Autor: Peces-Barba Martínez, Gregorio. 
   Reflexiones sobre Poder y Derecho     
 
 El País.    18/12/1977.  Página: 11. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

EL PAÍS, domingo 18 de diciembre de 1977

OPINIÓN

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TRIBUNA LIBRE

Reflexiones sobre Poder y Derecho

GREGORIO PECESBARBA MARTÍNEZ Diputado del PSOE por Valladolid. Miembro de la ponencia

constitucional

Hoy una contemplación sería de los problemas de organización de la sociedad exige un tratamiento

conjunto y conectado del Poder y del Derecho. Sin posible error podemos decir que el fundamento último

de un ordenamiento jurídico es el Poder y esta afirmación tiene unas consecuencias teóricas y prácticas de

un alcance incalculable. También rompe con todo el idealismo iusnaturalista que pretendía fundar la

validez del Derecho en el Derecho Natural.

A nivel de la teoría jurídica, de la Filosofía del Derecho y del Estado, ha habido que superar dos

dificultades sucesivas y contradictorias. Por una parte, la ilusión iusnaturalista que pretendía la imposible

empresa de encontrar unas normas ideales, justas y válidas para todos los tiempos que fueran el modelo

platónico que legitimase al Derecho Positivo. Por otra parte, el formalismo kelseniano que pretendía

construir una teoría pura del Derecho al margen de las realidades sociológicas, entre ellas las del poder,

La realidad se ha acabado imponiendo y el pensamiento jurídico está hoy mayoritariamente de acuerdo en

que la justicia posible, los valores que el Derecho positivo realiza son valores históricos, vinculados a un

momento de las relaciones de producción, de la cultura de los hombres. También parece adquirido que

ese Derecho positivo se fundamente en el poder político, en la fuerza que lo sostiene y que impulsa la

incorporación al Derecho positivo de los valores que considera más adecuados. Así, historia, poder y

Derecho son inseparables para entender a las sociedades actuales y la Filosofía del Derecho como teoría

de la justicia, al tener en cuenta inexorablemente al poder tiene que ser en algún momento filosofía

política.

A nivel de la teoría política, el progresivo deterioro del iusnaturalismo con el abandono a partir del siglo

XIX de la creencia en un Derecho ideal justo e inmutable, producirá una progresiva atención al problema

del poder para abordar un Derecho más justo. La vieja intuición de Pascal sobre la justicia que si no era

fuerte obligaba a que la fuerza fuera más justa, se concretará en la historia del mundo moderno a partir del

siglo XVI en la búsqueda de un poder limitado y con participación de los ciudadanos. Así se perfilará la

concepción democrática del poder, iniciada con la aportación del pensamiento liberal y completada por el

pensamiento socialista y que ha hecho más para la realización de un Derecho justo que todas las

elucubraciones del lusnaturalismo juntas.

Un poder político democrático supone, al menos en teoría y sin perjuicio de sus posibles desviaciones

prácticas, una formación de la voluntad política con participación de los ciudadanos y a su vez

fundamenta a un ordenamiento jurídico cuyos destinatarios son esos mismos ciudadanos, lo que,

indudablemente, favorece su obediencia al Derecho, que es en algún sentido autoobediencia.

Pero las relaciones entre Derecho y poder y más en concreto la fundamentación y el apoyo que, en última

instancia, realiza el poder sobre el Derecho positivo, que hace posible su validez, adquieren unas

características espacíficas si se tiene en cuenta la identificación del poder con el Estado moderno, por la

progresiva supresión de los poderes feudales, de la Iglesia y del imperio, en favor del Estado. El

pluralismo de poderes de tiempos anteriores irá disminuyendo hasta llegarse a ese momento del

monopolio del uso legítimo de la fuerza con que Weber caracterizó al Estado moderno.

El monoplio de todo poder político, por parte del Estado, hará, que todo ordenamiento jurídicose

fundamente en última instancia en el Estado, o dicho de otra manera, que todo derecho sea estatal. Incluso

el Derecho creado a nivel popular como la costumbre no es tal sin el visto bueno del Derecho Estatal, y

por eso Bobbio llama a sus normas consuetudinarias normas recibidas. Por eso también el poder negocial,

los contratos obligan y son ley entre las partes porque el Derecho Estatal así lo establece. Son las normas

delegadas de que habla también Bobbio. El poder se concentra en el Estado y el Derecho es sólo el del

Estado.

Pero no se trata aquí, con estas reflexiones, de una disquisición académica, sino de llevar estos

argumentos teóricos a sus últimas consecuencias prácticas en temas que son hoy de acucióme actualidad y

sobre los que no hay ideas claras. Más bien diría yo que hay mucha confusión, no siempre inocente.

Respecto al poder, lo anterior supone que no existe en el mundo moderno sino el del Estado y que seria

un gran error mantener tesis anacrónicas sobre una coexistencia de poderes, como por ejemplo se pudo

desprender del discurso de monseñor Yanes en el Club Siglo XXI sobre la Constitución, o en la

declaración de la Conferencia Episcopal Española. La Iglesia católica, y en general las confestones

religiosas, son comunidades que tienen derechos y que pueden desarrollar libremente sus actividades,

pero no son poderes soberanos, no tienen hoy imperium ni protestas como pudieron tener en otros

momentos de la historia. Emplear terminología como «son independientes en sus respectivas

competencias» supone partir de la idea de que son dos poderes, lo cual no se corresponde con la realidad.

La libertad religiosa, de cultos y de las comunidades o iglesias, no necesita de la tesis del poder de la

Iglesia para su pleno desarrollo en la sociedad actual.

Respecto al Derecho, su condición estatal supone el monopolio de la capacidad creadora y en todo caso el

monopolio de delegar competencias creadoras y de recibir normas creadas por otros grupos sociales. Y

esto también tiene consecuencias muy próximas a las ya señaladas en relación con el poder. Ningún grupo

social tiene capacidad originaria propia para crear normas jurídicas. Sólo la tiene el Estado. Desde este

prisma aparece asimismo como anacrónico el tema del valor interno del Derecho Canónico, por ejemplo

en el Derecho Español, en temas como el matrimonial, y por supuesto la idea de las materias mixtas.

Et proceso de secularización ha acelerado esta pérdida de poder y de capacidad normativa creadora por

parte de las iglesias y ha confirmado el monopolio esta tal.

La garantía para la Iglesia, para las confesiones, como para cualquier ciudadano o grupo, es la común

democracia y libertad garantizada por igual para todos. Las instituciones democráticas, las libertades, y

muy especialmente la libertad religiosa, llevada lo más lejos posible, es el camino para el desarrollo de las

actividades religiosas de las personas y de las comunidades. No se trata de resucitar, o de mantener,

porque en España nunca se perdieron, la tesis del poder soberano de la Iglesia o de su competencia

creadora de normas. Con estas tesis, estarían, como dicen los franceses, trabajando para el rey de Prusia,

La realidad va por otros derroteros y todo pensamiento tiene, para ser posible, que ajustarse a la realidad.

 

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