Autor: Cueva Alonso, Justo de la. 
   El PSOE que hay que construir     
 
 El País.    21/06/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

EL PAÍS, jueves 21 de julio de 1977

TRIBUNA LIBRE

El PSOE que hay que construir

JUSTO DE LA CUEVA ALONSO

¿Pero hay que construir el PSOE? Si. Aunque el PSOE haya salido de las elecciones del 15 de junio

convertido en el más fuerte partido político español, aunque pueda ostentar la baza de más de cinco

millones de votos, lo cierto es que hay que construirlo. Todos los militantes (y muchos de los

simpatizantes que han colaborado en la campaña electoral) sabemos bien cuan endeble es la estructura del

partido. Sabemos bien cómo ese inmenso fardo de cinco millones largos de confianzas se ha depositado

sobre un armazón apresurado, se ha conseguido a pesar de que ta propia campaña ha sido desorganizada,

incoherentemente ensamblada, vitalmente soportada por el muchas veces heroico sacrificio y por el

inagotable entusiasmo de unos militantes no dirigidos que han suplido con su esfuerzo la orfandad de las

técnicas y la inexistencia de la planificación eficaz. Y que, entre otras cosas, esos defectos nos han

privado de una mayoría que era factible alcanzar.

Por otra parte, todo esto no tiene nada de extraño y, en todo caso, hay que cargarlo a la cuenta de la

dictadura franquista. Todavía en diciembre pasado los delegados que asistíamos al XXVII Congreso en

Madrid vivíamos la contradicción de nuestras sesiones públicas con la certeza de nuestra condición de

ilegales, con la seguridad de que (con la ley Penal franquista vigente en la mano) los guardias que

«protegían» el Congreso podían detenernos a todos si quisieran. Pero el que los defectos de organización

y estructura sean explicables no tos elimina. Como no sirve de consuelo el que aún sea más etérea y

fantasmagórica la estructura de la UCD o la de la Alianza Popular o la de la Federación Demócrata

Cristiana, Sólo vale para saber que en el país de los ciegos somos los tuertos. Estamos mejor que los

ciegos, claro. Pero estamos tuertos.

Tengo para mí que este problema no es cuestión que deba preocuparnos sólo a los militantes del PSOE.

Ni siquiera sólo a los socialistas. Ni siquiera sólo a nuestros votantes. Cuando un partido recibe cinco

millones largos de votos deja de ser, si alguna vez lo ha sido, el cortijo de unos pocos para convertirse en

una institución pública cuyos problemas son de interés público.

¿Cómo debe ser el PSOE que hay que construir, pues? Por supuesto, en primer lugar debe ser un partido.

Esto es, un grupo organizado a nivel local, comarcal, regional, nacional y estatal que tenga como fin

alcanzar el poder y, una vez en él, hacer prevalecer las ideas y/o los intereses de sus miembros. El primer

requisito es, por tanto, constituirse como grupo realmente organizado a todos los niveles, con unas reglas

de juego (estatutos) acordadas por todos los miembros y respetadas también por todos los miembros.

Pero, ¿cuáles son las ideas y los intereses que debe intentar hacer prevalecer ese partido? Es vital (no sólo

para el PSOE, sino para España) que acertemos al responder a esa pregunta. Porque un partido en la

situación del nuestro tiene que ser capaz de armonizar su fidelidad a tres componentes distintos: su

identidad histórica, la voluntad mayoritaría de sus militantes y la voluntad de los electores que le han

dado sus votos.

Cuando un partido se presenta a unas elecciones lo que hace es ofrecer a los electores que firmen lo que

los juristas romanos llamaban un contrato innominado, una oferta cerrada cuyo cumplimiento tiene

derecho a exigir todo aquel, sea quien sea, que pague la contraprestación establecida, en este caso el voto.

Por ello arece claro que los militantes del PSOE no podemos construir un PSOE que sea sólo marxista,

revolucionario y de clase, y, además, republicano, Y no podemos hacerlo porque parece evidente que no

todos los cinco millones largos de votos que hemos sumado han sido votos para el marxismo, la

revolución, la lucha de clases o la República. Lógicamente, porque no ha sido esa la oferta que hemos

hecho, como partido, en la campaña electoral. Nuestro primer secretario, Felipe González, habló treinta

minutos por televisión. Y en esos treinta minutos no dijo una sola vez ni «marxismo" ni «revolución" ni

«República» ni «lucha de clases». Y tampoco se han escrito una sola vez esas palabras, ni en el

manifiesto electoral, ni en los dípticos, ni en el folleto «Programa electoral del PSOE», ni en los carteles

que hemos distribuido o pegado por millones.

