Autor: Martínez Bande, José Manuel. 
   El testamento político de Largo Caballero     
 
 ABC.    05/04/1978.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 23. 

ABC

FUNDADO EN 1906 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA

EL TESTAMENTO POLITICO DE LARGO CABALLERO

EL 4 de septiembre de 1936, Largo Caballero asciende a la presidencia del Gobierna de la República

española: es su momento estelar.

Desde antes de la revolución de Asturias(octubre, 1934) se ha constituido como la gran esperanza de la

revolución española (una revolución que cada cual interpreta a su aire). Y nadie le halagará tanto como

los comunistas, mínimos en número, pero de gran astucia política. Gracias a esta conseguirán en abril de

1936 fusionar sus juventudes con las socialistas, bien trabajadas por el extremismo, proyectando para un

futura inmediata la fusión de los dos partidos —Socialista y Comunista—; fusión que la guerra impedirá,

salvo en Cataluña.

Largo Caballero, repetimos, es la gran esperanza de la revolución y él no lo disimula. Infinitos textos

cantan. Bastará uno de ellos. Las finalidades concretas de este Ejército Serán: sostener la guerra civil que

desencadenará la instauración de la dictadura del proletariado y realizar la unificación de éste por el

exterminio de núcleos obreros que se nieguen a aceptarle. Tales palabras las pronuncia en Oviedo el 15

de junio de 1936. Y este Ejército es, naturalmente, las milicias marxistas, que se autobautizan con orgullo

Ejército Rojo.

Pronto, en la interminable jornada diurna y nocturna del 18 de julio de 1936, Largo Caballero se

impondrá a todos —a Azaña en primer lugar— para armar a las milicias, a aquel Ejército rojo, que es ya

una realidad en ciernes.

Pero cuando el 4 de septiembre toma las riendas del Gobierno, el viejo líder ha visto ya mucho. Ha

aprendido que con la revolución desencadenada caóticamente no se llega lejos y que es preciso frenarla,

organizarla y potenciarla, creando a su lado una Fuerza Armada regular, más allá de las invertebradas

milicias. ¿Cómo habrá de ser esa Fuerza? En par te, revolucionaria por supuesto; pero en parte,

tradicional: Código de Justicia Militar,, militarización de todo el mundo, Estados Mayores, mandos

profesionales, jerarquía y disciplina. El que no lo quiera así que se vaya

Mas este hombre curtido ya por los años, la experiencia y los desengaños primeros— va a estrellarse en

sus propósitos. ,¿Por quién? ¿A causa de qué?

En política nunca lo híbrido es fecundo. ¿Es comunista Largo Caballero?´ No, desdo luego .¿Socialista

puro, con base sindical casi preponderante, a lo Besteiro? Menos aun, ¿Socialdemocráta? Ni pensarlo

¿Revolucionario? Desde lueqo; pero esa palabra es demasiado ambigua. Quizá su ideal sea fundir o unir

de alguna forma a todas las masas proletarias extremistas en una como confederación. Autentica quimera.

El máximo enemigo sera aquí —ayer, hoy y siempre el comunismo, para el cual Largo Caballero es sólo

un trampolín útil mientras transija en sus própósitos. Se trata de una vieja —y siempre actual— historia,

conocida historia, ma noseada historia, que quiere en varo olvidarse.

Largo Caballero se ve así obligado quiza al principio con gusto, luego ya no— a acoger en su propio

despacho la gran riada de «consejeros» y «técnicos» soviéticos y de modo destacado al embajador de la

U. R. S. S. Marcel Rosemberg. No van solos y al señor embajador acompaña siempre nada menos que el

ministro de Estado de la República, don Julio Alvárez del Vayo. La linea de separación entre el P S. O. E

y el P. C., nunca clara, se está esfumando de tal manera que llega un momento en que nadie, o casi nadie,

sabe quién es quién.

Un día Larqo Caballero arroja de su despacho a Rosemberg con estas palabras de las que —política

apartó, pasión aparte— debemos sentirrnos orgullosos: ¡Marchaos, marchaos! Debéis aprender, señor

embajador, que aunque nosotros, tos españoles, somos muy pobres y necesitamos ayuda del exterior,

somos lo suficientemente orgullosos para no consentir que un embajador extranjero intente imponer su

voluntad sobre el jefe del Gobierno de España.

