Autor: Busquets Bragulat, Julio. 
   Democracia y fuerzas de Orden Público     
 
 Diario 16.    12/11/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 12. 

Lunes 12 - septiembre 77 / DIARIO 16

Democracia y Fuerzas de Orden Público

Julio Busquets

En las últimas semanas se han producido dos hechos, independientes entre sí, pero indicativos ambos de

la necesidad de democratizar los servicios policiales (secretos, o armados). Me refiero al hallazgo de

pruebas concretas respecto a la escucha telefónica de los líderes políticos y a la agresión de palabra y obra

al diputado socialista Jaime Blanco. Y estos dos hechos son graves, no sólo por su importancia intrínseca,

sino por ser demostrativos de unas conductas ampliamente extendidas y practicadas durante la dictadura,

precisamente por quienes debían poner más celo en el respeto a la ley. Porque la Policía, Armada o

Secreta, está precisamente al servicio de la ley, y no como se decía durante la dictadura, del orden. Por

ello es preciso reconvertirla, ayudarla a reencontrarse de nuevo consigo misma, en una palabra

"democratizarla", entendiendo por tal "el hacerla respetuosa con la democracia".

Porque todos los Estados, todos los países necesitan tener una buena Policía, que se identifique con ellos

y que imponga sus decisiones a quienes, debiendo aceptarlas, se nieguen a hacerlo. En efecto, de nada

sirven unas Cortes que legislen y un poder judicial que resuelva los problemas que surjan en la aplicación

de las leyes, si tras ellos no existe un poder capaz de imponer sus decisiones incluso a quienes no las

quieran aceptar. Por eso no es cínica, sino tristemente cierta la frase de que detrás del pomposo ropaje de

las pelucas y las togas están los porros, las porras y las pistolas.

Conviene puntualizar que esta afirmación no implica una loa del autoritarismo (pues es mejor educar,

convencer, que coaccionar, imponer), sino la simple constatación de una clara realidad sociológica en la

que es concorde la opinión de todos los sociólogos y politicólogos, incluidos los más claramente

democráticos —y sin más excepción que los anarquistas—, ya que todos afirman que el consentimiento y

la coacción son los dos factores del poder y que los dos son necesarios, en alguna medida, para que exista

la comunidad política.

La politización de las Fuerzas Policiales

El poder, como es sabido, reside a última instancia en las Instituciones Armadas del Estado: en los tres

Ejércitos, o Fuerzas Armadas en sentido estricto, y en las Fuerzas de Orden Público. Sin embargo, entre

estos dos tipos de Instituciones existe una notable diferencia: las Fuerzas Armadas tienen como misión la

defensa de la comunidad frente al enemigo exterior, y si bien es frecuente que se les asigne también la

defensa del Régimen político (que en las democracias se concreta en la Constitución), esta misión

lógicamente será secundaria, añadida. Por ello, las F. A. S. podrán en alguna medida mantener cierta

independencia del poder político; independencia que nunca será plena, porque todo Régimen sabe que su

supervivencia exige la lealtad de sus generales y por tanto intenta vincularlos a él. Pero como la

vinculación es sólo parcial y relativa, los cambios de Régimen político no suelen afectar globalmente a las

F. A. S., salvo algún caso excepcional. En España, concretamente, sólo en 1824, cuando Fernando

VII disolvió al Ejército, porque había apoyado masivamente el liberalismo.

Por el contrario, las organizaciones policiales (dentro de las cuales incluimos a las F. O. P.) existen para

imponer las decisiones del poder político (en las democracias el imperio de la Ley) y si bien pueden ser

usadas contra enemigos exteriores, tal misión —también en ellas— será secundaria, añadida.

Consecuencia lógica de ello es una mayor identificación de las Fuerzas Policiales con el Régimen Político

que en las organizaciones militares. Por eso, cuando en un país el Régimen cambia, las organizaciones

policiales suelen quedar mucho más afectadas, pues si en el Ejército basta con retirar a algunos generales

cuya vinculación con el Régimen anterior es pública y notoria, en las policías —sobre todo en la policía

política— los cambios suelen ser mayores. Un ejemplo extremo, pero especialmente ilustrativo, fue lo

ocurrido con la famosa P. I. D. E. portuguesa después del 25 de abril. Análogamente, en España, después

de la guerra civil, fueron disueltos, posiblemente por considerarlos vinculados al anterior Régimen, tres

de los cuatro Cuerpos de F. O. P. entonces existentes: los Guardias de Asalto, que habían sido fundados

precisamente por la República; los Carabineros, que fundados por Rodil en 1829 para dar empleo a los

oficiales separados del Ejército por liberales, siempre mantuvieron esta tradición, y las Escuadras de

Cataluña, popularmente llamados Mozos de Escuadras, que quedaron reducidos a una guardia simbólica

en la Diputación. Sólo la Guardia Civil sobrevivió al cambio político. Para hacerse cargo de las misiones

de los Guardias de Asalto se creó, con hombres fieles a la nueva ideología, un Cuerpo nuevo: la Policía

Armada.

