Autor: Torre y Montoro, José María de la. 
   PSOE y política exterior     
 
 ABC.    30/08/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

TRIBUNA PUBLICA

P.S.O.E. y política exterior

Los muchachos del P S O E. creen que la política exterior es como los bombones: me como los que me

gustan y dejo en la caja los demás. Viene a cuento esta frase por la a todas luces nada inteligente reacción

del partido ante el anuncio de la visita de Su Majestad el Rey a ta República Argentina. Alegan que allá

no se respetan los derechos humanos y que la presencia de Su Majestad en Buenos Aires contribuirla a

respaldar políticamente al Gobierno de la nación hermana. Volviendo la oración por pasiva, cabría

preguntar a los socialistas qué sentido tienen y qué han respaldado los viajes del señor González a dos

países respetuosísimos con los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como con sistemas

políticos muy democráticos la Unión Soviética y Argelia. Porque si es cierto, y me temo que sí, que el P.

S. O. E. constituye una «alternativa de poder», entonces las estancias de don Felipe González en Moscú y

Argel, en virtud de esa posibilidad de que un día él sea presidente del Gobierno, está asimismo

respaldando políticamente esos regímenes totalitarios. En cuyo caso, creo que la mejor frase político-

comercial de las elecciones de 1977, «Socialismo es libertad», ha quedado vacia de contenido.

De ahí que piense que, aparte sus múltiples contradicciones internas entre lo que dicen ser y lo que

verdaderamente son, el problema real del P. S. O. E. radica en que carecen del realismo político e

inteligencia necesaria para gobernar y se dejan llevar por actitudes demagógicas y claramente

antidemocráticas. Ciertamente no están preparados.

La política exterior no es, no puede ser jamás partidista, sino de Estado. Y ello significa que España no

debe discriminar a la hora de relacionarse con tal o cual país. De no ser así, correríamos el riesgo de

estrechar lazos exclusivamente con aquellos regímenes ideológicamente afines al partido del Gobierno, y

a tenor de sus preferencias en un momento dado. Lo cual, en un sistema de democracia formal, implicaría

que si el P S. O. E. llegara al Poder, comeria únicamente de los bombones que le apeteciesen, la U.R.S.S.

o Argelia, abandonando el resto con las desastrosas consecuencias que de tal actitud podrian derivarse

para España.

Pero, independientemente de todo lo dicho, y en el caso particular del episodio que ha motivado estas

lineas, para todos los españoles, y los socialistas lo son, los asuntos que a Hispanoamérica atañen merecen

una especialisima atención y que se les considere con particular cariño de hermanos. Hispanoamérica

debería constituir al más firme puntal de nuestra política exterior; y han de parecernos siempre escasos

todos los pasos que, en alguna manera, conduzcan a edificar una verdadera Comunidad

Hispanoamericana de Naciones, construida sobre los principios de igualdad, hermandad y cooperación. El

régimen anterior, salvando las distancias oportunas y aunque no esté de moda elogiarlo, lo entendió asi y

mantuvo las relaciones con Cuba en una época en que la bella isla era blanca de las críticas del Continente

y, en ocasiones, de algo más que críticas. ¿Cabía mayor disparidad que entre tos regímenes franquista y

castrista? Y, sin embargo, esos lazos persistieron por encima de diferencias políticas, demostrando asi que

la idea de Hispanoamérica es muy superior a cualquier tipo de partidismo, y Su Majestad el Rey así

también lo entiende y demuestra con su proceder. De otro lado tampoco resulta ser excesivamente

inteligente la actitud socialista tratando de involucrar al Rey en conflictos de partido.

No parece, por tanto, oportuno que ahora, con un sistema democrático, España precise modificar, en

sentido negativo, una política consustancial con el mismo ser de la Nación y, estoy convencido, con el

sentir de la Inmensa mayoría de los españoles, simplemente por unos injustificados remilgos

democráticos de ciertos jerarcas del P. S. O. E. quienes, por cierto, no tuvieron empacho alguno para

formar parte de una Comisión de Parlamentarios que recientemente visitó oficialmente Bulgaria y

Rumania; todo es menester decirlo.

Por eso, dentro de mi inexperiencia, pero haciendo uso del sentido común, voy a permitirme ofrecer unos

consejos al Partido Socialista, pues si de verdad dicen ser una «alternativa de poder», tienen que probar

que van a ser capaces de resolver eficazmente los negocios de Gobierno, y, hoy por hoy, de su conducta

se infiere lo contrario. Yo pediría a los cuadros de ese partido que abordasen los problemas desde un

análisis científico, Inteligente y, realista. No Importa que el enfoque sea marxista, ya que, en cierta forma,

todos somos actualmente un poco hijos de Marx, y como agudamente sostiene el profesor Sampedro, hoy

no se puede ser antimarxista, todo lo más, no marxista. Entre esos problemas, naturalmente, figuran los

concernientes a nuestra política exterior, y en un mundo que claramente llegará, más tarde o más

temprano, a fórmulas supranacionales de integración, pretender entender las relaciones internacionales

desde puntos de vista cerrados y partidistas equivale a sentarse bajo un barril vuelto del revés. Pero,

abstracción hecha del futuro próximo, en los tiempos que corren, tampoco puede vivir ningún país, y

menos España, sin una política exterior integral, abierta a todos los pueblos, con independencia de sus

regímenes políticos, pues, en caso contrario, sólo nos relacionaríamos con un selecto grupo de

afortunados que disfrutan de las bondades de la libertad y la democracia. Grupo compuesto por países que

no son, en absoluto, de los más proclives a dar la cara por España en caso de tina improbable, más no

imposible, difícil situación Internacional. Mientras que Argentina, también conviene recordarlo,

constituyó una de las raras excepciones que no nos dio la espalda en 1946, cuando a raíz de la condena

internacional y el subsiguiente bloquea contra España, el mundo entero nos trató como apestados.

Temo, en definitiva, y tiemblo sólo de pensarlo, que, como escribid don Salvador de Madariaga

refiriéndose a la II República, el primer Gobierno socialistas de nuestros días nazca tan provinciano que

en el mismo momento de tomar posesión ya sea paleto.

José María DE LA TORRE Y MONTORO

Abogado

Al C «S independiente en su línea de pensamiento y no acepta necesariamente como suyos las ideas

vertidas en los artículos firmados.

 

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