Autor: Prat García, José Diosdado. 
   Sobre la unidad socialista     
 
 Diario 16.    06/09/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

Sobre la unidad socialista

José Prat *

La palabra unidad tiene casi un valor mágico. Desde las meditaciones de los filósofos a los empeños de

los hombres de acción, la unidad se impone como concepto fundamental. Por algo será, sin duda, aunque

se le acerquen en seguida con todo derecho las categorías de variedad y la ya más difícil de la armonía.

La historia moderna del socialismo y el movimiento obrero no ha logrado, por cierto, a pesar de buscarlo

siempre, el triunfo de la unidad, con la fórmula casi dogmática de que la unión hace la fuerza. Las rutas

distintas del anarquismo y el socialismo y, más tarde, del socialismo y el comunismo, rompieron la

unidad obrera postulada, e históricamente, de manera insalvable.

Para el socialismo, que puede en gran parte localizarse en la Europa central y occidental y en Argentina y

Chile en cuanto a Sudamérica, la idea esencial de la unidad como supuesto de la acción eficaz se ha

mantenido siempre.

Esta unidad se rompió en 1972, que era cuando estaba ya cercana la transformación política, inevitable al

término del régimen personal. Desde luego, los directivos de las dos ramas, que se separaron en 1972,

nunca han dejado de postular sinceramente el propósito de la reunificación socialista. No poca

información se ha divulgado con el estudio pormenorizado de las hasta ahora infortunadas gestiones para

la reunificación.

Un llamamiento de los "históricos"

Generosa ocurrencia de mis compañeros de partido que me llevaron a su presidencia en el Congreso

celebrado en Madrid en octubre del año pasado. A los pocos días hicimos un llamamiento, acordado por

la Comisión ejecutiva, para la urgente unidad de todos los socialistas. Allí decíamos: "Honesto clamor

nacional se escucha procedente de la opinión pública de cualquier signo con esta apremiante exigencia:

deben unirse los socialistas. El panorama de la multiplicidad de grupos extraña y desalienta a amplia zona

del pensamiento político nacional. Siempre la opinión no organizada en partidos ha tenido formidable

fuerza en la política de todos los países. Aquí y ahora, mucho más. Fácil es advertir los motivos, entre

otros, el advenimiento de la joven generación, llena de fervor y ansia de luminosa alegría en el nuevo

capítulo de la historia de España, el cual se está desarrollando con hondo sentido de prudencia e

integración."

Los socialistas y las elecciones

Dentro de estas ideas para antes y para después de las elecciones, no he omitido esfuerzo de posible

fortuna para procurar la unidad socialista, deber ineludible de la propia representación que los

compañeros me otorgaron. Antes de las elecciones hubiera sido singularmente valioso el buen éxito de la

unificación y no es inoportuno citar aquí estas palabras recientes de la declaración del Comité Federal del

PSOE (que algunos llaman "renovado" y renovarse no está nada mal): "...aunque el voto socialista ha

estado claramente orientado y la relativa dispersión de algunos votos socialistas, en valores absolutos,

puede considerarse reducida, sin embargo podían haber mejorado los resultados electorales de no haberse

producido, dándole al socialismo una fuerza parlamentaria más decisiva de la que actualmente

dispone......" Valioso juicio, que viene a dar la razón a los que pedíamos la inmediata unidad socialista en

octubre del año pasado y la procuramos con gestiones no afortunadas desde enero hasta estos días del

presente año.

Andrés Saborit, en España

La personalidad de Andrés Saborit, vencedora de achaques de edad y de los infortunios y dificultades de

setenta años de historia socialista, representa por si sola un mandato espiritual que se impone a los

socialistas de hoy, en recuerdo de los del pasado y para cumplir su papel en el presente y en el futuro, de

la incorporación del socialismo que se siente heredero de esa tradición a un solo partido con su título

grabado desde hace casi un siglo en el corazón y en la mente de la clase trabajadora española, entendida

esta frase al modo amplio que le corresponde. Desde su llegada a Madrid, ajeno a todo empeño de

publicidad, pero siendo por sí solo noble y significativa noticia, no ha dejado de clamar y advertir, con su

habitual independencia de juicio y vigor y claridad de las palabras, de la urgencia de esa indispensable

unidad.

Acudimos a él, le expresamos nuestra esperanza en el poder de su razón y de su prestigio y escuchó

a todos los que fueron a verle, y como el más modesto compañero, pero con la misma energía de su

palabra de hace más de medio siglo, recogió hechos; advirtió o señaló ideas claras, útiles y hacederas,

bajo el principio de que las ideas están por encima de los hombres. Lo que, por otra parte, ha dicho a

todos los que han ido a verle y a los periodistas, sus jóvenes compañeros de profesión, y con esa

confianza que el compañerismo lleva consigo.

Nuestra actitud

Mis compañeros de Ejecutiva, Juan Francisco Aguado, José Caules y Manuel López del Castillo,

compartían en lo ensencial mis puntos de vista de unidad inmediata, según las normas sencillas e

impregnadas del mejor compañerismo, que surgieron de las conversaciones de Saborit y que pueden

resumirse en la concentración de las dos ramas del partido en término breve, sin desigualdades ni

discriminaciones, con reconocimiento de la antigüedad y el tácito y explicable propósito unánime de

trabajar todos en el servicio de las ideas.

Deberes propios y ajenos

Al deber, que es como un postulado inevitable, de lograr la unidad, se agregaba el motivo de prolongar

posibles y estériles pugnas; privar a las ideas del servicio de compañeros por una u otra razón alejados;

contribuir al fotalecimiento del partido democrático de más clara personalidad como tal en las Cortes, sin

duda Constituyentes, sin contar los debates que el país demanda de todos nosotros, por modesta que sea

nuestra colaboración, en momentos tan decisivos que exigen disciplina cívica, responsabilidad social,

perspectivas de progreso, integración democrática auténtica y serena audacia para enfrentarse con la

situación social, política, cultural y económica del país, lo cual importa, no sólo a España, sino a muhos

países como los hispanoamericanos, que nos quieren de veras, y a esta hábil, experimentada Europa,

incorregible a veces y galleando siempre (lo que no es alusión a mi admirada Francia).

(*) Ex presidente del PSOE histórico

 

< Volver