Por el contrario, en las democracias, la Policía (Armada o Secreta) existe simplemente para reprimir la

delincuencia, ya que en estos Regímenes, al ser lícitas todas las opciones políticas, los delitos políticos

difícilmente existen; y siendo la Policía una prolongación del poder judicial, de él depende.

Las Fuerzas de Orden Público, ante la naciente Democracia

Después de la guerra civil, los dos Cuerpos de Orden Público, pero más especialmente la Guardia Civil

(que en las zonas rurales se ve obligada a asumir todas las funciones policiales, mientras la Policía

Armada se limita a los que le dan nombre, cediendo el resto al Cuerpo General), se vieron obligados a

desempeñar enojosas misiones represivas en favor de la dictadura (Carmona, El Ferrol, Vitoria,

etcétera..., casos Téllez, Amparo Arangoa, etcétera...). Y estos tristes sucesos perjudicaron el tradicional

prestigio del Instituto, sobre todo porque no se informó a la opinión pública de las sanciones impuestas a

los culpables, en contra del espíritu del hermoso artículo 8.º del Reglamento para el Servicio de la

Guardia Civil, en el que se dice: "Será un pronóstico feliz para el afligido, infundiendo la confianza de

que, a su presentación, el que se crea cercado de asesinos se vea libre de ellos; el que tenga su casa presa

de llamas, considere el incendio apagado; el que vea su hijo arrastrado por la corriente, lo vea salvado."

En consecuencia, es preciso realizar la necesaria adecuación de los servicios policiales, sean armados o

civiles, a fin de lograr su total identificación con la nueva democracia. Esta tarea, lógicamente ardua y

compleja, debe abarcar múltiples facetas, entre las que —sin ánimo de ser exhaustivos— podríamos

sugerir las siguientes:

1. Poner los Cuerpos policiales bajo la dependencia del Ministerio de Justicia para la represión de la

delincuencia, y de las autoridades políticas locales para el mantenimiento del orden público, ya que

quien mejor conoce estas necesidades es el poder local y no el Gobierno central. En consecuencia,

desaforar a las F.O. P., ya que al desaparecer su vinculación al Ministerio de Defensa no tiene sentido el

que sus miembros queden sujetos al Código de Justicia Militar. Los miembros de las F. O. P. deben

ser funcionarios civiles, lo mismo que en todos los países democráticos del mundo. Ello, además,

repercutiría beneficiosamente sobre el Ejército, que se libraría del penoso deber de tener que formar

Consejos de Guerra contra ciudadanos que desobedecieron alguna orden de un guardia civil o policía

armado.

2. Establecer cauces de colaboración entre los nuevos dirigentes políticos (del Gobierno y de la

oposición) para posibilitar la reeducación ideológica de unas Fuerzas sobre las que la dictadura realizó

una deformación política sistemática. Este acercamiento permitiría una desmitificación de los

partidos de izquierda, que hemos sido sistemáticamente presentados a estas Fuerzas como sus

enemigos, cuando lo cierto es todo lo contrario, que deseamos el acercamiento y colaboración con

ellos. Por eso LOS VERDADEROS RESPONSABLES de hechos como el de Santander NO

SON LOS POLICÍAS, que son meros ejecutores, sino quienes, desde altos puestos de

responsabilidad, durante cuarenta años se han esforzado por deformar su pensamiento.

3. Seleccionar para los puestos de mayor responsabilidad (lo que en la Policía Armada es fácil al

poderse hacer entre los oficiales del Ejército) a mandos que una gran ecuanimidad y competencia, con

una ideología democrática acorde coa los principios que en forma clara ha manifestado casi todo el

pueblo, y en los que es concorde el parecer del Gobierno y de la oposición. Y comenzar devolviendo el

mando de sus Unidades a aquellos que fueron separados del mismo precisamente por su conducta

pro democrática.

4. Por último —aunque sea doloroso, es totalmente necesario— separar de la situación de actividad a

quienes participaron en actos delictivos (incluso desde la legalidad franquista), como es la tortura. El

que sigan vistiendo el uniforme quienes así obraron es un auténtico deshonor que no se puede tolerar. La

Ley rige para todos y las F. O. P. deben ser uh ejemplo de su estricto cumplimiento.

Esperemos que estas y otras medidas en breve se tomen y que las F. O. P. vuelvan a ser no sólo

respetadas, sino auténticamente queridas por todo el pueblo, como en aquellos tiempos en las que la

gente, cuando veía un uniforme verde, espontáneamente gritaba: "¡Viva la Guardia Civil!"

 

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