Autor: Vicente Martín, Ciriaco de. 
   La economía es cosa de todos     
 
 El País.    31/07/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

El País, 31/VII/77

La economía es cosa de todos

CIRIACO DE VICENTE

El Gobierno ha elaborado un plan de urgencia de medidas económicas que, de cara a los trabajadores, se

apoya fundamentalmente en el control de) crecimiento de los salarios y en la reforma fiscal.

Si algo claro hay en relación con estos dos temas es que los trabajadores españoles no creen en la reforma

fiscal. De ello tienen buena conciencia Fuentes Quintana y Fernández Ordoñez, hasta el punto de haber

anunciado que lo de la reforma fiscal ahora va en serio. Por el contrario, en lo que sí creen los

trabajadores es en las congelaciones y en los controles salariales. Los han padecido muchos años, tantos

como para saber que, en este país, el modelo de distribución de las cargas para superar las crisis

económicas ha sido un modelo siempre desequilibrado en perjuicio de quienes intentan vivir de su

trabajo.

Por si todavía hay por esos mundos algún escéptico que no esté de acuerdo con estas afirmaciones, quede

aquí el inequívoco recordatorio de que, desde que en diciembre de 1973 se aprobara la vigente ley de

Convenios Colectivos, en este país no ha habido ni un solo día de libertad de negociación colectiva. Ni

uno solo, insisto.

Es esta una razón más que suficiente para que, de entrada, a los trabajadores españoles no les haya hecho

la más mínima gracia el anuncio gubernamental de que se va a moderar el ritmo de crecimiento de los

salarios. Son demasiados años oyendo hablar de una reforma fiscal que nunca llegó, y muchos años,

también, padeciendo limitaciones salariales, como para que no afloren ahora los justificados resabios

generados durante esos años.

Pero, además de lo hasta ahora dicho, hay un segundo elemento determinante de la actual desconfianza de

los trabajadores. Me refiero al método seguido por el Gobierno Suárez para anunciar públicamente el

control de los salarios. El Gobierno Suárez, que programáticamente se autoproclama Gobierno del pacto

social, propone ahora a los grupos afectados (léase, sindicatos) sentarse a la mesa para negociar la manera

de lograr la reducción del ritmo de crecimiento de tos salarios. Obsérvese que el Gobierno habla de

negociación después (no antes) de haber anunciado que está dispuesto a controlar el desarrollo de la masa

salarial.

Lo anterior significa que la postulada reducción del ritmo de crecimiento de las retribuciones no es, en si

mismo, el resultado de una negociación entre el Gobierno y los sindicatos. Por el contrario, el control

salarial es el resultado de un acuerdo, unilateral, del Consejo de Ministros. Creo que es necesario

remachar esta idea, elemental por otra parte, para que nadie confunda el sentido de las últimas entrevistas

de responsables de CCOO, UGT y USO con el ministro de Trabajo, que dicho sea de paso, no es más que

un ministro del Gobierno, pero no el Gobierno. Unas de esas entrevistas lo fueron de mera cortesía, en

tanto que la reunión conjunta de las tres centrales con el mencionado ministro, celebrada el pasado dia

veintidós, fue una mera reunión informativa. Confundir estas entrevistas con una negociación serla una

ligereza imperdonable.

El control de los salarios es, por tanto, hoy por hoy, el único tema de futura negociación que el Gobierno

propone a los sindicatos, negociación que, por el carácter instrumental con que el propio Gobierno la

concibe, tiene como principio inspirador el de intentar convertir a los sindicatos en meros administradores

de una decisión (el control de los salarios), en cuya elaboración los sindicatos no han participado.

Fácilmente se comprende que a los sindicatos obreros se les limitan los temas negociables a uno soto, los

salarios, y, además, se les llama a negociar a toro pasado, esto es, cuando el control salarial ya está

decidido. Pero, además, a los sindicatos se les llama para bendecir el ramo, para convalidar

democráticamente la decisión gubernamental, matiz que introduce como nuevo matiz de las relaciones

Gobierno-Sindicatos, el intento gubernamental de instrumentalizar a las organizaciones obreras.

El Gobierno Suárez ha dejado aflorar sus resabios franquistas, difíciles de evitar cuando se ha vivido

cuarenta años bajo una dictadura en la que han sido educados la mayoría de los hombres del Gobierno

Suárez. Consecuentemente con ello el Gobierno ha tirado para adelante, y ha decidido limitar el ritmo de

crecimiento de los salarios, aunque haya pretendido compensar semejante decisión, obviamente

impopular, con el anuncio de una reforma fiscal y de un paquete de medidas antiparo.

Dicho de otro modo: el Gobierno Suárez, el solito, ha decidido que lo malo de la congelación salarial se

compensa con lo bueno de las otras dos medidas. El Gobierno, digámoslo claro, ha actuado

paternalistamente, ha pensado y decidido por todos los españoles, olvidando que quienes no te han votado

en las últimas elecciones (los asalariados y los pequeños y modestos empresarios y trabajadores

autónomos de la agricultura, la pesca, la industria y los servicios) tienen un concepto de negociación que

no coincide con el suyo. Así no hay quien negocie, porque negociar no consiste en corregir un papel que

el Gobierno ha escrito, sino escribirlo conjuntamente, previo diálogo y acuerdo.

 

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