Autor: Sotelo, Ignacio. 
   Gobierno de concentración     
 
 Diario 16.    16/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

Gobierno de concentración (2)

Ignacio Sotelo

La lógica de la demanda comunista de un Gobierno de concentración se basa en una ficción: equiparar la

actual "reforma política" con un periodo netamente constituyente. Desde los supuestos constituyentes, un

Gobierno de concentración resulta tan natural como es absurdo desde el horizonte reformista en que se ha

planteado y se está llevando a cabo la transformación política del país. Reconociendo los hechos como

son —en política, nada más peligroso que las ficciones—, la izquierda, en vez de proponer Gobiernos

ilusorios, a lo que está obligada es a acelerar la elaboración de la Constitución, para que lo antes posible

funcionen mecanismos democráticos en el nombramiento y destitución del Gobierno, así como en la

fiscalización de su gestión. Pero una vez entrados en esa etapa ya cabalmente democrática, han

desaparecido las razones formales constituyentes en favor de un Gobierno de concentración. La

delimitación clara de Gobierno y oposición no sólo parece consustancial con la democracia, sino que es

exigencia fundamental en sus inicios. Mala cosa sería inaugurar la democracia parlamentaria eliminando

la dialéctica Gobierno-oposición, con un Gobierno de concentración que apoye todo o la mayor parte del

Parlamento.

Propugnar un Gobierno de concentración en virtud de la grave crisis económica y social que atraviesa el

país se apoya en otra ficción —la posibilidad de una política económica por encima de las

contradicciones y antagonismos da clase—, que hay que desenmascarar como lo que es: una ficción

duramente derechista. El PC debe dar a conocer su programa concreto para enderezar la crisis, y si lo ha

concebido desde la perspectiva de los intereses de la clase que pretende representar, aunque sea muy

parcialmente, no es difícil pronosticar que no encontrará aliados en la derecha. Si, por el contrario, el PC

piensa que en las actuales circunstancias no hay alternativa real a la política tradicional de superación de

crisis —congelación de salarios, disciplina laboral, facilidades a la inversión, ahorro en el gasto público,

etc.—, entonces no se ve muy bien cuál puede ser el papel de la izquierda en ese Gobierno, como no sea

el de legitimar y dar un aire izquierdista a una política francamente conservadora.

Sabido es que la superación de la crisis depende muy fundamentalmente de las expectativas que tengan

los empresarios, y que éstos no invertirán si no divisan un horizonte despejado. En este sentido, el actual

Gobierno no es, desde luego, el mejor para infundir confianza. No cabe duda que el país necesita un

Gobierno fuerte, con claro apoyo parlamentario, que sepa lo que hay que hacer y cómo, para que el

empresario recobre la confianza y sepa a qué atenerse. Lo que ya es completamente falso es que ese

Gobierno fuerte que necesita el país sea un Gobierno de concentración, con participación de toda la

izquierda, incluido el PC. La presencia de los comunistas en el Gobierno, lejos de tranquilizar los ánimos,

pudiera muy bien abonar el miedo empresarial, iniciándose una situación caótica de sálvese el que pueda,

que pondría en aprietos muy serios a la democracia todavía no estrenada.

Pero lo más peligroso de este Gobierno de concentración es que si fracasara, y he anunciado algunas

razones para prever su posible fracaso, el país y la democracia quedarían sin solución de recambio. Los

Gobiernos de crisis que no superan la crisis desencadenan la crisis definitiva.

Si por Gobierno de concentración entiende el PC únicamente un Gobierno de coalición UCD-PSOE, la

construcción no puede ser más desgraciada. Teniendo la mayoría, y por tanto la última palabra la UCD, el

PSOE se vería arrastrado a una política tan ineficaz —ya se está viendo lo que la UCD da de sí— como

impopular, que afectaría muy decisivamente a su implantación en las masas. Si por milagro esta coalición

fuere capaz de superar la crisis, el mérito sería de la UCD, habiendo contribuido el PSOE a su

robustecimiento y consolidación. Si fracasara, entonces saldría apaleado y completamente desacreditado

el partido mayoritario de la izquierda.

El "surrealismo" de Carrillo

Al confundir España con Italia y traducir "compromiso histórico" por "Gobierno de concentración" se

comprende que al señor Carrillo le parezcan muchos de los políticos y de las instituciones de este país

"surrealistas". Confiemos en que al ir integrándose en el "surrealismo nacional" irá elaborando una

política que parezca realista a sus conciudadanos. Tomando en cuenta los problemas que tiene planteados

este país y las circunstancias en que nos hallamos, el único surrealista que conocemos es el señor Carrillo,

al pedir algo tan surrealista como un Gobierno de concentración. Y esto le hace francamente simpático,

también hay que decirlo.

 

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