Autor: Bustelo, Francisco. 
   Un punto sobre la i de marxismo     
 
 El País.    10/10/1976.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 14. 

EL PAÍS, domingo 10 de octubre de 1976

OPINIÓN

TRIBUNA LIBRE

Un punto sobre la i de marxismo

FRANCISCO BUSTELO

Doctor en Ciencias Económicas y abogado, catedrático excedente de la Universidad de Santiago de

Compórtela, es presidente de la Comisión de Conflictos de la Unión General de Trabajadores, sindical

del Partido Socialista Obrero Español.

Tantas mentiras se han contado en este país en los últimos treinta y siete años, que sería cosa «de nunca

acabar irías señalando una por una.

Cuando ahora afloran esperanzas grandes de cambio y de tiempos mejores, conviene ir poniendo algunos

puntos sobre las íes.

Uno de esos puntos es el del marxismo. Tantas maldades se han dicho de él. con tan siniestra caladura se

le ha presentado una v otra vez, que ha de maravillar queden marxistas en España.

Y, sin embargo, a reserva, claro es, de lo que digan los votos cuando votos haya, es muy posible que los

partidos marxislas de este país socialistas y comunistas— arrastren el día de mañana en su favor a buena

parte de la población. ¿Un tercio? ¿La mitad? ¿Más de la mitad? En cualquier caso, muchos, muchísimos

votos.

Entre otras, las siguientes puntualizacioncs podrían contribuir a explicar semejante hecho, que a algunos

parecería obra del diablo.

1. El marxismo es un humanismo en el mejor sentido de la palabra. En palabras de Marx, su meta es el

«reino de la libertad». Liberados en loda la medida de lo posible de opresiones y represiones, su propósito

es que hombres y mujeres puedan ir desarrollando plenamente su propia personalidad, serán seres

humanos libres en una sociedad libre, cada vez, menos sujeta a las limitaciones malcríales y con pleno

aprovechamiento del creciente conocimiento humano en beneficio de lodos y no de unos pocos. Nada

nene de insólito que pese a denuestos y persecuciones sin cuento, el marxismo sea una bandera donde se

contemplen millones y millones de personas y su color rojo, por extraño que a muchos parezca, simbolice

progreso, libertad y solidaridad. Porque si desde sus albores, y con todos los retrocesos y zigzags que se

quiera, la humanidad avanza, explicar ese avance, impulsarlo, hacer al hombre responsable de sus

destinos, por muy imperfecto que sea todavía, es un empeño noble y honroso.

2. Es muy cierto, desgraciadamente, que en nombre del marxismo se han cometido crímenes terribles.

Pero en ello el marxismo en nada se distingue de ninguna de las grandes corrientes filosóficas, religiosas

o políticas que en el mundo han sido. Si pudiera hacerse tan macabro balance, acaso no quedara el

marxismo, en lo que a crímenes respecta, muy a la zaga de cosas tan respetables o en su día tan

progresivas como el cristianismo o el liberalismo.

3. Muchas son así las tachas que pueden ponerse al marxismo. Desde no haber resuelto los problemas

filosóficos» sociales, políticos y económicos de nuestro tiempo hasta haber alumbrado sociedades de

subyugación y opresión. Con todo, solución definitiva a los problemas de las sociedades humanas, hoy

por hoy, nadie la tiene. Y menos que nadie el capitalismo. Basta observar un poco los problemas que en el

mundo capitalista suscitan las crisis económicas recurrentes, et sistema monetario internacional, las

empresas multinacionales, la contaminación del medio, la crisis de la energía, la explotación del tercer

mundo, entre otros temas, para reconocer la necesidad de buscar nuevas soluciones sociales y

económicas. ¿Y qué otras cabe encontrar que no sean las que ofrece el socialismo? ¿Y qué socialismo

tiene más fundamento que el marxista?

4. En la historia, una y otra vez, desde cuando Platón escribió

La República hasta hoy, se ha acusado de utópico a todo aquel que q uería cambiar la sociedad. Y, sin

embargo, la sociedad, siempre, tarde o temprano, acaba cambiando. Cuántos ejemplos no se podrían

aportar de quienes han considerado como algo inconmovible la esclavitud, el señorío... o la propiedad

privada del capital. Y tan absurda es esta última y así se considerará algún día— como absurdo y de todo

punto inaceptable nos parece hoy que se pueda reducir un hombre a esclavitud o que se haya creído que la

sangre del estamento noble era diferente de la del siervo y que de la cuna a la muerte uno y otro tenían

diferentes derechos y obligaciones.

5. Por último, si bien no se han cumplido —desde luego—las teorías de Marx sobre la proletarización y

miserabilización de casi toda la población de un país capitalista, hay en cambio un rechazo patente del

capitalismo, en grupos cuantitativa y cualitativamente cada vez más importantes, como técnicos,

profesionales y estudiantes. Las protestas reiteradas de estos últimos en muchos países ponen en duda Las

posibilidades biológicas mismas de que el capitalismo continúe. Si los hijos de los burgueses no quieren

ser burgueses, es difícil que no acabe habiendo cambios.

Si de las dos grandes corrientes marxistas, una de ellas —la comunista abandona, como lo está haciendo,

dependencias exteriores, afanes hegemónicos y dictaduras del proletariado y acepta la vía pluralista,

pacífica y democrática hacia el socialismo que siempre o casi siempre ha defendido la otra corriente,

encarnada por el Partido Socialista Obrero Español en sus noventa y siete años de historia, no es

imposible pensar en una izquierda unida para el mañana, que llegue a alcanzar la confianza mayoritaria

del país y que sin utopías vaya estableciendo una sociedad más libre, solidaria, democrática, racional,

justa y eficaz.

Por todo ello convendría que dejasen de llamarnos a los socialistas que somos partidarios de una alianza

con los comunistas, tontos útiles, compañeros de viaje o ingenuos despistados, y de preguntarnos por los

partidos socialistas de los países del Este o por la libertad de la Unión Soviética.

Aparte de que podríamos contestar que las únicas opresiones y cárceles que hemos conocido no han sido

precisamente las. soviéticas, todo eso que nos puedan decir y mucho más lo hemos sabido y lo hemos

combatido y lo seguimos combatiendo con todas nuestras fuerzas.

A fuer de marxistas, sin embargo, sabemos que las cosas cambian. Y si nuestras coincidencias con los

comunistas de este país aumentan en lugar de disminuir, tal cosa nos alegra. Profundamente.

 

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