Autor: Cueva Alonso, Justo de la. 
   La crisis de nuestro PSOE     
 
 El País.    19/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 14. 

Lunes 19-septiembre 77/DIARIO 16

La crisis de nuestro P S O E

Justo de la Cueva Alonso (*)

(Carta a un compañero marxista y revolucionario que está pensando en pedir la baja del partido)

Compañero:

Por ti estoy escribiendo este articulo que D16 me ha pedido. Porque cuando me lo ha pedido por teléfono

he dudado y primero me he negado. He dudado por dos cosas. Porque había que entregarlo a tiempo de

publicarse junto al comunicado de la reunión de nuestro Comité Federal que yo desconoceré al escribirlo.

Y porque hace unos días también me ha pedido "un" artículo el director de nuestro periódico "El

Socialista", afirmando que "El Socialista" es un cauce de la libertad de expresión en el Partido, que está al

servicio del Partido y no de la Ejecutiva. Y le he enviado un artículo con una crítica muy dura al primer

secretario ("Te equivocas, Felipe" lo titulo) y me ha prometido publicarlo en la página cuatro de la

edición del próximo viernes 23. Por esas dos cosas he dudado de la oportunidad de escribir sobre la crisis

de nuestro PSOE hoy y aquí, en D16.

Y cuando ya me había negado me he acordado de ti, compañero. Y he pensado que quizá el 23 sea

tarde, que quizá antes te hayas decidido a pedir la baja en el Partido. Y que no podía perder la

oportunidad de pedirte que no lo hagas.

¿Cuántas veces te lo he dicho, compañero? ¿Cuántas noches, cuántas tardes, cuántas largas, enroscadas y

complicadas sesiones de trabajo, cuántas reuniones cargadas de humo de tabaco y de cansancio, cuántas

prolongadas charlas peripatéticas por las calles relucientes del riego reciente no he interrumpido con un

juramento, con una imprecación, con un lamento, lanzando como último argumento, con unción, con

sentimiento, mi convicción: no te vayas, compañero. ¡Que la realidad es muy tozuda!

Llevo meses diciéndotelo, compañero. A ti y a los otros. Con algunos, demasiados, he fracasado. El

último, con Nadal, de Málaga, al que envié un telegrama solidarizándome con su postura y con su crítica,

pero instándole a que permaneciera en el Partido. Subrayándole que si la izquierda marxista y

revolucionaria abandona el PSOE asume la responsabilidad histórica de hacer posible, por omisión, que el

PSOE frustre la capacidad de ser cauce e instrumento para la revolución socialista. Y antes, con

Leopoldo, de Vigo. Y antes, con Aníbal. Y antes con... tantos otros.

Mira. La crisis de nuestro PSOE es cierta. Yo no la niego. Y no me importa que plumas bastardas que

escriben al dictado de sus amos banqueros se refolicen en ese hecho aprovechándolo para cubrir las

vergüenzas de su Frankestein UCD, que tiene una oreja liberal, la otra democristiana la nariz

socialdemócrata y las garras del SEU.

Y que, lógico, se hace pedazos cuando anda.

Compañero. La crisis, nuestra crisis del PSOE, si a alguien no debe asustarnos ni desanimarnos es a los

marxistas. Porque un marxista sabe que el movimiento es el resultado de la oposición de los contrarios.

Que el conflicto es el motor de la Historia. Que la sola idea de una sociedad, de un grupo, sin conflictos

supone hacer violencia, deformar la naturaleza humana en esta fase de su evolución. Compañero, es la

derecha la que tiene horror al conflicto y al cambio, la obsesa por el "orden", por la "paz", por la

"disciplina", por la "tranquilidad".

Mira. Hay aspectos de nuestra crisis que, siendo importantes y necesitando urgente corrección, son

secundarios. Son los achacables a los cuarenta años de la dictadura franquista y a la forma vergonzante y

cojituerta en la que estamos (aún no hemos acabado) saliendo de ella. Son los defectos de organización,

las deficiencias de funcionamiento, los errores en la preparación de las elecciones generales pasadas y de

las próximas municipales. Son también, los problemas del aluvión de recién conversos al socialismo que

hacen cola en nuestras agrupaciones como las que iban en otros tiempos a comprar la Bula de la Santa

Cruzada para poder comer carne los viernes impunemente. Son, también, compañero, los defectos tuyos y

míos, los de la difícil adaptación al aire libre de los acostumbrados a luchar en las catacumbas. Me hablas

con frecuencia y con nostalgia de los duros y ásperos tiempos de la clandestinidad, de los sueños

generosos, de las emociones profundas, de los sacrificios alegre y conscientemente asumidos, de los

callados heroísmos de la lucha clandestina. Y te suenan las tripas y te rechinan los dientes al hablarme de

las mezquinas ambiciones, de las ganas de figurar, de la rebatiña por las candidaturas a concejales.