La catilinaria es una sentencia de muerte política. A partir de aquí —y de su negativa al deseo staliniano

de fundir los dos partidos marxlstas— un ciclón, un maremoto político, sacudirá el sillón del presidente

del Gobierno contra el que toda injuria y calumnia serán licitas. Obstaculizada su labor en el frente y en

la retaguardia caerá, al fin, el 15 de mayo de 1937, sin pena ni gloria, tras una crisis manejada desde

Moscú y en la que participarán, por acción u omisión, muchos de sus carnaradas de partido. Le sustituirá

Negrín y con él irá indalecio Prieto.

Cuando en enero de 1946 escriba Largo Caballero una carta dirigida a su compañero Enrique de

Francisco, y reunida con otras en el libro Mis Recuerdos, dirá refiriéndose a estos momentos dolorosos; lo

más grave para mi era que a esta campaña indigna de difamación se untan los capitostes de la Ejecutiva

del Partido Socialista Obrero Español. Estaban, sencillamente, ganados por la astucia comunista y

obraban deslumbrados por este partido.

El 17 de octubre de 1937 Largo Caballero llenará el cine Pardiñas, de Madrid, despertando un entusiasmo

popular en la explicación de la crisis y de su actitud. Pero aquí terminará su vida pública: cuando intente

repetir el acta en Alicante se lo impedirán los guardias de asalto a las órdenes del Gobierno.

Se acabó. Un día de 1939 Largo Caballero cruzará Ia frontera francesa difícilmente, pues el equipo de

Neqrín no le prestará ayuda alquna en aquellas dramáticas circunstancias. Y en Francia, el viejo león

revolucionarlo conocerá el triste pan del exilio y iueqo el más triste pan de la detención alemana y del

campo de concentración de Orianenburg. Cuando quedé libre escribirá unas cartas, a una de las cuales se

ha hecho referencia, en buena parte constituyen un a modo de testamento político.

¿Qué dice, por ejemplo, en esta otra donde recuerda (a situación de Esparta cuando Negrín es jefe de

Gobierno y a la vez testaferro y mandatario del comunismo y de tos socialistas más o menos

comunistízados? Esto: ¿Cuá! será la suerte de España? ¿Qué van a hacer con España esos hombres sin

escrúpulos, sin conciencia, en los que no preside otra idea que la del poder mismo; que no les guia otro

sentimiento que el del rencor, el odio, e/ espíritu de venganza contra todos los que les salen al paso en sus

trapacerias, aunque se trate de hombres a quienes han llamado compañeros y amigos? ¡Pobre Españaí

¡Tu suerte está en manos de la ambición, de la deslealtad, de la traición, y por ello vislumbro tu ruina

materiaí y moral! Este es el soliloquio que mantengo en los momentos de soledad.

Días tristes de 1946. Enfermedad y amputación de una pierna. Hospital. Tiempos finales, triste final.

Al hospital van a verle los que un día fueron sus enemigos. Y, nota curiosa: con quienes se muestra más

reacio a! perdón es con aquellos viejos compañeros de partido que le traicionaron haciendo el jueqo a los

comunistas.

Hay constancia de que recibió a Dolores Ibárruri y que hablaron ambos correctamente, lo necesitamos —

diio aquélla— porque usted nos ha de perdonar lo que le hemos hecho. El enfermo sentenció: Lo que

deben hacer es rectificar sus métodos Y su táctica... España no es Rusia.

Hay constancia igualmente de que estuvieron a verle Negrín, Alvarez del Vayo y Mariano Ansó, y que

Larqo Caballero ni les dio la mano ni contestó una sola palabra a la largla verborrea del primero. Y que al

salir aquéllos dijo a alguien de su máxima confianza: Estoy enfermo, pero no tonto. He querido

manifestarles mi desprecio sólo con mirarles y ya lo han entendido bien esos tres traidores.

Comunistas, socialistas traidores... Matices. El peligro es uno y el mismo. Comunistas que lo son, aunque

se cubran la cara de moderación eurocomunista; y socialistas que son como aquéllos y que seguirán con

aquéllos en cuanto la ocasión sea propicia, traicionando a los demás.

Hace muy pocos días dijo Santiago Carrillo en Andalucía: la base del P. S. O. E. es como la del P. C. E.;

tiene los mismos intereses y los mismos objetivos. La Historia terminará acercándonos para alcanzar los

objetivos socialistas.

Ya no vive Francisco Largo Caballero, un hombre dentro de la Historia; pero sí viviese, ¿avalaría estas

palabras? Creemos rotundamente que no, desaprobando toda unión aquí posible,

El ya redactó su memoria política bajo la más dolorosa experiencia.

José Manuel MARTÍNEZ BANDE

 

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