).

Por ello no ha sido nada extraño que cuando han aparecido síntomas inquietantes de una nueva grave

crisis económica, las organizaciones políticas de los trabajadores europeos, con el recuerdo aún fresco de

tan traumáticas experiencias históricas, hayan adoptado una línea de comportamiento político orientada a

establecer pactos y acuerdos económicos que eviten una agudización de la crisis que pudiera dar lugar a

un clima de conflicto y tensión social propicio para movimientos de insurrección y reacción.

Las razones políticas del pactismo

El hecho de que entre las organizaciones de los trabajadores europeos se haya generalizado este

planteamiento "pactista", y el hecho de que tal proceder haya dado lugar a políticas de recuperación

económica que ya han empezado a dar buenos frutos, es un dato importante a tener en cuenta a la hora de

comprender por qué se ha podido producir en nuestro país el pacto de la Moncloa. No cabe duda de que

los partidos españoles de izquierda han suscrito este pacto movidos por una filosofía política similar a la

de los grandes partidos de la izquierda europea: evitar el riesgo de una posible involución política y evitar

que la crisis produjera un deterioro en la actual situación económica de los trabajadores.

No cabe duda de que el pacto de la Moncloa ha sido acogido con ciertos recelos en algunos sectores. Se

ha planteado la cuestión de si el Gobierno actual será capaz de llevar los acuerdos a buen puerto. Se han

planteado también dudas sobre si los trabajadores han contado con contrapartidas suficientes y sobre si se

les han tenido adecuadamente en cuenta en el proceso del pacto. En este sentido se apuntan críticas al

Gobierno por no contar con las centrales sindicales y también se apuntan críticas al Partido Comunista

por no haber sido suficientemente solidario con el PSOE en una más firme defensa de los intereses de los

trabajadores. Este "pactismo" a ultranza del PC —movido por estimaciones políticas que ciertamente no

debemos despreciar— ha sido quizá una de las causas de que el pacto de la Moncloa no se haya estimado

lo suficientemente satisfactorio para los trabajadores.

Y de ahí, algunas reticencias, de las que se han hecho eco centrales sindicales como la UGT.

Las razones políticas de los "críticos"

No cabe duda que hay críticas al pacto en las que somos muchos los que podemos estar de acuerdo, pero

¿qué pacto es perfecto? Sin embargo, hay otras críticas que tienen implicaciones políticas que es preciso

desenmascarar. Son las críticas de los que creen que el riesgo de la involución política es un invento de la

derecha para obligar a pactar a los trabajadores. ¿Es ésta una objeción imparcial? ¿Existe realmente el

riesgo de la involución política? El tema no es, por supuesto, como para tratarlo con rapidez, pero hay

datos de nuestra situación sociopolítica sobre los que conviene reflexionar. ¿Qué puede pasar si la cifra de

parados aumenta vertiginosamente? ¿Qué puede suceder con los salarios de los trabajadores si la

producción no crece y el país se empobrece como de hecho había empezado a ocurrir? ¿Qué puede

suceder si continúan produciéndose cierres de empresas en cadena? ¿Qué sucedería si el conflicto social

diera lugar a continuos enfrentamientos violentos en las calles? Lo que sucedería no es, ciertamente,

difícil de pronosticar. Máxime si se produce en un país como el nuestro en el que los aparatos

burocráticos y de control de Estado están aún muy influidos por ideologías de otra época, y máxime si es

un país, como ya es el nuestro, en el que las clases medias han alcanzado una extensión considerable.

En política, si se quiere actuar responsablemente es preciso prever el posible curso de los

acontecimientos. Es preciso aprender de la experiencia histórica. Por ello, cuando algunos ponen en

cuestión la necesidad de un pacto —de cualquier pacto— y rechazan la posibilidad de cualquier peligro

de involución, lo que debemos preguntarnos es si lo que se oculta detrás de estas aparentes objeciones no

será una postura política que busca un progresivo empeoramiento de nuestra situación que conduzca a

planteamientos insurreccionales. Es la famosa actitud de los que piensan que "cuanto peor, tanto mejor".

Por ello, es imprescindible que en cualquier discusión sobre la política de pactos a seguir en estos

momentos se manifiesten claramente las últimas intenciones de los críticos. Sólo así será posible saber

cuáles son las verdaderas razones políticas de cada cual.

30/12/1978

Diario16

 

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