Autor: Múgica Herzog, Enrique . 
   Los socialistas ante el país     
 
 El País.    29/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL PAIS, miércoles 29 de junio de 1977

Con ocasión de la reunión del comité federal del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que se

celebra estos días en Madrid, publicamos dos opiniones contrastadas sobre lo que debe ser la política y la

actuación futura de este partido en la vida publica española

TRIBUNA LIBRE

Los socialistas ante el país

ENRIQUE MUG1CA

Diputado electo al Congreso per

Guipúzcoa

A punto de abrirse las nuevas Cortes y terminado un escrutinio que como se ha llevado más parece de la

época de la tartana que de la cibernética, conviene significar datos fundamentales que han convertido al

Partido Socialista en la alternativa de gobierno.

Cuando afirmábamos que la memoria histórica —soterrada en un principio, aunque paulatinamente

dinamizada en función del desarrollo orgánico— se convertirla en uno de los elementos protagonistas de

racionalización de las opciones del cambio, marginando la sustentadas sobre improvisaciones irrealistas y

personalismos sin mañana, se apuntaba a la doble dimensión interior e internacional de la imagen política.

Las pasadas elecciones han demostrado no solamente el rigor y la responsabilidad con que los sectores

más consecuentemente democráticos del pueblo se disponen a afrontar el futuro sino, asimismo, ta aguda

perspicacia con que han sabido distinguir el son auténtico entre voces aparentemente semejantes hasta tal

punto que era de ver a los portavoces de la peyorativamente llamada extrema izquierda afanarse tras la

busca de atildados equilibrios.

Por otra parte, minimizando las tentaciones tercermundistas o de un socialismo pretendidamente ultra

mediterráneo, aquellos sectores han afirmado la vocación europea de España, y por ello han confiado en

la organización que más adecuada, permanente e irrenunciablemente la venia expresando por su

contigüidad solidaria a las grandes opciones de poder que están construyendo Europa.

Uno y otro supuesto se anudan en esa condición fundamental y definitoria de credibilidad democrática

que no reside, idóneamente, ni en quienes atrapando el tren en el último minuto se han subido a la

máquina, ni en los que asumiendo sólo una parte de su herencia —la resistente— intentan superar

verbalmente la abominante autoritaria de la misma.

La credibilidad democrática es lo que ha hecho que más de cinco millones de ciudadanos —con la

reflexión que produce el saber que su propio destino ha de superar el contagio de la alegría festivalera o ia

audacia testimonial hayan elegido al Partido Socialista como garante de ese destino. Y aquí si que

podemos hablar de votos de candad, no como consuelo sensitario de quienes tendrán que esperar ulterior

ocasión, sino como manifestación de confianza de los grupos sociales más vivos y dinámicos del país, los

cuales constituyen la ciase trabajadora en el amplio contenido que los socialistas hemos defendido a lo

largo de la campaña electoral, es decir la integrada por los trabajadores de la industria, el campo y el mar,

por los técnicos, intelectuales, profesionales, empleados, ensenantes, funcionarios, a los que se han de

sumar los pequeños industriales y comerciantes.

Mas no se trata únicamente de contabilizar y cualificar, sino de comprender su dimensión sociológica y

de extraer los criterios necesarios en orden a la opera tividad del partido, Considerando la gran distancia

que separa al Partido Socialista del que le sigue en la izquierda nos encontramos con que el concepto de

hegemonía responde insatísfactoriamente a la situación creada, por cuanto el mismo establece (a relación

entre organizaciones de peso desigual aunque de distancia no ampliamente descorrí pensatoria, tal como

sucede en Francia con los Partidos Socialista y Comunista. Algún diario ha hablado de que mientras la

UCD ha barrido a la derecha el PSOE lo ha hecho a la izquierda, y aunque la espectacularidad del titular

sea demasiado impresionista, lo que explica autoriza a superar el concepto atractivo, aunque aquí y

ahora,insuficiente de hegemonía.

Creo que la dimensión encarnada en Socialismo es libertad ha recogido la doble vocación transformadora

que la izquierda española ha mantenido a lo largo de su historia, la conformada por la tradición liberal de

progreso y por la tradición estrictamente socialista. En el periodo anterior a la guerra civil la primera era

expresada con impar prestigio insobornable dedicación por Manuel Azaña y la segunda, naturalmente, por

el propio PSOE^ aunque ocasionalmente podían confluir en hombres como Indalecio Prieto,ai que se

debe honrar como precursor de una fecunda andadura. En las actuales circunstancias, la capacidad con

que los socialistas han sabido ser fieles a su histórico legado de que el socialismo es la profundización de

la democracia, les ha hecho acreedores a la confianza de las capas sociales y culturales a las que aquella

doble tradición se vinculaba. A sensu contrario, la integración en el gran partido de la derecha,

instrumentado por Suárez, de los grupos que prevalecían de aptitudes reformadoras, prontamente

agostadas, confirman nuestra proposición. Todo ello nos obliga a ser leales intérpretes de la voluntad

popular en la perspectiva de cambiar la vida mediante la consecución de progresivas e imparables cotas

de libertad justicia, pero sin recaer en dogmática enfatización que no corresponde al talante de la

izquierda.

En otro sentido, el hecho de que ei Partido Socialista se haya convertido en la alternativa de gobierno

obliga a una reflexión sobre la unidad de la izquierda como único y excluyente método de asunción por

ésta del Poder. Reiteradamente, antes y durante la campana electoral, hemos venido afirmando que en ta

presente coyuntura de mantenimiento de los instrumentos del régimen anterior, dicha unión arriesgarla

una dialéctica del frente popular —frente nacional cuyas dramáticas consecuencias sólo las salva,

imaginativamente, el voluntarismo de los alucinados—, mas también indicábamos que en el futuro el

problema debiera plantearse no en función de aptitudes dogmáticas, sino condicionándolo a la correlación

de fuerzas existentes en la ocasión apropiada. La bi polarización responsable y no traumática que ha

arrojado el balance electoral entre un gran partido de derechas y el PSOE como expresión de la izquierda,

es un dato principal a tener en cuenta en el futuro, considerando que el contexto social, político y

económico en que se mueve España tiende más a la consolidación de la bipolarización que a su

desaparición.

En esta dirección los socialistas estamos dispuestos a asumir, sin complejos, nuestra responsabilidad

histórica.

 

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