Autor: Tezanos Tortajada, José Félix. 
   Socialismo y autonomismo     
 
 Diario 16.    24/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 8. 

Socialismo y autonomismo

José Félix Tezanos

Todo parece indicar que el tema de las autonomías va a jugar, nuevamente, un papel decisivo en la

orientación de nuestra dinámica política. Ciertamente, cuando aún quedan flotando en el aire

incertidumbres nada despreciables, somos inmensa mayoría los españoles que esperamos que en esta

ocasión las legítimas aspiraciones autonómicas de los pueblos y regiones que integran España encuentren

la via adecuada y realista que permita superar uno de los principales escollos —no lo olvidemos— que ha

enrarecido no pocas veces nuestra convivencia ciudadana. Una vez más es mucho lo que todos nos

jugamos. Ojalá que, en esta ocasión, la desmemoria histórica no nos juegue una mala pasada.

Pero, precisamente, porque la política no es una cuestión de voluntarismos ingenuos es necesario que el

tema del autonomismo sea situado en su correcta perspectiva histórica. Y esto nos obliga, por una parte, a

considerar que nuestro pasado más inmediato no es sino una fase más de un acontecer histórico muy

dilatado, y por otra, a tener en cuenta las coordenadas en las que se está desarrollando la vida política

internacional en el momento histórico actual. El proceso de integración europea, y las causas a partir de la

que surge, constituyen, sin duda, importantes datos nuevos que deben tener muy presentes los que limitan

su memoria histórica al periodo que más les conviene, y, desde luego, los que creen que se puede

continuar actuando idénticamente igual que si nada hubiera ocurrido, en nuestro país y en nuestro

contexto exterior, en los últimos cincuenta años.

Sin embargo, la política que es necesario hacer en estos momentos no debe dejar lugar a voluntarismos

ingenuos ni a romanticismos trasnochados. Estamos en 1977. Y el reloj de la historia no se ha parado, ni

en España ni a nuestro alrededor.

Ciertamente, la dictadura franquista ha enralecido tremendamente todos los elementos de la situación

política a partir de los que ahora tenemos que recomponer nuestra convivencia. Y, curiosamente, uno de

los aspectos a partir de los que este enrarecimiento puede continuar actuando aún, sea, quizá, el de la

tremenda confusión terminológica que se ha creado, en gran parte como consecuencia de la superposición

de un fenómeno de dictadura con uno de absurdo centralismo. En este sentido, creo que no es nada

exagerado decir que, en ocasiones, lo que muchos ciudadanos quieren significar cuando exigen

autonomías es que se defiendan sus intereses y que el Estado se organice democráticamente. En otras

ocasiones, cuando se habla de "nacionalidades", no se utiliza este término con el mismo significado que

tiene en ciencia política. Incluso cuando algunos pocos hablan de Estado independiente no queda claro de

qué independencia se habla. Y todo ello está produciendo un grave estado de incomunicación política"

entre los ciudadanos de unas y otras regiones. Sin duda, algunos aspectos de la confusión terminológica

actual tienen también raíces más complejas, pero, en cualquier caso, hay que suponer que no van a ser los

problemas terminológicos los que van a dificultar una adecuada solución al tema de las autonomías. Al

menos esto es lo que cabe esperar del buen sentido común de todos.

Parece evidente, pues, que a medida que nos distanciemos del momento histórico de la dictadura

franquista —y de sus procedimientos— gran parte de las aspiraciones autonómicas van a encontrar

cumplida satisfacción en la misma práctica democrática. En una verdadera democracia son los ciudadanos

los únicos que, en sus respectivos ámbitos, eligen no sólo a los que los representan en el Parlamento de la

nación, sino también a los que se ocupan de la gestión de sus asuntos más directos, inmediatos y

particulares, en sus Ayuntamientos, en sus diputaciones provinciales o regionales, etcétera. Y esto último

es lo que aún nos queda por hacer.

Autonomismo y socialismo

Sin embargo, es evidente que el tema de las autonomías no se agota, sin más, en el desarrollo de las

prácticas de autogobierno democrático, sino que también hay implicados en él importantes elementos de

índole cultural y de tradición histórica, y, por supuesto, importantes cuestiones económicas. Y en este

último aspecto va a estar, creo yo, el verdadero quid de la cuestión. A medida que se empiecen a barajar

las distintas alternativas concretas para el tratamiento de los asuntos económicos en una perspectiva

autonómica, va a empezar a quedar muy claro, para todos, quién es quién en nuestro mosaico político y

qué intereses prioritarios representa cada cual.

Desde mi particular punto de vista, y, creo yo, desde el de todos los que se sitúan congruentemente

en posturas socialistas, una correcta solución al tema de las autonomías sólo es posible en una perspectiva

socialista. Y esto, entre otras razones, porque el ejercicio de los legítimos derechos autonómicos no debe

hacerse incompatible con el no menos legítimo derecho a superar las desigualdades socio-económicas. En

tal sentido es preciso tener muy presente que en España la lucha contra las desigualdades tiene una

dimensión regional muy importante. Así, cuando se dice que España es la novena o la décima potencia

industrial, a veces se pierde de vista que la riqueza industrial está localizada en unas áreas geográficas

muy limitadas, mientras que en extensas regiones se vive en unas condiciones de considerable penuria e

infradotación social. Por ello, en nuestro país, el desarrollo de las autonomías no puede contemplarse

aisladamente de la necesidad de superar las agudas desigualdades inter-regionales. No es posible, por

supuesto, entrar aquí a detallar las formas concretas que pueden permitir compaginar el correcto

desarrollo de ambas exigencias políticas, que, por otra parte, pueden ser objeto de muy diverso

tratamiento, siempre que queden a salvo, tanto el objetivo redistributivo general, como el criterio de que

la riqueza nacional actual es patrimonio no de unas pocas regiones, sino de todas las regiones españolas.

Desde una óptica socialista no cabe duda de que las cosas son así, pero a los que no siendo socialistas

vean las cosas de manera diferente, hay que recordarles que la riqueza actual de algunas regiones es el

resultado de un proceso de acumulación de capital que ha sido posible gracias, entre otros factores, a: 1)

Un proceso de ventajosas interdependencias económicas durante muchos decenios con las "regiones

mercado". 2) Un intercambio comercial, generalmente desigual, con las regiones menos favorecidas, que

ha supuesto un permanente flujo de recursos y rentas. 3) Un flujo directo de capital de las regiones más

pobres a las más industriales a través de las entidades bancarias (que han invertido, por ejemplo, el ahorro

andaluz o extremeño en Cataluña o el País Vasco). 4) Una aportación directa de fuerza de trabajo de los

emigrantes procedentes de las regiones más pobres, etcétera. En suma, que la riqueza nacional ha sido

creada por todos y con el esfuerzo y el concurso de todos. Y esto es algo que no se debe olvidar cuando

"conviene".

 

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