Autor: Vicente Martín, Ciriaco de. 
   Gobierno-sindicatos: entre el diálogo y la negociación     
 
 El País.    16/08/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Gobiernosindicatos: entre el diálogo y la negociación

CIRIACO DE VICENTE Un año ha tardado el presidente Suárez en convencerse de que lenía que

reunirse personalmente con los sindicatos españoles. Hace ahora justamente un año, el entonces ministro

de Relaciones Sindicales, Enrique de la Mata, sorprendía al país con la apertura (casi de tapadillo) de los

primeros contactos entre el Gobierno y la oposición sindical, contactos que, con resultados

moderadamente positivos, se prolongaron hasta que el reciente cese de De la Mata cortó un diálogo que

ahora, mes y medio más tarde, intenta reanudar el Gobierno de la Monarquía.

El diálogo recientemente abierto entre el Gobierno y pane de los sindicatos democráticos (UGT, USO y

CCOO) se ha iniciado, sin duda, porque el Gobierno se ha convencido, aunque tardíamente, de que no

cabe salir de la crisis económica que el país padece sin contar con la opinión de ios trabajadores

organizados sindicalmente.

El Gobierno pretende llevar a tos sindicatos a su terreno, no tanto porque esté sinceramente convencido

de que la instauración de la democracia requiere ese diálogo, cuanto porque la unánime reacción negativa

de los sindicatos obreros ante su plan económico de urgencia ha puesto seriamente en peligro la

viabilidad de ese plan y, a medio plazo, la misma continuidad del Gobierno.

En todo caso, cualquiera que sea la causa determinante de la apertura de los contactos sindicatos-

Gobierno, soy de quienes entienden que es positivo el que el presidente Suárez haya convocado a m

despacho a los responsables de CCOO, USO y UGT, aunque ese diálogo haya nacido tarada, porque a él

no han sido llamados todos los que son.

El que desde la Presidencia del Gobierno no se haya convocado a todos los sindicatos legales, el que se

haya olvidado a organizaciones sindicales que ya en 1976 hablan pisado las alfombras de las oficinas

gubernamentales para entrevistarse con Enrique de la Mata, el inexplicable olvido en que se ha dejado a

dos centrales de inspiración comunista como la CSUT y los SU, y a la veterana y a la vez renovada CNT,

no son ni justificables ni, por supuesto, oportunos.

Si la STV, la SOC, la CNT, la CSUT y los SU, entre otras, son centrales sindicales legales no e§

justificable que el Gobierno Suárez, autor formal de la legalización de esas centrales, las haya excluido

del diálogo. Por otras razones, tampoco parece lógico que si todas las centrales socialistas fueron

llamadas (UGT y USO), no lo hayan sido todas las centrales comunistas.

Nadie está capacitado, y mucho menos el Gobierno Suárez, para conceder o denegar patentes de

representatividad a las centrales sindicales, pues si bien es cierto que UGT, USO y CCOO parecen ser,

por el momento, las centrales más implantadas, y. por tanto, las más representativas, no es menos cierto

que, con la necesaria objetividad, ta que se mide en votos, nadie puede hablar de representativtdad hasta

que no se hayan celebrado las elecciones sindicales previstas para el otoño de este ano.

De ahí que, dadas las todavía bajas tasas de afiliación de los trabajadores a las centrales sindicales (tema

que no se resolverá claramente hasta que no se reparta el patrimonio de la AISS), el inicial acierto del

Gobierno al abrir el diálogo con algunas centrales sindicales esté seriamente en peligro por el error que ha

supuesto haber discriminado a otras centrales, olvidándolas sin más.

Esta ausencia, que aún se puede remediar (otra cosa es que las centrales sindicales hoy excluidas, si se las

cita desde Presidencia del Gobierno, acudan al encuentro), hará inviable, a cortísimo plazo (otoño

de este año), los contactos entre el Gobierno y las centrales sindicales por el momento llamadas a formar

parte de la Comisión Mixta de expertos económicos. Ténganlo en cuenta el Gobierno de una parte

(porque un diálogo con exclusiones garantiza la radicalización de las posiciones de los trabajadores no

afiliados) y USO, UGT y CCOO, de otra (porque un diálogo con exclusiones las convertirá en centrales

sometidas al Gobierno Suárez y las reglas del juego por él impuestas). Creo que remediar esta situación es

tarea que el Gobierno y las tres mencionadas sindicales tienen la obligación de resolver a corto plazo,

porque la crítica situación de la economía española no está ni para dar pasos en falso ni, mucho menos,

para perder el tiempo.

Queda finalmente necesitado de aclaración al país, qué es lo que pretende el Gobierno con la apertura del

diálogo con las centrales sindicales, pues suscita evidentes dudas que el Gobierno haya ofrecido dos

distintas versiones de sus pretensiones. Así, mientras el presidente Suárez, en sus entrevistas con UGT,

CCOO y USO» proponía simplemente la creación de una comisión mixta de expertos, para dialogar y

cambiar impresiones e información sobre la situación actual de la economía española, poquísimas horas

después, el vicepresidente Fuentes Quintana anunciaba por televisión la pretensión gubernamental de

abrir una negociación con las centrales sindicales y los empresarios, negociación que, en palabras del

propio Fuentes Quintana tendría como objetivos concretos el logro de la moderación en el incremento de

los salarios y la defensa del nivel de empleo

.

La aclaración publica de los objetivos del Gobierno no parece un tema baladi, ni para las centrales por

ahora convocadas, ni para las ausentes, y, mucho menos, para las organizaciones patronales.

 

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