Y yo me asombro, compañero, de que te asombres, tú que te reclamas del marxismo y de la revolución,

de que esté presente en el seno de nuestro Partido la lucha de clases. ¿Es que te olvidas del hecho grueso

de que todavía no hemos hecho la revolución? Estamos aún en una sociedad burguesa y capitalista.

Fíjate. El nudo gordiano de la crisis de nuestro PSCE es la cuestión de si va a ser —no como proyecto, ni

como declaración, sino como práctica— un instrumento eficaz para la acción revolucionaria, para la

destrucción de la sociedad capitalista, para —como dice la letra de la Internacional— hundir al imperio

burgues. A mí no me importa que el señor Pérez Llorca se escandalice —en torpe maniobra retórica— de

la resolución de nuestro XXVII Congreso, que afirma que "el PSOE propugna un método dialéctico de

transición al socialismo que combine la lucha parlamentaria con la movilización popular en todas sus

formas... conectadas con la perspectiva de la revolución socialista".

No te me alebrestes, compañero. Tienes razón, compañero, cuando rotundo, apasionado, chocas el puño

con la mano y afirmas, enfático: ¡a nosotros no nos interesa explicar la realidad, sino cambiarla! Sólo que,

¿sabes?, sólo podremos cambiarlo si la explicamos.

Mira, este país hace agua por todos los costados. Y es la gente, los trabajadores, los que están —otra

vez— pagando el pato (a la naranja) y los tirantes de la clase dominante. Ni tú ni yo, compañero, somos

revolucionaros porque sí, porque nos peta, porque nos da la gana. Somos revolucionarios porque estamos

seguros de que la sociedad capitalista está agotada como modelo y como esquema, de que sólo puede

proporcionar —como está proporcionando— carestía, escasez, fraude, especulación, estafas, paro,

carencia de escuelas, de viviendas, despilfarro de medicinas y de hospitales grandilocuentes mal

planteados y de virus ya encepados, mentiras estadísticas (como la que está costando sangre a nuestros

pescadores del Atlántico) y de las otras (como las notas "oficiales" de Martín Villa y sus gobernadores),

incompetencia y represión, alcaldes prepotentes e insolentes, ministros ausentes que son viajeros

impenitentes, en lo suyo incompetentes, en lo de los demás, pringados.

Y andan ahora proponiéndonos un "pacto social" con una mano mientras que con la otra nos amenazan

con un Pinochet o un Videla (un senador "regio" acaba de hacerlo).

Tenemos que explicarle a nuestro pueblo que todo eso pasa, y más que va a pasar, no porque hayamos

empezado a actuar los socialistas revolucionarios, sino precisamente porque no hemos empezado a actuar.

Tenemos que explicarles a los trabajadores que no podemos aceptar un "pacto social". Que sólo podemos

aceptar, si los capitalistas lo aceptan —y no tendrán más remedio si la clase trabajadora actúa unida—, un

"pacto revolucionario".

Un pacto por el que, a cambio de pagar con la apretura de nuestro cinturón la salida de este ciclo de la

crisis económica capitalista, ellos nos paguen con la entrega de pedazos de poder real para la

transformación de la sociedad, con la entrega de participación de la clase trabajadora y de todo el pueblo

en el autogobierno de sus vidas, sus necesidades y sus deseos. Con la aceptación de que su modelo de

sociedad —el capitalista— ya no sirve, no funciona, está obsoleto. Con la concesión irreversible de

determinadas facultades de control obrero de las empresas, de control popular de los barrios y de los

concejos, de la enseñanza y de la sanidad. Tenemos que, valiente e imaginativamente, trazar unos

proyectos que vayan desde un programa coyuntural de gobierno para gobernar con él si llega el caso o

para hacer sombra crítica a la actuación diaria del Gobierno, hasta un Proyecto Revolucionario Máximo

que concrete, desde nuestra visión actual y desde la anticipación prospectiva científica del futuro, las

etapas sucesivas para la firme e irreversible transformación revolucionaria de la sociedad de clases en una

sociedad que, como reza nuestro Programa, esté constituida por una sola clase de trabajadores, libres,

inteligentes y dueños de su trabajo y de su vida.

Hacer eso o no hacerlo. Hacer eso o convertirse en un comparsa, en una coartada (incluso con carteras

ministeriales), de las "soluciones" burguesas y capitalistas. Ese es el nudo clave de la crisis de nuestro

PSOE.

Para resolverla es preciso, compañero, que luches dentro del Partido. Es preciso que trabajes para lograr

que el PSOE sea, de verdad, una organización de masas, marxista y revolucionaria. No te vayas,

compañero. Te necesitamos. Piénsalo. Y recibe mis saludos socialistas.

(*) Militante del PSOE. Actualmente sometido a expediente disciplinario, en trámite.

 

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