Autor: Castellano Cardalliaget, Pablo. 
   Ante el congreso del PSOE     
 
 El País.    23/10/1976.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

EL PAIS, sábado 23 de octubre de 1976

TRIBUNA LIBRE

Ante el congreso del PSOE

PABLO CASTELLANO

Secretario del PSOE desde 1972 hasta 1974, año en que fue elegido como primer secretario Felipe

González. Posteriormente dimitió de la comisión ejecutiva del partido por discrepancias con la línea

política del mismo. También ha dimitido recientemente de la comisión ejecutiva de la Unión General de

Trabajadores.

Desde la gratísima y honrosa situación de un militante de base del Partido Obrero por excelencia, casi

centenario, protagonista de las mejores páginas revolucionarias de la clase trabajadora y sin otro

conocimiento de lo ocurrido que lo que se trasluce de las páginas de la prensa, es obligado hacer algunas

consideraciones sobre este problema de la celebración, aplazamiento o traslado del lugar de realización

del Congreso del PSOE, que es evidente, y como Informaciones valoraba, constituye un auténtico test

político, pero no sólo para el Régimen, sino también para la oposición.

No es de despreciar entre otros muchos datos, manejables para el análisis, que la pretensión de legalidad

que ampara la resolución no autorizadora del Congreso, por defectos de forma, se haya producido cuando

la llamada plataforma de Coordinación Democrática recibía una seria andanada de la Izquierda

Democrática (Demócrata-Cristiana), negándose a ratificar el Documento de Valencia, su concepción de la

ruptura democrática, que se reduce para aquélla a un simple proceso electoral, y con una no muy

aceptable calificación peyorativa de «salidas a la calle», o «agitaciones», nada merecida, con que se alude

a los movimientos populares y al ejercicio bien legítimo del derecho de manifestación. Pedir tregua al

movimiento obrero, sin haber pedido tregua en la represión sangrienta del poder y sus colaboradores, en

el alentado indiscriminado, es un cierto sarcasmo, pero al fin y al cabo cada uno con sus concepciones del

orden público y sus lógicas tendencias al alineamiento con la clase explotada o la explotadora.

Tampoco es perdonable desestimar cómo, a bombo y platillo, se ha celebrado el Congreso del PSOE

(llamado histórico, en el que hoy militan socialistas sin la menor historia, como no sea la que arrastran

desde el Frente de Juventudes).

Importancia también ha de darse, si cree, uno en rumores de salas de redacción, a la poco favorable

aceptación por algunos militares de la posible reunión en Madrid de los líderes más destacados del

socialismo mundial, que quieren equiparar con una acción de presión o interferencia en nuestros

problemas nacionales, cuando es pura y simplemente una manifestación de solidaridad de clase, que en

nada afecta a nuestra soberanía y desde luego menos que los acuerdos con el imperialismo americano, o

los elementos ultras, armados en Montejurra, de la Internacional Fascista, pues en todo caso estos

peligrosos socialistas podrán decir bien alto: «Aquí estamos, nosotros no matamos».

Piensan algunos malintencionados que no produce la menor satisfacción al poder que destacados

miembros de gobiernos, actuales o pasados, de la Europa democrática occidental, vengan a nuestro país y

otorguen privilegiado trato al primer secretario del PSOE, mientras los ministros de la Monarquía son

recibidos, cuando lo son, reticentemente en estos países, y que aquí puede estar otra de las razones de la

excitabilidad oficial. Sería un problema de celos políticos.

Y sin agotar temas ni especulaciones, parece ser que entorpecería notablemente la discusión doméstica de

la reforma el que ésta fuere precedida por tos acuerdos de un Congreso del PSOE que la pudiere juzgar

críticamente, rechazar, afirmara su tradicional republicanismo e incluso pudiere dejar sentada la no

legalización y participación en el proceso electoral a las dos Cámaras, pues la argumentación por los

sectores ultras de la inutilidad de la tal reforma se vería reforzada con este antecedente, y no se quiere

correr el riesgo de que una potencial clientela, según los reformistas, y allá ellos si asi lo creen, se

pronuncie antes de estar fabricado el producto.

Al Gobierno, pese a todo, no le interesa un Congreso del PSOE en el exilio, pues exilio sería obligar a una

importante fuerza política a reunirse fuera, en libertad, por lo que todo estribaría en la negociación sobre

el aplazamiento, considerando que al PSOE le importa, lógicamente y mucho, hacer aquí, en libertad,

confirmeza y con claridad ejercicio de su democracia para ejemplo de propios y ajenos. ¿ Pero esto es

negociable?.

Infantil resultarla querer obligar a esta organización democrática a que se «legalice», para celebrar un

Congreso. Más que infantil contra producen le Y absurdo jugar frente a esa fuerza real con la legalización

del sector histórico solicitada y pendiente de resolución.

Y a la oposición restante tiene que hacerle pensar muy seriamente esta actitud de los prerreformistas, su

concepto de la equidad frente a la ley, su discriminación arbitraria, y sobre todo la incoherencia política,

económica, social de que hace gala el Gabinete, quizás como consecuencia de su simple desconocimiento

de la problemática real del pueblo.

Sujetar el ejercicio del derecho de reunión a las conveniencias del Gabinete, el ejercicio del derecho de

manifestación y libertad política a las operaciones del poder, el ejercicio del derecho de crítica, repulsa o

adhesión, a la satisfacción de determinados núcleos, en suma controlar y manipular el ejercicio de la

democracia, revela sin más misterios, que concepto se tiene de la política que se prepara por el suarismo,

y su democracia para incondicionales.

Después de esto, a ratificar de nuevo la Declaración del Derechos Humanos, porque para lo que

compromete...

 

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