Es cierto, sin embargo, que en las conclusiones aprobadas por el XXVII Congreso la ponencia política

(inspirada por la propuesta de los socialistas madrileños) reafirma que el PSOE es «un partido de clase y,

por tanto, de masas, marxista y democrático», siempre conectado «con la perspectiva de la revolución

socialista». Es también cierto que otra conclusión aprobada fue la de que «el PSOE propugna la

instauración de una República federal de trabajadores, integrada por todos los pueblos del Estado

español». Pero eso no se le ´ha dicho a los electores en la campaña electoral.

Podremos los militantes pedirle cuentas a Felipe González y al «aparato» del partido por haberse apartado

de las conclusiones del congreso. Pero no podemos pedirle cuentas a los electores por

no saber que lo que se les ha ofrecido en la campaña es diferente de la línea política aprobada por el

órgano supremo del partido.

Siendo ésta la situación, ¿qué podemos hacer hoy aquellos militantes del PSOE que somos marxistas,

revolucionarios, republicanos, convencidos de la lucha de clases y que además conseguimos establecer

mayoritariamente esa línea política en las conclusiones del XXVII Congreso? Dejaríamos de ser

marxistas si desconociéramos la realidad y pretendiéramos expulsar a los que no son marxistas, ni

revolucionarios, ni republicanos, ni luchadores de clase, primero del partido y luego de nuestro

electorado. Tenemos que aceptar el dato de que aunque en diciembre conseguimos hacerles minoría en el

Congreso son probablemente hoy mayoría en el partido y casi seguro en nuestros cinco millones de votos.

Pero si nosotros no podernos hacer eso, tampoco pueden los xocialdemócratas de nuestro partido

pretender expulsarnos de él a los marxistas, revolucionarios, republicanos y luchadores de clase. Entre

otras cosas, porque una parte de esos cinco millones de votos sí que son eso. Entre esos cinco millones de

votos están los, de los mineros asturianos, los aceituneros de Jaén, lo obreros vallecanos y del cinturón

rujo madrileño y barcelonés...

La única salida posible es que reconozcamos, unos y otros, la realidad, que es muy tozuda y suele romper

los dientes a los que se empeñan en ignorarla (que se lo cuenten sí no á Fraga y a su Alian/a). Y la

realidad es que estamos obligados a convivir en un partido socialista de amplio espectro. Que por ser

socialista está obligado a ser diáfano, Y que debe reconocer con claridad ante los españoles que en él hay

tendencias nítidamente diferentes.

Se hace imprescindible la celebración (prevista expresamente en las conclusiones del XVII Congreso) de

un congreso extraordinario del partido para fijar con precisión la línea mayoritaria y minoritaria ante la

nueva situación, ante esos cinco millones largos de votos obtenidos después de la concreta campaña

electoral llevada a cabo. Se hace imprescindible que ese congreso reconozca expresamente la existencia

de tendencias en el partido, porque aquella que pretenda imponerse rígidamente eliminando a las otras

sólo conseguirá romper el partido.

Los marxistas no tenemos más prisa que la que tiene la historia. Aceptamos que en este momento la

obsesiva preocupación de los españoles era desembarazarse de la carcasa podrida de la dictadura

franquista. Esperamos convencer en pocos años, primero a la mayoría de nuestros compañeros de partido

y, luego, a la mayoría del país, de que la sociedad capitalista (incluso la «avanzada») es una alternativa

históricamente agotada. Y de que su única salida válida, la única que evitará la catástrofe planetaria, es la

revolución socialista. Y nos proponemos difundir esa opción de forma diáfana y clara en el seno del

partido y de la sociedad española. Incluyendo en la exposición el método para conseguir en España una

mayoría (el 60 o el 65 %) que sea suficiente para hacer eficazmente la revolución socialista: la unidad de

la izquierda.

Por favor, seamos todos claros. Ser socialista es ser, además de igualitario, diáfano.

Justo de la Cueva Alonso ha sido secretario general de la Agrupación Socialista Madrileña (sector

histérico), miembro de la Comisión Mixta de: Reunificación del PSOE madrileño, delegado por Madrid

en el XXVII Congreso del PSOE. Actualmente militante de base del PSOE, sometido a expediente

disciplinario en trámite.

 

< Volver