Autor: Sotelo, Ignacio. 
   La crisis del PSOE     
 
 Diario 16.    22/11/1977.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

Jueves 22 septiembre 77/DIARIO 16

La crisis del PSOE

Ignacio Sotelo

En un momento en el que la UCD hace agua por todos los lados y acaba de pasar una de sus minicrisis en

espera de la próxima, hablar de la crisis del PSOE puede contribuir a aumentar la confusión. Con el telón

de fondo de una crisis económica en rápido deterioro y desmoronándose la concepción suarista de la

"reforma política", hay que tentarse bien la ropa antes de hablar de crisis, referida justamente al partido

mayoritario de la izquierda, que constituye la única alternativa real de poder en este país.

Es evidente que parte de la prensa ha empezado a hablar de "la crisis del PSOE", según se manifestaba la

de la UCD. De sobra son conocidos los grupos sociales y políticos interesados siempre en desacreditar al

partido socialista, pero máxime cuando se configura como el eje del nuevo Gobierno a corto a mediano

plazo. A su vez, fuerzas políticas minoritarias de derecha y de izquierda, de dentro o de fuera del

Parlamento, tienden con demasiada facilidad y harta irresponsabilidad a identificar a la UCD con el PSOE

y al PSOE con la UCD. Desde su comprobada impotencia se empeñan en no ver más que la fuerza real o

posible de los dos gigantes, que para su alivio suponen con los pies de barro. La tragedia del país

consistiría en que fuesen precisamente la UCD y el PSOE los dos grandes partidos que han salido de las

elecciones y no el propia grupito o partido.

El PSOE no es la UCD

No cabe, sin embargo, mayor falsedad que poner en parangón a la UCD con el PSOE: en común no

tienen más que el haber superado el ciento de diputados en el Congreso. Y esto es lo que algunos no

saben o no quieren perdonar. En lo demás, las diferencias saltan a la vista. El PSOE, como partido, puede

contemplar un siglo de historia; la UCD, más que un partido de última hora, es una coalición electoral

organizada e impulsada desde el poder. Mientras que el PSOE cuenta con una base organizada, un talante

moral, una tradición ideológica y unos objetivos claramente expuestos en sus congresos, la UCD se

reduce a una amalgama de las distintas tendencias políticas de una burguesía, ya en franca crisis

ideológica, sin arraigo popular ni convicciones propias, pero con intereses bien concretos que defender.

Puede lamentarse que la nave de arribistas que constituye la UCD haya desplazado a la derecha

democrática» que sí existe y con líderes políticos dignos de consideración, pero el argumento no puede

extenderse a un partido que, justamente por su tradición combativa, ha sido capaz de recoger el voto

socialista, antifranquista y democrático del país.

Había que decir lo anterior para pasar a hablar de la crisis del PSOE, encuadrándola en su propio

contexto, es decir, en el de un partido que goza del apoyo popular y que, hoy por hoy, constituye la única

esperanza fundada para salir de la crisis profunda que atravesamos. En este sentido, los problemas y

deficiencias del PSOE importan, no sólo a todos los socialistas, que son muchos más que sus militantes,

sino a todo el país, que se pregunta angustiado si lograremos escapar de la noche negra del franquismo

consolidando la democracia en la pluralidad de nuestros pueblos.

Tres crisis

Precisamente porque el PSOE tiene una organización, una ideología y basándose en ella, pretende llevar

acabo una política realista de cambio social y económico puede hablarse en rigor de una crisis de

organización, una crisis ideológica y de una crisis política en el PSOE.

La crisis de organización no radica tan sólo ni principalmente en la avalancha de afiliados reclutados en

los últimos meses, sin la debida preparación teórica o el imprescindible fondo ético, planteando esto

innumerables problemas, que la dedicación y el esfuerzo de los militantes puede ir resolviendo

paulatinamente. La cuestión de organización que hoy se plantea, y de la que depende el futuro mismo del

partido, consiste en la tensión actual entre principios democráticos de organización, consustanciales con

el partido y con el socialismo, y tendencias burocráticas que, en nombre de la eficacia, tienden a

menospreciar los mecanismos democráticos internos.

No hay contradicción entre democracia y eficacia, si la eficacia se mide por la capacidad de

transformación de una sociedad. Un mecanismo burocrático que funcione perfectamente sirve para todo

menos para promover el cambio social. Nada cambiará de sustancial si no empujan las bases, y

difícilmente podrán hacerlo sí el libre desenvolvimiento democrático lo obstaculiza el aparato del partido.

Más grave aún es la crisis ideológica. Si bien el PSOE deslinda claramente el marxismo de su

falsificación leninista, recogiendo en su seno una larga tradición de socialismo humanista, no logra

siempre diferenciarlo nítidamente de sus supuestos marxistas. Así como el leninismo no es el marxismo,

el marxismo, dándole toda la importancia que tiene, no agota el socialismo La reducción del socialismo al

marxismo, por mucho que se tilde de no dogmático, implica ya un primer acto de dogmatismo. La

aceptación de cualquier dogma ofusca el análisis de realidad —sobre cuyas consecuencias catastróficas en

política no hace falta insistir— o bien, como ocurre más a menudo, congela la teoría en pura escolástica,

campeando por su cuenta el pragmatismo más oportunista. Existe una dialéctica de mutua dependencia

entre los "marxistas revolucionarios", ajenos a la realidad, y los pragmáticos, que al considerar que no hay

más teoría que la dogmática, la desprecian en su práctica, recurriendo a ella únicamente como

legitimación de su poder.

Sin un planteamiento correcto de lo que aquí y ahora puede significar el socialismo, como alternativa real

al orden establecido, sin caer en el maximalismo dogmático ni en el oportunismo de sabor

socialdemócrata, no cabe concretar una estrategia política válida a mediano y corto plazo. La política

conservadora consiste en ir domeñando las crisis que desencadena el sistema. La política socialista aspira

a superar las crisis, cambiando paulatinamente el sistema que las origina. Y éste es el reto al que responde

hoy el PSOE. Su fuerza radica en su capacidad de discutir pública y abiertamente las raíces de su crisis,

así como las medidas que está tomando para superarla.

 

< Volver