Autor: Merigó, Eduardo. 
   La postransición     
 
 Diario 16.    25/05/1982.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

OPINION

Diario 16/25-Mayo-82

EDUARDO MERIGO

Vicepresidente de los Clubs Liberales

La postransición

Los resultados de Andalucía son, por lo exagerados, suficientemente significativos como para que no

valga la pena escudarse tras las particularidades innegables de una elección regional. A fuerza de analizar

las particularidades de Cataluña, el País Vasco, Galicia y Andalucía se termina negando la evidencia:

UCD ha perdido la confianza de prácticamente la mitad de su electorado que ha optado bien por

Coalición Democrátrica, por el PSOE o simplemente por la abstención.

En lugar de ignorar esa realidad o de rasgarse las vestiduras echándole la culpa de alguien en concreto, lo

mejor que podemos hacer quienes nos situamos en la zona del espectro político que ocupaba UCD es

analizar el fondo del problema y proponer soluciones en profundidad.

Una primera parte del análisis está muy clara: Coalición Democrática está empezando a ocupar la pro-

porción que corresponde a un partido conservador en España. Más en Galicia (país de pequeños propieta-

rios) que en Andalucía (país de latifundios), pero en cualquier caso mucho más que esos nueve escaños

que consiguió en 1979. Es un dato claramente positivo para la democracia española y para quienes

situándonos en el centro progresista podíamos difícilmente soportar la eterna cantinela de quienes

pretendiendo ser de centro por estar en UCD invocaban continuamente que nuestras votos estaban en la

derecha conservadora.

Amalgama

Pasemos a la izquierda. Ante todo, un gran bravo al PSOE. Ese partido, que se autocalificaba de revolu-

cionario en 1977, se ha ¡do moderando de tal forma que, al menos en su cabeza, puede claramente califi-

carse como socialdemócra-ta. He manifestado ya públicamente mi desacuerdo con el contenido de la

campaña empresarial en Andalucía (aunque defenderé siempre su derecho a hacerla) y aconsejo a os diri-

gentes empresariales que empiecen a pensar en la necesidad de convivir con un partido que será indispen-

sable para la democracia en España. Es también enormemente positivo el desastre de los ayatollahs del

PSA y a todos los españoles sensatos debería tranquilizarnos que a pesar del paro y la crisis económica

Andalucía no crea en el comunismo como solución a sus problemas.

Queda el Centro. Hace poco más de una semana, en el Club Liberal Clarín de Asturias, hice un análisis

que se encuentra plenamente corroborado por los acontecimientos y que esquematizaré a continuación.

UCD es, en 1977, una amalgama de hombres de la oposición democrática que se alían con un hombre,

Adolfo Suárez, que no me cansaré nunca de repetirlo, estaba demostrando su capacidad de llevar a cabo

una tarea histórica: El paso de una dictadura a una democracia en España. Ese hombre, lleno de carisma y

de cualidades personales, necesitaba el apoyo de los demócratas españoles para darle credibilidad en su

tarea. Esa tarea se cumplió con éxito y Adolfo Suárez tuvo la gran habilidad de convocar elecciones

generales inmediatamente después de aprobada la Constitución, que ganó en casi las mismas condiciones

que en 1977. Pero UCD seguía siendo una amalgama sólo justificada por esa tarea histórica de la

transición y sólo mantenida por el ejercicio del poder. Si alguien interpreta esta afirmación como el

abandono de un barco que . se está hundiendo le remitiré a lo que llevo escribiendo incansablemente

desde 1979 y que muy pronto se publicará integralmente en un libro. Muy pocos hemos sido quienes

hemos dimitido de altos cargos de la Administración por ser coherentes con nuestras ideas. Y ahora, más

que nunca, es nuestra obligación proponer lo que realmente pensarnos que es mejor para la democracia

española.

Y lo que pensamos la mayor parte de los liberales es que ha llegado la hora de iniciar la postransición en

España. Lo que los políticos no querían admitir por oportunismo, los electores les van a forzar admitirlo.

Esa UCD confusa y sin mensaje debe desaparecer para dar paso a un verdadero centro avanzado, ideoló-

gicamente coherente y despojado tanto de su derecha conservadora como de su izquierda populista.

Soluciones

En mi opinión, no hay nada más que dos soluciones. La primera sería crear lo que hace tiempo llamé

UPD (Unión para la Democracia) como coalición electoral de tres partidos: el centro conservador (con

contenido básicamente demócrata cristiano), e! centro progresista (con contenido básicamente liberal) y el

centro populista (basado en la persona de Adolfo Suárez). En esa hipótesis, los socialdemócratas se

repartirían entre los dos últimos grupos, pero también habría algunos democristianos en el segundo y

algunos liberales en el primero

La segunda solución sería más radical. Los conser vadores de UCD pasarían a Coalición Democrática.

Los populistas, junto con algunos socialdemócratas, montarían un partido alrededor de Adolfo Suárez, Y

el centro se quedaría con la mayor parte de los hombres que en 1977 constituimos

el Centro Democrático a los que se añadirían, sin dudarlo, líderes tan relevantes como Antonio Garrigues

y muchos de esos miles de personas que hoy están agrupados en los Clubs, Liberales.

Calvo-Sotelo y Adolfo Suárez tienen en sus manos la posibilidad de que las próximas elecciones sean las

últimas de la transición o las primeras de una democracia consolidada. Si vuelven a parchear a UCD, la

derrota electoral será estrepitosa y, además, se producirá una ruptura después de las elecciones. Si ambos

se enfrentan seriamente con los problemas, si Suárez aprovecha su carisma para lanzar una opción elec-

toral propia y Calvo-Sotelo propicia la creación de un verdadero centro renovado, el número total de

votos será muy superior.

 

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