Autor: Solana, Luis . 
   Test para socialdemócratas     
 
 El País.    16/06/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Test para soaciademócratas

LUIS SOLANA Diputado PSOE

(Segovia)

¿Alguien tenía dudas de que un socialdemócrata podía militar en el PSOE? ¿Hubiera sido posible que un

marxista no se sintiera en su partido al recibir el carnet del PSOE? Unas puntualizaciones quizá

inicialmente poco perfiladas del primer secretario del PSOE han hecho dudar a algunos de cuál es la

respuesta a los interrogantes iniciales. Algunos han pretendido dar la impresión de que los

socialdemócratas han recibido — por fin— garantías para incorporarse y que los marxistas están a punió

de ver complicado el derecho a mantener su ideología dentro del PSOE.

Es curioso cómo la falta de formación política e histórica que como una más de las lacras del franquismo

padece España lleva consigo que ciertas ideas adquieran un significado propio, autónomo e independiente

en gran medida de lo que realmente entrañan en su rigurosa acepción. Este es el caso de las palabras idea

marxismo y socialdemocracia.

En el fondo puede ser ingenuo el recordar —como hacen algunos para apoyar unas u otras tesis— que

Marx no se consideraba marxista o que Rosa de Luxemburgo pertenecía a un partido socialdemócrata. Es

igual. Ciertas palabras seguirán teniendo determinadas connotaciones propias, y, en consecuencia, habría

que manejarlas en ese contexto.

Connotaciones específicas

El marxismo tiene entre los trabajadores españoles unas connotaciones específicas que sólo

indirectamente tienen que ver con el término, pero que son válidas. Marxismo es la garantía de ta lucha

por el cambio social. Eso que durante veintiséis congresos del PSOE no hacía falta incorporar porque

estaba (y está) perfectamente recogido por la teoría y la práctica del partido, ahora es una piedra de toque

más que una palabra.

Hoy, desprenderse de la palabra marxismo, para el Partido Socialista Obrero Español, es imposible. Hoy,

no aceptar que los planteamientos socialdemóeratas son los únicos que resultan viables para establecer

una política económica favorable a los trabajadores de la Europa occidental, es una inconsciencia.

Combinar —retomando el pasado— ambos términos es el gran reto del XXVIII Congreso.

¿Componenda excesiva? En absoluto. Y, ahí está la esencia del pensamiento de los líderes del PSOE —

incluidos los que hoy llamaríamos socialdemócratas— durante casi cien años.

Un partido socialista como el PSOE tiene una meta permanente y unos medios que pueden y deben

cambiar. La meta permanente se puede resumir en esa espléndida definición del ideal del partido que se

aprueba congreso tras congreso: «La completa emancipación de la clase trabajadora; es decir, la abolición

de todas las clases sociales y su conversión en una sola de trabajadores, dueños del fruto de su trabajo,

libres, iguales, honrados e inteligentes.» Este ideal está definido de tal manera que lo mismo marxistas,

que fabianos, que cristianos, que socialdemócratas o que un largo etcétera, de orígenes de pensamiento

socialista, se pueden sentir y se han sentido siempre perfectamente incluidos y recogidos. Lo que ha de

evitarse es que la única corriente de pensamiento que se asuma sea la marxista, dando paso así en vez de a

una ideología instrumental a un dogma religioso.

Pero para llegar a esa meta ideal por la que las gentes de tantas ideologías y países luchan y han luchado,

se impone —en el mundo occidental— un modelo económico que se puede definir

como la socialdemocracia. Es decir, un proceso gradual de cambios y modificaciones de la sociedad

capitalista. No hay ni un solo partido obrero que no esté de una u otra forma aceptando esta idea. El

ejemplo más reciente es el del PCÉ que está ya de lleno en el proceso para la plena asunción por sus

militantes de la socialdemocracia como medio.

La meta final

Un soctaldemócrata debe conocer claramente cuál es la meta final en ese cambio social y económico que

definen los principios del programa máximo del Partido Socialista. En consecuencia, ninguna de las

medidas político-económicas que propugne puede dificultar el camino —el largo camino— hacia ese fin.

Por tanto, no es posible que un socialdemócrata pueda vivaquear políticamente fuera de las filas del

socialismo del PSOE, del socialismo que tiene un claro programa final radicalmente transformador. Los

otros, si se autodenominan socialdemócratas son pura y simplemente social-liberales. Con ellos se podrá

llegar a alianzas circunstanciales, pero nunca plantearse la militancia común dentro de un partido como el

PSOE que aspira desde su fundación a cambiar la sociedad.

Se debe aceptar todo el gradualismo que sea conveniente para no poner en peligro ni la eficacia de la

economía ni la libertad misma, pero no se puede perder el punto de referencia final.

Si no pueden aprobar este test más vale que estos pretendidos socialdemócratas dejen de utilizar este

término y dejen de confundir a la opinión pública. Aceptamos que sean liberales progresistas y

preocupados por las cuestiones sociales, pero no confundamos esto con lo que realmente tiene que volver

a significar la palabra socialdemócrata.

 

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