Autor: Tierno Galván, Enrique. 
   Don Juan, una víctima del franquismo     
 
 Diario 16.    14/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Sábado 14-mayo-77/DIARIO 16

Don Juan, una víctima política del franquismo

Enrique Tierno Galván

Presidente del Partido Socialista Popular (PSP)

Don Juan de Borbón y Battemberg ha sido víctima política y moral de estos cuarenta años de lucha por

hallar una salida sin violencias a la dictadura. Propuso, al poco de acabar la segunda guerra europea, un

modelo de Monarquía democrática sin concesión ninguna al franquismo. Ofreció la reconciliación

nacional con todas sus consecuencias. Esta actitud le costó cuarenta años de exilio e incomprensión y que

su personalidad e ideas permaneciesen ignorados para los españoles. De un modo u otro todos los

demócratas le debemos gratitud por su conducta.

No ha podido cumplir su destino en cuanto a Rey y a estas alturas la baza de la Monarquía en España se

ha jugado sin que quepa para él posibilidad en el futuro.

Si la Monarquía actual se hunde no es concebible que don Juan pueda restablecerla en su persona, le ha

correspondido, pues, el ingratísimo papel de ser espectador de la realización de aquello de lo que debiera

él haber sido el protagonista.

Parece que está en la lógica de las cosas que a estas alturas renuncie a sus derechos dinásticos en su hijo,

el actual Rey de España, completando asi el proceso de estos cuarenta años de espera azarosa.

En cualquier caso, con esta renuncia culmina un sacrificio que ha beneficiado a los demócratas por el que

debemos agradecimiento a una persona ecuánime, serena, con convicciones, a la que la propaganda

franquista procuró denigrar sistemáticamente.

Me parece que quienes hemos luchado por la democracia desde uno u otro bando y bajo cualquier signo

ideológico debemos contribuir a que aparezca clara la personalidad de quien fue de los primeros en

proponer una alternativa democrática valiosa a la dictadura del general Franco.

Don Juan o la lealtad a España

Jaime Miralles (Miembro del Consejo privado de don Juan)

Para valorar la importancia singular que encierra la renuncia de don Juan a su indudable e indiscutido

derecho a la Corona, basta tener en cuenta que con ella atribuye y transmite a don Juan Carlos la

legitimidad histórica de la monarquía española.

Nunca fui partidario de que se alterara el orden regular de sucesión a la Corona, pues para mí,

monárquico convencido, el automatismo sucesorio es una de las mayores ventajas que ofrece a los

pueblos el sistema monárquico, a condición de que la Corona sea aséptica a toda actividad política

contingente, en su función estricta de servir de garantía al fiel cumplimiento de la voluntad nacional

soberana, libre y democráticamente expresada.

Implicar a la Corona en cualquier política partidista habría sido adulterarla, convirtiendo en instrumento

de parcialidades lo que ha de ser clave de arbitraje, institución permanente al servicio sólo del interés

nacional.

Por eso, don Juan, a lo largo de treinta y seis años, desde que sucedió a don Alfonso XIII en la dinastía,

ha sabido siempre conservar Incólume para España el acervo histórico y político de nuestra monarquía

secular, sin implicarla en ningún otro compromiso que no fuera su profundo respeto a la voluntad de los

españoles, a cuyo servicio lo puso siempre todo. En sus manifiestos, en sus discursos, en su conducta toda

se encierra la doctrina monárquica más depurada, con aplicación directa y concreta a nuestra problemática

presente.

Él fue el primero que señaló la necesidad de superar la guerra civil mediante la reconciliación de todos los

españoles y el establecimiento de un sistema genuinamente democrático fundado en el ejeroído de la

soberanía nacional por el pueblo.

Dudo de la oportunidad de la renuncia, pues pienso que, si las circunstancias históricas llegaran un día a

hacerla aconsejable, sería contando con la voluntad nacional representada en las Cortes.

Pero mí confianza de español en don Juan, esa confianza que tan duramente se ha ganado con su conducta

ejemplar en dignidad, en clarividencia y en sacrificio, me hace confiar en que su decisión de renunciar

tiene por base la seguridad cierta de que España va a poder constituirse en democracia auténtica.

Porque sé que para don Juan lo primero es España y porque pienso que la monarquía es la gran fórmula

de la paz y la concordia, sólo me cabe desear que el acierto se añada una vez más a la ejemplar conducta

de ese español sin par que es don Juan, cuya clarividencia sólo podrá valorarse con el tiempo y cuyo

mérito únicamente podrá premiar el juicio de la historia.

Los monárquicos, ahora más que nunca, hemos de esforzarnos en conseguir que la monarquía sea lo que

don Juan, el rey que no fue rey por ser un rey demócrata, ha propugnado con exquisita fidelidad a su

función de sucesor de la historia de España, desde la penumbra augusta de su reinado en el exilio.

 

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